La España 'mochufa' también vota

Existe una España cuyos ejes vitales son el fútbol, la hipoteca y el 'outlet'. Muchos de sus habitantes son aspirantes a burgueses pero con suerte llegan a mileuristas

Foto: Colegio electoral en Madrid. (EFE)
Colegio electoral en Madrid. (EFE)

Mi vecina de autobús echa un vistazo a su cuenta de Twitter. Mi ojo de halcón, también llamado mirada cotilla, comprueba su manicura perfecta. También que se detiene en las cuentas de Telecinco y en la del programa 'Mujeres y Hombres y Viceversa'. Lleva un bolso negro y una bolsa de plástico con la comida guardada en el táper. La llaman por teléfono. Habla de hacer una escapada a Portugal, de aprovechar una oferta que ha visto en internet ahora que no es temporada alta.

Yo tenía un vecino taxista. Trabajaba de noche y dormía de día. Se compró un Audi rojo descapotable y un chihuahua. Le gustaba fardar, subir y bajar la capota, subir y bajar al perro. Llevaba gafas Ray-Ban, se sentía el rey del barrio. Y del mundo. Se le murió el chihuahua y se compró otro perro. De esos carísimos que una vez le vi al diseñador Valentino en un reportaje en '¡Hola!'.

Hay un parroquiano en mi bar de siempre al que una vez vi vestido de barrendero. Cuando no ejerce, viste como un pincel. Tiene un bulldog francés y le brilla la cara como a Cristiano Ronaldo. Lleva siempre gomina y juega a las tragaperras. Su pareja lleva pendientes y colgante de Tous. Pide siempre un botellín de Mahou, lo llama “biberón”. Vacilan con el camarero, echan un vistazo al 'As'.

Existe una España cuyos ejes vitales son el fútbol, la hipoteca y el 'outlet'. Muchos de sus habitantes son aspirantes a burgueses pero con suerte llegan a mileuristas. Odian los lunes y sueñan con los viernes para ir a Las Rozas Village a pillar ropa buena rebajada. Hay una España que le añade el artículo a los sitios importantes: el Primark, el Mercadona, el Cercanías, el Wanda.

Hay una España a la que le importa un pito la Ley de Seguridad Nacional y quién es Iván Redondo. Que tiene hambre de coche, casa y tele grande. Que se resiste a bajar las escaleras del ascensor social aunque los de arriba nunca se mezclarán con ellos. La España del 'ejque' y también en parte la España 'mochufa' que tan bien dibuja Santiago Lorenzo en su libro 'Los asquerosos'.

Decenas de miles de votos a los que no se dirigen los líderes políticos ni tampoco los periodistas. Gente a la que se la bufa (perdón, mamá) si Rivera puede tumbar a Torra con su moción de censura porque lo que importa es si sigue con 'la Malú'. Gente que lleva tiempo sin leer un libro pero que tiene el mejor móvil del mercado. Que escuchan radiofórmula y no saben quién dirige ningún periódico porque hace mucho que solo se informan por 'el Facebook'. No son peores ni mejores. Somos nosotros.

Fuera de los despachos, las redacciones y los 'off the records', hay una España que está más pendiente de 'Sálvame' que del pactómetro

Y ellos, los políticos, a lo suyo. Ensayando el enésimo giro de guion, la última gracieta del jefe de gabinete que solo ellos y sus adversarios entenderán. Y nosotros, los periodistas, engolados como los que más y encantados de escucharlos. Pensando que nuestra firma y lo que le sigue a continuación le importan a alguien. Vivimos la vida como si lleváramos permanentemente chorreras o monóculo. “Qué interesante el artículo de …”, “está un poco desaparecida de las tertulias …”, “¿os habéis leído el libro de …?”. “Siempre certero El Roto”. “Imprescindible esto de”. Somos criaturas precarias con ínfulas de Julio Camba.

Mientras, fuera de los despachos, las redacciones y los 'off the records', hay una España que está más pendiente de 'Sálvame' que del pactómetro. Son los que curran por turnos y odian hacerlo en domingo, los que siguen sin cobrar las horas extra. Y no se resignan. A vestir y a oler bien, a viajar y a vivir bien. A esa parte del país nadie se dirigirá en esta campaña. Vencerán en los discursos la unidad del país, los miedos, la crisis que viene, el y tú más, las conspiraciones mediáticas. La altura de miras, la hoja de ruta, el caladero de votos.

La España a la que no atiende ningún político. Solo Paolo Vasile.

Ideas ligeras
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