Ábalos y Arrimadas, los nuevos chunguitos

El primer y olvidable disco de Alejandro Sanz tiene el fascinante título de ‘Los chulos son pa’ cuidarlos’. Lástima que Ábalos y Arrimadas nos hayan salido de palo

Foto: José Luis Ábalos e Inés Arrimadas.
José Luis Ábalos e Inés Arrimadas.

Érase una vez un señor de Valencia que vino a Madrid —ese fagocitador de talento culpable de todos los males de la galaxia— y se hizo ministro. O más bien le hizo Pedro Sánchez. Ese señor de Valencia tuvo y tiene actitud torera, edad de partido homenaje y es más chulo que todos los ochos posibles. Se llama José Luis Ábalos y se ha hecho la Delcy un lío por culpa de una quedada nocturna en Barajas que lleva más versiones que el Windows. Huele a que le quedan dos telediarios.

Y es una pena. Porque tenía más expresividad que varios ministros juntos y ahora solo tiene mala cara. Porque una le soñaba repleto de noches de bohemia, ilusión y copas con Rafa Hernando, cerrando juntos el José Alfredo. Y está achicharradito.

Se nota porque los chulos de verdad lo dosifican. Los castizos jamás se salen de la baldosa cuando bailan. Y Ábalos hace tiempo que no templa. Faltón, ministro desencadenado y desatado, pillado en la mentira. Aún recuerdo cuando Fernández Bermejo dimitió por pasarse un ratito con Baltasar Garzón de cacería. Qué tiempos aquellos. Qué socialistas aquellos.

En tiempos de cursilerías, fiestas de cumpleaños en las que el ministerio ejerce de parque de bolas, Esteban y Rufián convertidos en estadistas y agenda del reencuentro, chirría la presencia de un ministro que dice al periodista que esa pregunta no, que mejor otra, que sentencia lo que importa y lo que no. Que saca lo del 11-M y el Yak-42 al verse acorralado perdido en el hemiciclo. Qué feliz haces a la oposición con tan poco, todavía ministro. Y qué mal suenan esos aplausos de los tuyos.

Hay una línea tan fina que casi es imperceptible entre lo rotundo, lo asertivo, lo de hablar clarinete, y convertirte en un chungo. Como hay una Inés Arrimadas en el Parlament y otra en el Congreso de los Diputados. O será que lo que nos llegó de su etapa más catalana (victoria electoral incluida) es como hace años lo que se estrenaba de cine francés: solo lo bueno.

La de Jerez de la Frontera tenía todas las papeletas y las bendiciones de la que escribe para convertirse en una política admirable. No es que ahora no lo sea, porque no pocas cosas de su discurso son fácilmente digeribles. El problema es que esa vertiente tabernaria, pagada de sí misma y condescendiente la convierte en antipática. Habíamos visto muestras de bajunería con lo del CV de Adriana Lastra en el Congreso y hemos convertido en 'memes' algunos de sus gestos homenaje a Bigas Luna y su ‘Yo soy la Juani’.

Ábalos y Arrimadas, los nuevos chunguitos

Pero el minuto de oro lo ha alcanzado esta semana durante su conversación con ese barón del que usted me habla, Francisco Igea. Más tensa, que diría uno de mis mejores amigos, que Willy Toledo en el Vaticano. La pasivoagresividad en estado puro. Y qué torpe Igea por seguirle el rollo. Y qué innecesario lo de amenazar con hacer públicos los mensajes, salvo si estás buscando lugar en un 'reality'.

El primer y olvidable disco de Alejandro Sanz tiene el fascinante título de ‘Los chulos son pa’ cuidarlos’. Lástima que Ábalos y Arrimadas nos hayan salido de palo.

Ideas ligeras
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