Estilismo confinado: saca al Fernando Simón que vive en ti

Bienvenidos a la fase de los estilismos post confinamiento y desescaladas varias. A ver si va a ser que todos tenemos un Fernando Simón interior y ahora nos atrevemos a pasearlo

Foto: Fernando Simón, durante una rueda de prensa esta semana. (Reuters)
Fernando Simón, durante una rueda de prensa esta semana. (Reuters)

El verano siempre ha estado sobrevalorado. Las terrazas, el calor, las vacaciones, los atardeceres más largos. Y la ropa. La ligereza, menos capas encima. Como si eso conllevara un aumento de la belleza, o del buen gusto. Dijo alguien una vez que en verano se ve demasiada piel. Puede que suene esnob, puede que suene cruel. También esconde cierta verdad.

Bienvenidos a la fase de los estilismos post confinamiento y desescaladas varias. No se me disgusten las pieles finas. Hemos venido a pasarlo bien. Y sí, vamos a hablar de Fernando Simón.

El epidemiólogo, una mezcla del primer presidente del Banco Central Europeo, Wim Duisenberg, y el actor Peter Capaldi (el malo de la película infantil Paddington), ha conseguido normalizar las cejas libertarias y el despeinado. También ha rescatado las rebequitas como prenda denostada del armario unisex. Esta semana sacó a pasear las camisas de manga corta. Una prenda reservada para camareros, conductores de autobús y gente que no quiere pasar desapercibida. Qué sé yo, Kanye West o J Balvin. Anabel Vázquez, periodista especializada en moda y belleza, entre otras cosas, le tiene cariño a la prenda. O más que cariño, la vincula con ideas etéreas, de verano en la Toscana. “Una camisa de manga corta de lino es de señor que lee a Homero debajo de una parra. Me gustan”, afirma.

Una afirmación así solo se produce tras confesar que Simón le parece un señor elegantísimo. Algunos preferimos recurrir a “estilo peculiar”, ese término acuñado por la revista ¡Hola! cuando quieren decirle a alguien que su fondo de armario es, digamos, difícil.

Esta crisis ha roto todos los códigos de vestuario. "Estamos playeros, asilvestrados", dice. Un punto medio entre el pijama y la ropa de calle

Se ha dicho y escrito muchas veces que tras una crisis se venden a miles las barras de labios y el personal tiene unas ganas locas de lucir lo mejor posible. Pero también en esto la crisis del covid-19 parece diferente. Leticia García Guerrero escribe en la revista SModa y es licenciada en Filosofía. Asegura que esta crisis ha roto todos los códigos de vestuario. “Salgo a la calle y veo mucho ‘cuadro’, y eso me gusta. Estamos playeros, asilvestrados con la ropa que solo llevamos en el pueblo en agosto. Poniéndonos cosas que siempre hemos querido pero no nos hemos atrevido”, dice. Un punto medio entre el pijama y la ropa de calle. Un todo vale de manual.

Así que no se asusten si en esta pandemia sin primavera el personal ha enloquecido con el vestuario para salir a pasear/disfrazarse de corredor profesional. Un colega me confesó hace días que ha salido a hacer deporte con un bañador y una camiseta arrugada. Porque él no sobrevalorará el verano, pero sí la plancha. Ayer vi a una señora correr con una cazadora vaquera llena de lentejuelas y dos pares de guantes superpuestos. Uno era de plástico azul y otro de esos transparentes para coger la fruta en el supermercado.

Varias personas practican deporte alrededor del Parque Santander de Madrid este viernes. (EFE)
Varias personas practican deporte alrededor del Parque Santander de Madrid este viernes. (EFE)

También estos ojos miopes han contemplado a varios seres humanos por la Avenida del Mediterráneo, en el mes en el que florecen las flores y a la hora a la que florecen los 'runners', con una especie de chándal de manga corta. Ojo, no vale como argumento eso de que he cogido lo primero que he encontrado. La pregunta es qué hacía esa prenda en tu armario. Cuándo, criatura de Dios, consideraste que eso era una buena compra. “¿Veremos mucha sisa al aire y mucha axila en señores? ¿Estamos, con el ánimo tan maltrecho, preparados para ello?”, se pregunta Anabel. Si no es así, parece que tendremos que estarlo. O qué demonios, quién no ha ido hecho un cuadro alguna vez en su vida, confieso mientras calzo unas chanclas que harían llorar a Anne Wintour.

Y ahora olviden, si pueden, en nombre de qué gobierno habla el epidemiólogo más famoso de España a la hora de valorar su aspecto. “Es un hippie sanitario y de corazón, absolutamente ajeno a la estética de su entorno. En su vida se ha planteado qué ponerse y ahora le toca salir cada día a dar el parte. En otras circunstancias, es probable que sus asesores le hubieran dicho: Fernando, plancha un poco”, explica García Guerrero.

A ver si va a ser que, en el fondo, todos tenemos dentro un Fernando Simón. Solo que ahora nos estamos atreviendo a sacarlo a pasear.

Ideas ligeras
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