Despedidas y despidos

Treinta años pasando la tarjeta por los mismos tornos, y de repente pasas de activo a pasivo, de pasivo a prescindible, de prescindible a invisible

Foto: Sede del PP en Génova. (EFE)
Sede del PP en Génova. (EFE)

Los Juzgados de lo Social de la plaza de los Cubos en Madrid estaban ayer a rebosar. Subí en un ascensor con más personas de las permitidas. Letradas con toga, testigos vestidos de Quechua, abogados con gomina. Mochilas, maletines y bolsos de señora. Yo declaraba como testigo en un caso de despido.

Sentada en la sala de espera, leí que el PP había decidido prescindir de seis trabajadores fijos del Congreso y del Senado. El descalabro del 28-A (por mucho que ahora intenten amortiguar el golpe Martínez-Almeida y la desaparecida Díaz Ayuso) les ha mermado el presupuesto y dejarán de ingresar unos 8,5 millones de euros. Así que han decidido cortar cabezas. Como el caso por el que yo estaba en los juzgados. Pero una cosa son los despidos y otra las chapuzas.

Llevas trabajando años para la misma empresa, esta ve adelgazar las arcas y las urnas, y te conviertes en un perfecto desconocido. Treinta años pasando la tarjeta por los mismos tornos, digiriendo ese maldito café de la máquina de 'vending' que parece llevar uranio, viendo distintas caras pero con las mismas ideas. Y de repente pasas de activo a pasivo, de pasivo a prescindible, de prescindible a invisible.

Victorias, derrotas, egos, puñaladas y trepas, oportunistas, buenas personas, indeseables y cobardes. El trabajo, como la vida. Y llega un día en el que deciden que alguien tiene que pagarlo, y vas a ser tú. Desapareces y te diluyes como aspirina efervescente para los que te han pagado la nómina. Solo les falta, antes de darte el portazo, preguntarte quién eres y a qué te dedicas. Como en las primeras citas antes de las redes sociales.

En el caso del PP, la ingeniería financiera que ya conocíamos gracias a la sede en 'black' ha dado paso a la creatividad en Recursos Humanos

En el caso del PP, la ingeniería financiera que ya conocíamos gracias a la sede en 'black' ha dado paso a la creatividad en el departamento de Recursos Humanos. Ha convertido a los trabajadores fijos en eventuales, detalle que les deja apenas cuatro años de antigüedad y una rebajita en la indemnización del 96,5%. Del casi un millón de euros a 37.000. Vamos, lo que gana Cristiano Ronaldo mientras usted y yo nos lavamos los dientes.

Mientras esperábamos a que la funcionaria nos llamara, le manifesté al abogado del caso mi firme convicción en lo que estaba haciendo. Mi disposición a contar la verdad hasta tal punto que iba a servirme de respuestas como “no me consta”, tan habituales en juicios de telefilmes de sobremesa y polígrafos del 'Sábado Deluxe'. “Aquí no se viene a buscar justicia, se viene a resolver conflictos”, me dijo. Al carajo la utopía.

Aunque aparezcas con pruebas que demuestran que te has dejado tiempo y canas en un sitio años, te ofrecen un cheque y acabas firmando

Por eso, aunque te duela y aparezcas con pruebas que demuestran que te has dejado tiempo y canas en un sitio durante muchas horas, te ofrecen un cheque y acabas firmando. Y eso, por desgracia, implica darle la razón a un cretino y quitarle un problema. Un empresario que tiene todo el derecho a despedirte si le sobras, pero al que con estas formas le falta clase. Los 30 años, los 10, los que sean, borrados de un plumazo.

Decía Ana Scott, el personaje de Julia Roberts en ‘Notting Hill’: “Solo soy una chica pidiéndole a un chico que la quiera”. Algunos, en el trabajo, también vamos buscando cariño. Una cosa es un despido, otra la canallada en la despedida.

Ideas ligeras
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
2 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios