"Tendríamos que hacer como los catalanes, pero sin quemar cosas"

La concentración de agricultores en Madrid acogió a menos gente de la que uno espera. Los problemas: los márgenes, los reglamentos para cumplir con Europa. Y el cambio climático

Foto:  Agricultores y ganaderos protestan ante el Ministerio de Agricultura, este miércoles, en Madrid. (EFE)
Agricultores y ganaderos protestan ante el Ministerio de Agricultura, este miércoles, en Madrid. (EFE)

“Tendríamos que hacer como los catalanes, pero sin quemar cosas”. María ronda los 70 años y lleva su pancarta para apoyar a los agricultores de la Comunidad de Madrid. “Vengo para que sepan que no están solos, para decirles que sin ellos no comeríamos, porque mis padres vivieron del campo y sé lo que han padecido”, dice. Lamenta que haya casi más periodistas y policías que agricultores. Les empezarán a escuchar, asegura, cuando colapsen la Castellana.

A eso de la una de la tarde se abrieron los carriles cercanos al Ministerio de Agricultura que horas antes ocupaban los hombres y las mujeres del campo. Algunos bromeaban entre sí llamándose CDR. En las conversaciones, una de las palabras que más se escucha es 'céntimos'.

Ismael no ha visto a Santiago Abascal, que se ha acercado a la concentración. "Le habría pedido que me firmara algo", dice. Debe rondar los 40, aunque asegura, entre risas, que tiene 25. Es oleicultor, viticultor y cerealista en Chinchón. No tiene muchas esperanzas puestas en la protesta, pero apunta a dos culpables de esa enfermedad crónica que padece el sector primario. "No podemos sobrevivir sin fijar un precio mínimo, por no hablar de cómo nos tiene machacado el libre comercio. Tengo guardada la excedencia de aceite del año pasado, mientras que en los lineales se está vendiendo de otros países", afirma.

"Tendríamos que hacer como los catalanes, pero sin quemar cosas"

Lo que no tiene es ganas de seguir callado. Reconoce que en algunos aspectos los agricultores han pecado de comodidad y deberían haber asumido algunos roles de la cadena de producción. "Los salarios tendrían que estar ligados a la producción y eliminar las subvenciones", declara. Aunque él las reciba. No dice cantidad: "La justa para cubrir el diésel".

El líder de Vox, Santiago Abascal (c), a su llegada a la concentración. (EFE)
El líder de Vox, Santiago Abascal (c), a su llegada a la concentración. (EFE)

Hace un sol de justicia en este invierno tan raro. Ismael, al que acompaña su mujer, Carmen, no habla de salario mínimo, solo pide que este Gobierno destroce lo justo, "porque sé que es lo que van a hacer, como hicieron Felipe y el de las coderas", y lamenta y sufre las consecuencias del cambio climático. Las estaciones se alargan y los cultivos se desorientan, dice el matrimonio. “Y ahora, con el 5G, peor para las abejas, que también se desorientan. Pon eso, por favor”, dice. Hecho.

Los que quedan a la hora del aperitivo son señores con gorrilla, arrugas en el rostro y manos sin hidratar. Ángel González, "como el poeta", es uno de ellos. Luce dentadura perfecta y habla con orgullo de Fuenlabrada, donde lleva años cultivando acelgas. “Mira, te presento a José Carlos Velasco, el mayor melonero de Madrid”, dice.

Ángel trabajó en la huerta de sus padres, cultivó sus acelgas, repollos, coliflores, y ahora tiene una huerta de investigación. Ahí ensaya, gracias al apoyo del Ayuntamiento de Fuenlabrada y de los ingenieros aportados por la Comunidad de Madrid, una fórmula para cultivar acelgas con un sistema híbrido, entre lo tradicional y lo ecológico. “Si todos trabajáramos con métodos 100% ecológicos, no podríamos abastecer la producción. Eso sirve solo para los huertos de autoconsumo”, afirma.

Le da la espalda al ministerio, porque quiere apuntar más alto, a Europa. "Ahí mandan las primeras velocidades. Los reglamentos los cumplimos como ellos, pero en los precios, España está en tercera división", se lamenta. Quiere, como Ismael, que se fije un precio mínimo, pero también un máximo.

Ha llegado a ver acelgas que valían 40 céntimos venderse por 2,40. Márgenes que han ido recibiendo el productor, el transformador, el detallista y el frutero hasta llegar al consumidor, que es el que lo paga. La mayor subida la ha visto, dice, en la cuarta gama: "Esa acelga que compras picada en el supermercado. Sabes cuál es, ¿no? Pues ahí vale más el envase que el producto. Lo que estás pagando es el plástico".

Ideas ligeras
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