Mesa para dos
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Ángeles Caballero

Ideas ligeras

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Mesa para dos

Tú en tu silla de ruedas, regia con tu chaquetón de pieles y la melena suave, pidiendo auxilio. Yo por los suelos con las piernas a lo Lina Morgan, rotas las medias recién estrenadas

placeholder Foto: Una mujer en silla de ruedas, en una imagen de archivo.
Una mujer en silla de ruedas, en una imagen de archivo.

Creo que es la primera vez que hemos cogido un autobús en Madrid. Los pasajeros me miraban como el que ve una escena y se imagina de fondo la sintonía de 'Benny Hill'. Pedí la rampa, bajó la rampa, te coloqué, pasé mi tarjeta por el lector, pagué tu billete. Has visto regular el paisaje porque la cabeza se te quedaba a la altura del inicio de la ventana. También porque te daba miedo, así que me has agarrado tan fuerte las manos que por un momento nos he imaginado a continuación. Tú en tu silla de ruedas, regia con tu chaquetón de pieles y la melena suave, pidiendo auxilio. Yo por los suelos con las piernas a lo Lina Morgan, rotas las medias recién estrenadas. Pudo ser y no fue.

Al entrar en casa, antes de que me quitara el abrigo, pronunciaste cinco palabras nítidas: “Café con leche bien caliente”. Te ofrecí un polvorón, me recordaste que no te gustan, tampoco nada de eso “tan harinoso”. Yo solo quería el tiempo preciso para poner el mantel, calentar mi comida, preparar mesa para dos este primer día de enero. El santo de papá y de todos los Manueles del mundo. Malditas sean las expectativas.

Al entrar en casa, antes de que me quitara el abrigo, pronunciaste cinco palabras nítidas: "Café con leche bien caliente"

Con la última patata empezaron los suspiros. No me dio tiempo a contarte que este año me gustó la Pedroche, que a veces creo que se la critica solo por ser de Vallecas, que me he pasado parte de la mañana observando la Nochevieja y la Mañananueva de otros. El brillo, el brindis, la resaca. El concierto desde Viena. Has intentado iniciar varias conversaciones sin mucho sentido. Me ha sido imposible darte carrete. Y al final, lo que imaginaba: “Sácame a la calle”. A sus órdenes, jefa.

Supercor era el único sitio abierto. “Entramos”, me has dicho. He hecho como que no te escuchaba. Las calles vacías a las tres y media de la tarde, una veinteañera diciéndole a su novio que si quería que se pareciera a la madre de su hijo, que mejor volviera con ella. Yo quería ver gente.

Bendita sea la estación de Atocha. Personas, maletas y abrazos. Como en 'Love Actually'. Querías ver ropa para el verano. Yo quería contarte que puede que me pase el fin de semana en el Congreso por lo de la investidura. Creo que si te enseño una foto de Pedro Sánchez, no sabrías quién es.

Foto: Alberto Chicote y Cristina Pedroche, en las Campanadas de Antena 3. (Captura Atresmedia)

“Vaya día que te estoy dando”.

“No, mujer”.

“No vuelvas a invitarme a tu casa, que no te dejo hacer nada. Soy un coñazo”.

“Mamá, tú nunca dices esa palabra”.

“Quiero ir al baño”.

Y otra vez Benny Hill sonando mientras yo bajaba el paseo de las Delicias como si nos persiguieran. Qué brazos estoy haciendo mientras te paseo. Los que nunca tuve aquellas escasas semanas que pisé un gimnasio. Fuimos al baño. Nos acabó entrando la risa ante nuestra torpeza, pero te subió el azúcar del estrés que pasaste. Te bebiste el vaso de agua como si fuera un chupito de tequila.

“¿Me da tiempo a tomarme un té?”.

“Sí”.

“Te pongo la tele. Mira, es Jordi Hurtado”.

Bendita sea la estación de Atocha. Personas, maletas y abrazos. Como en 'Love Actually'

Pero medio minuto después, a Jordi Hurtado le han sucedido unos animales marinos en un documental. Le hemos cambiado por Angelina Jolie. El té ardía y he estado a punto de hacerte la broma de siempre, preguntarte si me parezco a mi tocaya. La Jolie, mamá.

Y tú otra vez con los suspiros. Y otra vez a la calle. Y de nuevo lo de la rampa, pero qué bonito que es el Retiro, y que cuándo llegamos. Qué malas son las aceras de Madrid para una silla de ruedas. Se nos hizo de noche.

“¿Lo has pasado bien?”.

“Mucho”.

“Dame un beso, vengo mañana”.

“¿Pero por la mañana?”.

“Sí. Feliz año, cariño”.

No ha sido un mal uno de enero. Ha sido otra cosa. Las manos siguen congeladas, el café sigue teniendo que arder.

Feliz año a todos.

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