8-M: entre el baile y el mohín

A estas horas, aún no hemos escuchado a nadie del Gobierno criticar algunos comportamientos. Para que se nos crea. Para que no excluya. Porque si no, será otra canción fallida

Foto: Participantes en la manifestación del 8-M de Madrid. (EFE)
Participantes en la manifestación del 8-M de Madrid. (EFE)

En los repertorios de los mejores cantantes también hay temas fallidos. A los miles de personas que se han echado hoy a las calles de Madrid vestidas y pintadas de morado les ha pasado lo mismo. Lo de “Vox y PP la misma mierda es”, “Abascal es un criminal”, “vamos a quemar la Conferencia Episcopal” es, además de poco logrado e incierto, bastante sectario. O serán los límites del humor. Y lo de “Begoña Villacís, a currar al Burger King”, los límites de la sororidad.

La probabilidad de que en un grupo numerosísimo de gente haya una panda de pazguatos es altísima. Pero que la comitiva de Ciudadanos haya tenido que abandonar la manifestación del 8 de marzo escoltada por la policía evidencia que esa alianza feminista que los incluye a todos, a todas y a 'todes' no funciona del todo bien.

[Así te hemos contado la manifestación en directo]

Porque el feminismo es como los culos. Todos tenemos uno. Qué torpeza, amigas. Qué fallido. Cómo chirrió. Qué precioso lo de llamar a la vicealcaldesa de Madrid y a sus compañeras de partido “floreros”. Qué de gasolina para el machote.

El paseo del Prado, momentos antes de comenzar la marcha. (Julia López)
El paseo del Prado, momentos antes de comenzar la marcha. (Julia López)

Dicho lo cual, es innegable que la fiesta morada volvió a tomar las calles de Madrid. Mujeres de todo tamaño, edad y condición, y hombres (muchos, no importa si aliados o entregados y convencidos por la causa) hicieron frente al coronavirus y al patriarcavirus. Y a bailar, y a gritar. Todos.

Cómo chirrió. Qué precioso lo de llamar a la vicealcaldesa de Madrid y a sus compañeras de partido "floreros". Qué de gasolina para el machote

Los perroflautas, la 'gauche divine', familias enteras con carritos, jubiladas con lágrimas en los ojos viendo a niñas con los pulmones al 100%, algunas disfrazadas de ‘El cuento de la criada’ y amortizando el atuendo de carnaval.

“Parece una cabalgata”, decía una niña de mirada luminosa al paso de la zona de la batucada, la danza del vientre, la banda de música que tocaba el 'Bella Ciao'. Un grupo de mujeres de unos 40 años bailaba al son de las trompetas. Pegadita a ellas, una cabecera (de las muchas que había) con preadolescentes vestidas de negro, profundamente cabreadas, que gritaban: “No es una fiesta, es una protesta”. Dos formas de entender el 8 de marzo. El baile y el mohín. Hubo mil más.

Manifestantes a la altura del Museo del Prado. (Julia López)
Manifestantes a la altura del Museo del Prado. (Julia López)

Como hubo mil lemas. “Aquí están las chichiriteras”, “En México nos están matando”, “Somos más fuertes que un Nokia 3310”, “Vengo a fregar las lágrimas de los ofendiditos”, “Con o sin ropa, mi cuerpo no se toca”, “No son muertes, son asesinatos”. Son solo unos pocos.

Decenas de personas, pancarta en mano, salieron de las perpendiculares del paseo del Prado dispuestas a sumarse al festival

Hubo menos gente que en los dos años anteriores, algo especialmente evidente a eso de las 16:30, con la plaza del Emperador Carlos V (Atocha) despejadísima y con sus coches. Al alcalde de Madrid le gusta esto. Pero pareciera que con el primer corte de publicidad de la película de sobremesa, o el descanso del partido de fútbol de las cuatro, emergiera el personal. Decenas de personas, pancarta en mano, salieron de las perpendiculares del paseo del Prado dispuestas a sumarse al festival.

María del Carmen Calvo, vicepresidenta del Gobierno, lo dio todo. Con su gorra de visera, encabezaba la cabecera socialista con Begoña Gómez. Las dos mujeres de Pedro Sánchez, con permiso de la madre del presidente del Gobierno, que no paraba de darle palique a Magdalena Valerio. A escasos metros, el padre presidencial aguantaba un globo morado en la mano mientras vigilaba la integridad de su mujer y su nuera.

8-M: entre el baile y el mohín

En otra cabecera, la ministra de Igualdad, Irene Montero. Un poco troleándose a sí misma. Porque de ella supuestamente depende que todo esto cambie. También depende que el feminismo incluya. A estas horas, aún no hemos escuchado a nadie del Gobierno criticar algunos comportamientos.

Para que se nos crea. Para que no excluya. Porque si no, será otra canción fallida. Por muy buenas que sean las cantantes.

Ideas ligeras
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
20 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios