Irene Montero: la que trae la paz parece que quiere guerra

Esta mañana sus señorías se levantaron con el alma flácida, sin recuperarse del revolcón de ayer

Foto: Irene Montero ante los medios de comunicación en el Congreso de Diputados. (EFE)
Irene Montero ante los medios de comunicación en el Congreso de Diputados. (EFE)

Irene Montero votó no. El supuesto florero le negó el pan y la Moncloa a Pedro Sánchez. Al menos por hoy. Al menos telemáticamente, que en persona los diputados de Podemos decidieron a última hora abstenerse. No es no, Sánchez, desde la distancia y desde el cariño. “Yo por ellas, madre, y ellas por mí”, dice la bio de Montero en Twitter. “Yo, por mi hija, mato”, dice Belén Esteban. Ella por Pablo muere. Y le han hecho un feo. Y eso, como el que invade una linde que no es suya, es imperdonable. Irene, por cierto, significa “aquella que trae la paz” en griego.

Fue la nota discordante de una votación tan aburrida como el resto de la jornada. Porque esta mañana sus señorías se levantaron con el alma flácida, sin recuperarse aún del revolcón de la tarde de ayer. Un revolcón entre dos socios condenados a entenderse, con menos química que la que desprende Keanu Reeves en cualquiera de sus películas.

Este martes Sánchez ha cambiado de corbata y de gesto. Está apesadumbrado, contrariado. Porque otro, más feo pero más listo, le ha robado el maldito relato. El presidente en funciones también tiene un tic. A cada rato, mientras permanece con el micrófono a su favor, se estira la chaqueta. No tolera un pliegue. Ni en la ropa ni en la sábana bajera de su colchón de la Moncloa.

Esta mañana también se produjo un cambio de roles. Porque si ayer Rivera se rufianizó (no se entiende esta manía por competir con Abascal), hoy el portavoz de ERC quiso jugar a ser Marie Kondo y ordenar por colores el armario de la política. Qué sopor.

Sus primeros 45 segundos de intervención fueron una sucesión de sílabas perfectamente pausadas. Con citas a U-na-mu-no. Y a Mi-llán “Estray”. Con esdrújulas. “Voy a ser dramáticamente atípico y voy a hacer autocrítica”. Mete eso en un titular, a ver qué tal.

El presidente de Ciudadanos llegó a eso de las 9:15 con un vaso de café (o quizá era una manzanilla, mucho más amable con el sistema digestivo) y se perdió esa parte. Lástima. Sí llegó a tiempo de escuchar cuando dijo que, en caso de que las fuerzas de izquierda no lleguen a un acuerdo, “nos merecemos que los hijos de Aznar y Don Pelayo nos pasen por encima”. O cuando le preguntó al candidato: “¿Qué señor Sánchez va a ser, el del no es no o el del no a Iglesias?”.

Mientras, cerca del atril, Adolfo Suárez Illana permanecía en su asiento con la libreta por estrenar – tomar notas está sobrevalorado- y con actitud de tener la cabeza en otro sitio. Quizá en el estado de Nueva York, dada su querencia.

La pelea entre Rufián y Sánchez fue una partida de esgrima en la que todos pinchan, pero ninguno sangra. El líder de ERC tuvo momentos previsibles, como esa oda a Oriol Junqueras; otros manifiestamente mejorables, como cuando dijo que Amancio Ortega, Ana Botín y Juan Roig pagan los mismos impuestos “que un trabajador de la Seat”.

Mientras, Begoña Gómez, señora del candidato, seguía mirándole con arrobo. Le acompañaban quienes parecían ser su suegra y su cuñado. Éste último padece lo que denomino la maldición del apellido Cruz. Podría haberte tocado ser Penélope y ganar un Oscar, pero fuiste Eduardo. El hermano del presidente es él pero con gesto permanentemente tosco. Maldito reparto genético.

Tras el anodino parlamento de Rufián, teníamos las esperanzas puestas en el portavoz del PNV, Aitor Esteban. Contó el chiste del Rolex y las setas, demostró que diferencia un níscalo de una seta de cardo. Le arrancó la risa al hemiciclo y a la prensa cuando le dijo a Rivera que ve al líder naranja también como el de una banda de mariachis. Peor hubiera sido compararle con la tuna.

Les quedan 48 horas para llegar a un acuerdo o para llevarnos a las urnas. Queda por ver si la que trajo la guerra esta vez querrá la paz

A las 10:35 llegó Girauta, cuando Esteban estaba también hablando de la importancia de la industria y las patentes en nuestro país. Mi padre habría disfrutado de lo lindo con el portavoz de PNV. Porque le encantaban las setas. Porque se autorregaló un Rolex cuando se jubiló. Eso que no era vasco, sino de Cabeza del Buey (Badajoz).

José María Mazón, del Partido Regionalista de Cantabria, es el único no socialista que a estas alturas de partido tiene aún algo de cariño al presidente. Puso a su jefe, Miguel Ángel Revilla, como espejo en el que mirarse. Prefiero hacerme de la tuna.

Les quedan 48 horas para llegar a un acuerdo o para llevarnos a las urnas. Queda por ver si la que trajo la guerra esta vez querrá la paz.

Ideas ligeras
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