Anatomía de un chico Telva

Pablo llevaba unas semanas abusando del batido de proteínas. Soltando perlas, alguna que otra bravuconada, abascalizado perdido. Y ese no es el Pablo que conocimos

Foto: El presidente del PP, Pablo Casado. (EFE)
El presidente del PP, Pablo Casado. (EFE)

Pablo Casado ha dado una entrevista a la revista 'Telva'. Tan sorprendente como que en Galicia se come divinamente, en primavera florecen las alergias, Muñoz Molina vuelve a escribir sobre ciudades en las que ha vivido y un perro ha mordido a un señor.

Una, con el colmillo torcido desde que tiene uso de razón, hubiera deseado otro tipo de entrevista. Un reportaje en el que Pablo e Isabel, quizá futuros inquilinos de la Moncloa, destaparan otras esquinas menos previsibles de sus vidas. Un cuestionario 'hot' de 'Cosmopolitan', un despliegue de lujerío en 'Vanity Fair', una portada de '¡Hola!' que incluyera visita a Buckingham patrocinada por Porcelanosa.

Pablo llevaba unas semanas abusando del batido de proteínas. Soltando perlas, alguna que otra bravuconada, abascalizado perdido. Buscando el voto desesperadamante, luchando contra las 'fake news', echándole Fairy al partido para acabar con el marianismo. Arrasando, que cantaba Thalía. Y ese no es el Pablo que conocimos.

Por eso, en el número de abril de la revista, Pablo ha vuelto a ser Casado. Se ha ido al campo con su familia hecho un pincel. Encabeza una unidad familiar formada por gente rubísima, vestida de tonos tierra, paritaria. En una de las fotos, arropa con un chal a su esposa, todo un detalle. Ella sonríe y agradece, porque ya se sabe que las chicas de derechas tienen frío hasta en agosto.

Tiene Casado la suerte del conservador de toda la vida, que busca y encuentra una mujer discreta, callada —'patriota'— mientras él despliega las alas del liberalismo 4.0 en su camino de baldosas azules. Confiesa que ya en séptimo de EGB le hicieron leer libros de ideología en un internado en Londres y eso hizo que empezara a interesarse "por el mundo de las ideas".

Le han dicho a los niños que papá está en un concurso y por eso tarda tanto en llegar a casa. Pablo desayuna con ellos cada día menos los miércoles, porque tiene pleno en el Congreso. No te lo perdonará jamás, Sánchez. Los lleva a un colegio concertado y mixto. La pareja es de las que siempre saludan, siempre sonríen, van a ARCO porque son "unos apasionados del arte contemporáneo". Él es un friki de las revistas de motor, tanto que si le encierras en Desguaces La Torre te hace el inventario en una tarde.

Bebe agua del tiempo porque tiene que cuidarse la garganta en campaña, besa a sus hijos cuando se le acercan, mira con arrobo a su mujer para reafirmar lo que le gustó de ella. Dice que cuando la conoció le dijo: "Tú vas a ser la madre de mis hijos". Ella rio ante tal atrevimiento y dice que le pareció "muy gracioso". Menos mal que entonces no estábamos tan pesados con la corrección política, porque nos habríamos perdido esta historia tan feliz.

En esta vida se puede elegir ser chica Almodóvar o chica Telva. La chica Almodóvar de Sabina que le vende al 'Garbo' sus secretos de alcoba y se pone de luto por un matador. "Y no permitir que me coman el coco, esas chungas movidas de croatas y serbios, ir por la vida al borde de un ataque de nervios, con faldas y a lo loco". O las chicas Telva de Umbral, "todas folladísimas entre la misa de una en Los Jerónimos y el mojito en Embassy". También se puede ser un poco las dos.

Pablo, en cambio, ha escogido ser chico Telva, del que no dijo nada Umbral pero que tiene pinta de parecerse mucho a él. Previsible, correcto, el chico bueno del hemiciclo, quizás aburrido. Delegado de clase, cede el asiento en el autobús, lleva botella de vino y pasteles a las cenas en casas ajenas. Siempre planchado y afeitado, perfume Loewe, chaqueta Scalpers, si acaso un colorín en los calcetines. Aznar, Suárez y Churchill. Lector, melómano, padre entregado, de los que le dan la mano a su mujer así pasen los años. Tinto en las comidas, un gintónic muy de vez en cuando. Amigo de sus amigos, Real Madrid, toros, gastronomía, gastrobar y procesión.

Esta era la semana de la vuelta de un Pablo apellidado Iglesias. Pero se le ha adelantado el que se apellida Casado. Ha vuelto. Ideal. Estupendo. El de siempre. ¿Presidente?

Ideas ligeras

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