Domingo con los niños en el museo, pero sin entrar en él

Después de un tiempo anestesiados, hoy ellos toman las calles para jugar. Aunque las ciudades siguen profundamente dormidas

Foto: Un padre saca a pasear a sus hijos en Sevilla tras 43 días de confinamiento. EFE
Un padre saca a pasear a sus hijos en Sevilla tras 43 días de confinamiento. EFE

Dos niñas de unos doce años juegan a la comba a eso de las doce de la mañana. Un padre hace posar a sus dos hijas para la foto, dando por inaugurado un nuevo estilo de álbum familiar enmascarillado. Varios segundos después, aparecen una madre con un niño disfrazado de Capitán América, también con la boca y la nariz tapada. A la derecha, otra criatura camina por delante de su padre. Tendrá unos cinco años. Va con patinete y unos cascos gigantes de color fucsia. Canta Roar, de Katy Perry. Una canción idónea para este domingo soleado de finales de abril en Madrid. Porque rugen, cantan y gritan los niños en la plaza de Juan Goytisolo a la misma hora y en el mismo sitio donde cualquier otro domingo también harían cola los turistas para entrar en el Museo Reina Sofía. Es un domingo con los niños en el museo, pero sin entrar en él.

Horas antes, a las nueve en punto de la mañana, en el madrileño Paseo de las Delicias solo había paseantes de perros. A esa hora también, la cadena estadounidense de noticias CNN conectaba en directo con el parque de El Retiro, donde ya algunos jóvenes madrugadores daban sus primeros pasos en la calle tras cuarenta días de gastar el suelo de sus casas.

Hubo nervios en algunas casas. Para empezar, con la ropa elegida. Como si en vez de dar un paseo, nuestro destino fuera una boda en la que los novios suman un puñado de apellidos compuestos. Como si quisiéramos olvidar la camiseta y los pantalones que hemos repetido una y otra vez. En el baño olía a colonia de domingo.

Hubo nervios en algunas casas. Para empezar, con la ropa elegida. Como si en vez de dar un paseo, nuestro destino fuera una boda

Natalia tiene una hija de 13 meses. Tenía más ganas de salir la madre que la niña. “No pensaba que se me iba a poner a llorar en el carro nada más salir”, dice con gesto de sorpresa. Los primeros días en casa, dice, fueron algo caóticos. Luego, el caos dio paso a cierto letargo infantil. Como si el confinamiento conllevara una dosis de anestesia en los más pequeños.

Lo confirma Nerea, que lleva a su bebé Simona de cinco meses en brazos, y a su hija Alaya de tres años en la mano. “Somos muy callejeros y al principio era complicado. Ella (dice señalando a la mayor de sus hijas) echa de menos el cole. Bueno, la guarde”, dice. “¡Eh, que soy mayor!”, replica la niña. “Parece otra ciudad”, dice la madre.

Han madrugado sobre todo los pequeños. Qué alegría. A ver si acaba esto, que es una desgracia

Cerca de ellas está Diego, de cuatro años, que camina con su progenitora de la mano. Tímidamente explica que tenía ganas de salir, que echa de menos el colegio y los amigos pero que en casa estaba la mar de bien. Su madre explica que son varios en casa y que por eso el niño no tiene miedo, “porque está con la familia”. Una familia compuesta por ellos dos, la abuela materna, que ha regresado de Barcelona por culpa de un ERTE y una tía del niño que ha regresado de Londres, donde vivía.

Es raro que no haya nada abierto, dicen algunos niños. Otros sienten como si ese lugar no les perteneciera. “No reconozco la calle, parece que estemos de vacaciones. Y qué silencio. Esto parece El Viso”, dice Julia, de 12. El confinamiento, además de anestesia, les tiene atrofiado el GPS.

No reconozco la calle, parece que estemos de vacaciones. Y qué silencio

El taxista que encabeza la parada de la cafetería El Brillante (qué insólito pasar por ahí y no oler a fritanga) se alegra de haber visto ya a unos cuantos niños. “Han madrugado sobre todo los pequeños. Qué alegría. A ver si acaba esto, que es una desgracia”, comenta mientras aguarda que algún cliente le salve el día.

En el cruce del Paseo de Santa María de la Cabeza se paran un par de policías nacionales en moto ante el semáforo en rojo. Pasamos unos cuantos padres con nuestra prole. Los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado saludan casi coordinados a los niños. Como si esto fuera la segunda parte de 'La La Land' y nada más ponerse la luz de color verde fuéramos todos a empezar una coreografía y a cantar como los ángeles.

Hay algo tenebroso en el paseo por una ciudad que sigue profundamente dormida

Hay algo hermoso en ese silencio solo interrumpido por niños y pájaros (pese a las cotorras argentinas), pero también hay algo tenebroso en el paseo por una ciudad que sigue profundamente dormida. Cuesta digerir un escenario de zapaterías sin zapatos, hoteles sin clientes, cafeterías sin tostadas con mantequilla y mermelada, la cuesta de Moyano sin libros, bares sin paella de domingo.

“Es como si el mundo se hubiera parado y hoy empezara a funcionar, pero lentamente”, le dice otra niña a su madre mientras regresa a casa. El próximo día, dice, saldrá con unas cartas y con una comba a dar ese paseo de una hora. Juegos de mucho antes de que el mundo parara.

Ideas ligeras
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
1 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios