España según San Pablo (Casado)

España según San Pablo es fundamentalmente libre. Y la libertad lo impregna todo. Por eso el vídeo de presentación podría ser un anuncio de Ikea con ropa de El Ganso

Foto: Pablo Casado en la clausura de la Convención Nacional del PP. (EFE)
Pablo Casado en la clausura de la Convención Nacional del PP. (EFE)

A Alberto Núñez Feijóo el jersey de cuello vuelto le quedaba como a Bradley Cooper el traje blanco que llevó en los últimos Globos de Oro: manifiestamente mejorable. Pero era domingo, la convención del PP tocaba a su fin y la familia popular sacó su fondo de armario casual para escuchar al jefe en Ifema. Una reunión que constata algunas verdades, como que la derecha tiene más pelo y una tendencia irresistible por los colores tierra y por la ausencia de estampados, y que existen las mismas posibilidades de encontrar a una mujer con pelo corto como las mías de ser top model.

En el pabellón, con la calefacción puesta a tope, una banda de música recibía a los asistentes. Con una música que como resumió mi colega Rafa Méndez era una mezcla perfecta de Juego de Tronos y Piratas del Caribe. Así recibieron a la cúpula los pupilos populares, con gritos de presidente, aplausos y mucha foto y vídeo con el móvil.

Casado y Aznar se saludaron (se han dado más abrazos en los últimos meses que yo a mis hijos) y sus respectivas se besaron. En esa escena una deseó la aparición de Jesús Puente cuando hacía aquello de 'Su media naranja' y decía lo de “Señoras, al jardín”. Pero no hemos venido a estereotipar. No demasiado.

El Partido Popular nos ha querido decir en esta reunión de tres días algo así como que si te puedes permitir un Prada para qué te vas a agenciar una copia resultona procedente de Arteixo. Que la verdadera derecha es la de la calle Génova esquina Zurbano, que qué es eso de la derechita cobarde, que no tienen complejos, que no son los que un día se levantan socialdemócratas, meriendan liberalismo y se acuestan como convenga.

España según San Pablo (Casado) es fundamentalmente libre. Y la libertad lo impregna todo. Por eso el vídeo de presentación podría ser un anuncio de Ikea con ropa de El Ganso y olor a libertad que acaba con dos manos haciendo un corazón.

Si no fuera porque el presidente del PP es insultantemente joven apostaría 10 a 1 a que el presidente de Nuevas Generaciones es hijo suyo

Si no fuera porque el presidente del Partido Popular es insultantemente joven, apostaría 10 a 1 a que el presidente de Nuevas Generaciones, el primero en hablar, es hijo suyo. Diego Gago habla igual, se viste igual y dice cosas deliciosas y apenas escuchadas, como que el inquilino de La Moncloa está “entregado, arrodillado y claudicado” ante los separatistas, golpistas y populistas. Mientras, Casado daba las gracias, una palabra que repitió más veces que palabras tiene este artículo.

El señor que tengo al lado ha venido mucho mejor preparado que yo para aguantar esta jornada y su olor a copazo es evidente. Se ha hecho un selfie con Aznar y, mientras habla Pío García Escudero (al que el Altísimo no ha llamado para el carisma) manda la foto a algunos de sus contactos por whatsapp con el siguiente mensaje: “Un fuerte abrazo. Viva España”. Al rato desaparecerá para siempre de su asiento. Empatía absoluta hacia él. También envidia por poder escaquearse.

Pero lo bueno estaba por llegar, que no era, ni mucho menos, Pablo Casado. Era la hora de Don Juan Manuel Moreno Bonilla, con un subidón similar al que sentiría Reguilón si marcara el gol de una final de Champions. Porque Juanma es presidente. “¡Y qué bien suena!”, gritó. Y todos le aplaudieron. Juanma se había tomado un Red Bull y se vino arriba. Si yo he podido, cómo no vais a poder, amics. Eufórico, quiere a todo el mundo, como Naty Abascal. Recordó a Aznar y a Rajoy, que a esas horas estaría tomándose un vermú con aceitunas.

Mientras, Aznar estaba a punto de dormirse y Ana Botella aplaudía sin ganas. Todo lo contrario que el respetable cuando se citó al último presidente del Gobierno del PP. El aplausómetro ha hablado, Ferreras, Ifema es de Mariano. Moreno Bonilla les llama ‘Negociators’ a Maroto y García Egea, risas en la sala. Mientras, a eso de las 12:20 de la mañana, uno de mis vecinos de asiento susurró a sus compañeros: “0-0 en el descanso”. Y llegó el gran momento, el momento Casado.

Según el video de presentación, acaricia perros y caballos y se reúne con señores. Yo misma podría ser Pablo Casado, pero no tengo 37 años ni presido el Partido Popular. Salió contento, mencionando de nuevo al triunfador de la semana. “Es increíble, ¿verdad, Juanma?”, dice. Parecían Maverick y Goose en Top Gun, amigos para siempre, justo después de ligarse a la capitana del equipo de animadoras.

Pero Casado no midió los tiempos, en el sentido más literal del término. Un discurso largo, pesado y cargado de chascarrillos con citas a Churchill y Ortega (cómo no). “Menos PP es menos España y menos PP es más Otegi”; “Algunos quieren ser grandes y hacen política pequeña”; “Populismo rancio bolivariano”, como si no hubiera otros, “nada más progresista que defender a la familia”.

Estábamos echando de menos a Moreno Bonilla. Si aquello era una fiesta ibicenca, el presidente de la Junta era Pocholo Martínez-Bordiú. Si era ‘Sensación de Vivir’, Casado es que tu novio sea Brandon Walsh cuando a ti quien te pone es Dylan. “¡Gol en el último minuto!”, escucho. Mi asiento se tambalea por unos momentos. “El Estepona acaba de marcar”.

Ideas ligeras
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