Mañana de domingo y votos: tres barrios entre las dos Españas

A eso de las doce en alguna de las mesas ya ha votado el 30%. Los interventores creen que el ritmo de votos aumentará tras la salida de misa. Misa, voto y aperitivo

Foto: Un colegio electoral en Madrid. (Reuters)
Un colegio electoral en Madrid. (Reuters)

Son las 9:30 de la mañana. En la entrada del Instituto Ramiro de Maeztu hay una banderola en la que Pedro Sánchez pide el voto para el PSOE. En la puerta del mismo instituto donde jugó al baloncesto y donde esta mañana decenas de niños hacían lo mismo. Pero dentro, la película es otra. Cantaba Sabina que al lugar donde fuiste feliz no debieras jamás volver. Lamento decirte, Sánchez, que aquí parecen quererte poco.

“¡Los del partido animalista ya hemos votado!”, grita un treinteañero con la bandera de España colgada al cuello a modo de capa. El chaval que entra a la vez que yo en el colegio electoral le ríe la gracia. Se llama Javier Suárez, lleva un jersey de Carolina Herrera y es apoderado de Vox. Dentro, le esperaban cinco compañeros más. “Me he leído el libro de instrucciones. Tranquilas, que no vamos a liarla”, explica a la que escribe y a Esperanza, una apoderada de Unidas Podemos.

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El ambiente es digno del madrileño distrito de Chamartín, muy cerca de la lujosa colonia de El Viso y de las mansiones donde, según la leyenda urbana, viven Florentino Pérez y Francisco González. Familias rubísimas, de ésas que se reproducen para alegría de Pablo Casado. Un par de sacerdotes, ancianas perfectamente cardadas con sus cuidadoras latinoamericanas. Planchados, aseados y guapos, estrenando ropa quizá. El apoderado de Ciudadanos, con ortodoncia invisible, esquiva mis preguntas. Los del PSOE y Podemos tienen más ganas de hablar. A esa primera hora hay un buen número de votantes, de esos que no han perdido pelo y carecen de ojeras. Lo que hace comer buenas carnes rojas, que diría mi amigo Miguel.

Una monja acude a votar a un colegio madrileño. (Reuters)
Una monja acude a votar a un colegio madrileño. (Reuters)

Hay cierto optimismo, quizá esperanza, en el bloque de la izquierda. Irrumpe una de las apoderadas de Vox, con una maravillosa y rizadísima melena pelirroja. “¡Alguno se la va a pegar y lo sabéis!”, dice. Hay una exquisita educación entre todos, a pesar de sus evidentes diferencias ideológicas. También en los que acuden a votar. “Más educados que los líderes”, explica una de las apoderadas del partido de Pablo Iglesias. Son las diez de la mañana y no quiere que ese instituto “sea mancillado” con los votos de la derecha. Me temo que a su líder le quieren tan poco como al que jugó al baloncesto en la cancha de al lado.

Salimos del Ramiro. El autobús baja por una calle Serrano aún casi vacía. Algunos niños juegan en los columpios cercanos a El Corte Inglés. Las tiendas abren a las doce. Como las iglesias. Los dos templos del barrio de Salamanca. A las once de la mañana huele a pan en Lavapiés. En alguna esquina, el aroma se mezcla con el de la marihuana. Hay bastante gente en la calle, también algo de basura. Escucho idiomas que no entiendo. Las terrazas junto al mercado de San Fernando están abarrotadas. Mujeres en tirantes y gafas de sol, bandas de colores en el pelo.

Las tiendas abren a las doce. Como las iglesias. Los dos templos del barrio de Salamanca

El CEIP Santa María está tan abarrotado como su vecino más famoso, el Rastro. En la entrada fuman tres apoderadas de Ciudadanos; dentro, charlan animadamente un apoderado de Vox con otro de Unidas Podemos. Otro prejuicio roto. Mi carné de prensa pone a la defensiva al primero. “No pienso darte declaraciones”, afirma rotundo. Le tranquilizo diciendo que ya he hablado con otros de sus colegas en el Ramiro. Lleva una riñonera, juraría que falsa, de Prada.

Los apoderados del PSOE y del PP disimulan como pueden la intranquilidad, especialmente los primeros. “Para ser barrio, están bajando mucho las papeletas de Vox”, murmuran preocupados. En ese momento entra decidido el actor Hugo Silva y su novia a votar. Podría retirarme ante semejante gran belleza, pero este ejercicio de cosificación es impropio y poco profesional. Marcho a los Salesianos de Atocha.

Allí también hay buen ritmo de participación. A eso de las doce en alguna de las mesas ya ha votado el 30% del censo. Los apoderados e interventores creen que el ritmo de votos aumentará tras la salida de misa. Misa, voto y aperitivo. Casi como cualquier domingo.

Cuentan que a primera hora de la mañana una interventora del PP llegó tarde y le impidieron ejercer su papel. Protestó enérgicamente pero acabó aceptando su destino y se marchó. Han protestado porque algunos de los apoderados de Vox llevan carpetas con el lema: “Por España”. Pero los representantes del Ministerio del Interior les aclaran que “si es en DIN A4 (tamaño folio) y no pone la palabra ‘vota’” lo pueden llevar.

“Sabemos el techo que tenemos, pero los medios habéis hecho mucho al respecto. Aún no he visto a ninguno criticar a Rivera”, explica uno de los apoderados morados, que también es periodista. Dice que la Justicia sigue siendo un melón por abrir, que si de verdad los que van a misa hicieran caso a lo que les dice Cristo votarían a Pablo Iglesias. Huele a desánimo más que a pan recién hecho.

En unas horas, sabremos realmente qué sale del horno.

Ideas ligeras
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