La banda sonora del nacionalismo

El nacionalismo tiene siempre música. Y además de amansar a las fieras, también quiere curarlas

Foto: Manifestación en Vitoria en apoyo al referéndum independentista de Cataluña. (EFE)
Manifestación en Vitoria en apoyo al referéndum independentista de Cataluña. (EFE)

La revolución será o no será, pero tendrá banda sonora. Un hilo musical con poderes mágicos para suavizar lo hostil. Una partitura que le da un toque naíf y anestésico al asunto, al tiempo que tapa el ruido, el odio y lo violento. Como el calmante saliendo del gotero y entrando por la vía del cuerpo enfermo. Por eso el nacionalismo tiene siempre música. Y además de amansar a las fieras, también quiere curarlas.

La tenía y tiene el catalán, que se empeña en hacernos creer que los golpes no fueron golpes, y las urnas, una chiquillada pacifista de domingo. La rebelión, una desobediencia. Como cuando les pido a mis hijos que no se peleen o a mis vecinas mayores que no crucen con el semáforo en rojo.

Insistieron muchos de los testigos en que la paz y los acordes eran uno, que la causa era la más noble de las causas. Y lo cuenta mi compañera Beatriz Parera, enviada especial a la plaza de la Villa de París desde ni se sabe: que las defensas del juicio del Supremo se agarran como clavo ardiendo y con la boca chica a ese argumento. Que de rebelión hubo poco, que de golpismo nada, que de música toda. “El día 1 de octubre yo fui a votar y al día siguiente, a trabajar. Hablé con mi socia en Madrid y no le dije nada parecido a ‘estás en el extranjero”, ha dicho Jordi Pina, que defiende a Sànchez, Rull y Turull. No consta que Marchena respondiera con el “vamos a ver”, el latiguillo definitivo de este proceso judicial.

Decía el martes Borja Sémper en un encuentro organizado por la revista 'Democresía' en Madrid que el nacionalismo vasco tiene también la suya. Que el programa electoral del PNV tiene su repertorio lleno de buenas y sutiles intenciones, canciones inocentes como ‘El chacachá del tren’ de los muy vascos El Consorcio.

Recurren a la música del arraigo, de esa cosa tan lejana para los que nos hemos criado en ciudades dormitorio y no hay pueblo al que aferrarse. Pero es que quién no quiere ser de allí al menos cinco minutos al día. Comerse un chuletón de kilo y medio, pasear por la playa de la Concha, dormir tapado en verano.

Con esa tasa de paro inferior a la media, con esa paz que se inhala por las calles desde que ETA no mata, con esas calles tan limpias. Y si esto es el paraíso, ¿cómo no se van a querer más competencias, más autonomía? Si todo suena tan bien, ¿por qué no seguir con la misma orquesta? “Fijaos en el poder de su discurso: 'Si con esta autonomía hemos hecho esto, imaginaos lo que podríamos hacer'. Y acaban votándoles hasta votantes del PP”, dijo el candidato a la alcaldía de San Sebastián.

A quién le va a desafinar el oído si le llega una carta referente a su pensión y en vez de firmarla la ministra de Sanidad lo hace un apóstol de Urkullu. Vamos a ver, es que yo me empadrono en la playa de Sopelana esta misma mañana. Y así, con un lendakari con voz de tenor y bien plantao, que apela a “el voto útil soy yo”, va sonando ese cuarteto de cuerda tan armónico. “Discutimos si la alcaldía de Madrid se la lleva uno u otro, y es importante. Pero, mientras, el PNV, que gobierna con los socialistas, ha acordado con Bildu eliminar cualquier rastro del Estado en Euskadi. Hasta en el carné de conducir”, dijo Sémper.

Porque los que se pelean son otros, aquí, ni una mala palabra. Lo mismo pactamos con Bildu que con Rajoy o Sánchez. Al fin y al cabo, el que pintó lo del duelo a garrotazos era un señor de Aragón. Las bestias salvajes de Torra, los miopes que no llevamos las gafas del siglo XXI, que dice Puigdemont, los acordes de Urkullu… Todo suena tan bien como las sirenas a Ulises.

En vez de comernos a besos, nos quieren comer a canciones. ¿Cuándo se darán cuenta de que, además de peligrosos, desafinan?

Ideas ligeras
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