Madrid: agosto en marzo
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Ángeles Caballero

Ideas ligeras

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Madrid: agosto en marzo

El sol nos ha querido regalar un día espléndido en un Madrid que debuta con los niños sin clases y los padres apañándose como pueden

Foto: Entrada al Museo del Prado, sin las habituales colas. (A. Caballero)
Entrada al Museo del Prado, sin las habituales colas. (A. Caballero)

Es 11 de marzo. El sol nos ha querido regalar un día espléndido en un Madrid que debuta con los niños sin clases y los padres apañándose como pueden. Un paseo por la zona centro permite ver escenas cotidianas. Las parejas de adolescentes ya no tienen que esperar a salir del instituto y dan rienda suelta al fervor y al morreo en los bancos de los parques. Los ancianos siguen cruzando la calzada en diagonal y sobrevalorando los pasos de cebra.

El sol aprieta. Muchachas y muchachos, turistas y no, ya lucen los hombros al aire. En breve, llegarán las chanclas. No todo van a ser buenas noticias. No todo va a ser el coronavirus.

Las barcas del Retiro están sin utilizar, pero el pulmón verde de la capital tiene más gente que de costumbre. Están las echadoras de cartas, los mimos, los del selfi, los guiris sin gota alguna de melanina.

placeholder Estanque del Parque del Retiro. (A. Caballero)
Estanque del Parque del Retiro. (A. Caballero)

Carlos regenta un quiosco de chucherías cercano al estanque desde hace 33 años. Está haciendo este miércoles más negocio que cualquier otro martes, pero muestra cierto enfado. “Esto está lleno de abuelos con nietos, imagínate. Porque no todo el mundo puede hacer lo del teletrabajo, a ver cómo vendes pipas… Y eso que a mí la política me da igual, porque soy del Atleti y bastante tengo con eso…”, explica atropelladamente.

Luego confiesa que acaba de dejarse los euros en su quiosco un cliente habitual de los fines de semana que este miércoles iba con sus dos nietos. “El señor ese grande del PP que fue presidente del Congreso”, dice. Confirma que es Jesús Posada.

Aún dentro del parque, y cerca de la Puerta de Alcalá, un puñado de testigos privilegiados observa una escena digna de bodegón burgués. Dos madres treintañeras conversan en francés, sentadas sobre un pícnic digno de óleo sobre lienzo. Rodeadas de seis niños de entre pocos meses y unos tres años y tres 'nannies'. “Así sí”, me digo.

Carlos regenta un quiosco de chucherías cerca del estanque del Retiro. Hoy tiene más negocio que cualquier otro martes, pero muestra cierto enfado

La entrada al Museo del Prado está prácticamente vacía. Insólito para un miércoles por la mañana de cualquier época del año. Dos empleados aclaran a los que se acercan que la pinacoteca está abierta. “Puede comprar la entrada sin problema”, dicen a los curiosos. Una imagina que es el momento preciso y precioso, casi perfecto, para contemplar ‘El fusilamiento de Torrijos’ sin ser molestado. “Se nota que la gente tiene un poco de psicosis”, añaden.

Pasa una abuela con 'leggins' empujando con firmeza un carro cargado de la ropa de sus dos nietos, de unos tres y cinco años, que lucen gafas de sol y camisetas del Real Madrid. Pasa otra abuela con otro carrito, esta vez con un bebé de pocos meses. Mirada desafiante. Al coronavirus y a todo aquel que la observa paseando por el Paseo del Prado.

Las informaciones falsas y la incertidumbre desatan la psicosis en Madrid

El conductor de la Línea 14 de la EMT empezó a trabajar a las 6:30. Tres horas después, dice que ha notado una bajada del 75% de los usuarios del autobús. “No hay mayores ni niños, solo gente en edad de trabajar, y eso lo han notado otros compañeros. Lo comentamos por los grupos de WhatsApp, aunque también tenemos miedo de que esto dure y nos recorten”, explica. A las 13:00, el autobús también carece de esos dos grupos de población y los asientos reservados están vacíos. Insólito.

placeholder Edificios de oficinas en Madrid. (A. Caballero)
Edificios de oficinas en Madrid. (A. Caballero)

El paseo de Recoletos y la Castellana apenas soportan un puñado de coches. Es Madrid, es marzo, pero parece agosto. La encargada del restaurante Gino’s cercano a Torre Picasso afirma que este martes se notó menos negocio para comer, pero “el mismo que un martes cualquiera” por la noche. Dos veinteañeras toman el sol con un café en la mano. Trabajan en la zona y notan que este miércoles es más fácil comprar una ensalada o un sándwich en uno de esos locales del Madrid que quiere parecerse a Londres o Nueva York.

Muy cerca de Azca, zona cero de oficinas de la capital, una camarera de rasgos asiáticos sirve sushi a clientes con un 99% de posibilidades de ser auditores. Las terracitas que tanto gustan al pijerío madrileño.

Dan ganas de que sea así siempre. Pero sin virus y con clases.

Museo del Prado
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