Vox en Parla o la presidenta madrileña convertida en veleta azul
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Ángeles Caballero

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Vox en Parla o la presidenta madrileña convertida en veleta azul

Si la derecha naranja es Bimba y Lola, aquí oscila entre un poquito de Scalpers y un cuarto y mitad de Valecuatro. Prendas con las que puedes ir a un mitin, al aperitivo o a una capea

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El líder de Vox, Santiago Abascal, en Parla. (Alejandro Martínez Vélez)

Una pareja se reparte las bolsas con las que acaban de salir del supermercado. "No se nos olvida nada, ¿verdad?", dice él mientras hace malabares para encender un cigarro mientras sujeta el peso de la compra. Tienen dos niñas menores de diez años que juguetean y desenroscan banderas. De España y de Vox. Media hora después, llegarán a la Plaza de Adolfo Marsillach de Parla sin bolsas pero con las niñas y sus banderas. Hay ambiente de verbena y suena Andrés Calamaro.

Un matrimonio vecino de la localidad –“antes vivíamos en Getafe, pero también se está bien aquí”– mira con interés uno de los puestos improvisados de 'merchandising'. La estrella es el llavero. De Vox, de España, del Real Madrid, del Atlético y también del Barça, aunque a este no le ponen la rojigualda. "Aquí viviremos hasta que nos separemos", bromea el hombre, a puntito de jubilarse. "¡Pero si llevamos 40 años juntos, qué tontería estás diciendo!", responde ella. Se han arreglado para acudir al mitin y suena C. Tangana. Es importante para ellos porque dicen que están pasando cosas muy graves. El cuaderno y el bolígrafo les generan cierta sospecha. "Bueno, pues nosotros nos vamos", dicen. Y se marchan a la zona donde les espera un joven con pinta de llevar sus apellidos.

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Foto: A.M.V.

La plaza empieza a llenarse y se llena de uniformes. Están los de las camisetas de la legión envueltos en la bandera de España que deben conservar desde que ganamos el Mundial de Sudáfrica. Está la España Decathlon y también hay un tipo de pijo abundantísimo en las ciudades dormitorio; ese que se recarga de más para olvidar el escenario en el que vive, justo todo lo contrario del relax del pata negra que tardea por Almagro o Núñez de Balboa.

Están algunas muchachas arquetipo de la periferia sur, aspirantes a Georgina Rodríguez o a la recién despixelada Julia Janeiro. Prietas, altivas, larguísimas melenas, 'microblading' en las cejas y 'contouring' en el rostro, con bolsos falsificados de grandes marcas al hombro. Es un planazo de viernes, hace buena tarde y hay altavoces con música.

Se oyen vivas a España, a la Guardia Civil y a la Policía Nacional. De repente, aparecen tres señores que hace tiempo dejaron de ser mocitos. Despliegan un capote. Uno, dos, tres intentos, hasta que aquello queda enhiesto sobre el hormigón de la plaza. El dueño de la prenda no tiene pasado torero, solo es aficionado, pero cuenta con orgullo que ese capote triunfó en la feria de San Miguel de Sevilla y que se lo regaló un amigo. “El que toreó es este”, dice otro, y señala a un tercero, flaco y con gafas de sol. Lo presenta como el Popeye torero.

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Foto: A.M.V.

—¿Usted viene aquí como indeciso, como curioso o lo tiene clarísimo?

—Vengo aquí porque somos españoles. Aquí hay mucha gente de Vox, no se crea.

—Me lo dijo ayer un taxista, que precisamente vive en Parla.

—No será el de Pablo Iglesias, ¿verdad? Porque ese también es de aquí, vive entre nosotros.

Si la derecha naranja es Bimba y Lola, aquí oscila entre un poquito de Scalpers y un cuarto y mitad de Valecuatro. Son prendas con las que puedes ir a un mitin, a un asador, al aperitivo del domingo o también a un día de capea. Ante todo, comodidad.

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Foto: A.M.V.

Tres amigos recién estrenados a la vida adulta esperan impaciente a Abascal y Monasterio. Uno tiene 18 años y lleva un chaquetón guateado de color verde caza y gafas de carey. Estaba estudiando periodismo en la Universidad Complutense, pero como el ambiente es "demasiado socialista" lo va a dejar y empezará Derecho en la Autónoma. En diez años no quiere saber nada de periodismo, pero sí quisiera ejercer como abogado. No le gusta Pablo Iglesias.

Su compañero, mucho más alto y mucho más blanco, tiene 20 años e insiste en que Vox es el único partido que defiende sus valores. "¿Qué valores son esos?" "Los míos". "¿Qué te parece lo que le ha pasado a Pablo Iglesias?". "A mí hasta que no me demuestren que eso es verdad no digo nada". Hay cosas, dice, que no le cuadran. No es la primera vez que vota, pero repetirá con los de Abascal, aunque recuerda a la periodista que “el voto es secreto”. “Rocío representa los valores de España. La gestión de Ayuso está bien, pero no me gusta lo que hay detrás de ella”, afirma.

Esta idea loca, la de una Ayuso convertida en veleta azul, se repetirá en algunas conversaciones de la plaza, aunque no tanto como que lo de las balas a Iglesias es un montaje tan burdo como algunos de los vistos en la prensa del corazón. "Ayuso se está saliendo del camino", dice una veinteañera que acude con dos amigas a la plaza. No le gustan los toques de queda ni las restricciones. Tampoco les gusta la prensa. A ellas y al resto de la parroquia en general. Ni la SER, ni La Sexta ni el resto, porque silenciamos, mentimos y un montón de cosas más. A Àngels Barceló le pitaron los oídos en esta tarde de San Jordi en una plaza de la periferia madrileña.

En los balcones hay aplausos y también carteles en contra del partido de Santiago Abascal. En la plaza más cercana, mientras el presidente de Vox y la candidata a presidir la Comunidad de Madrid se marchan entre vítores y empujones del público por conseguir la mejor foto con el móvil, un grupo de menores de edad protestan por la visita. Una joven empuña una bandera multicolor. A su lado, otra luce una pancarta que recuerda que Paca la Piraña hizo más meses de mili que Abascal.

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Ángeles Caballero Fotografía: Sergio Beleña

En cuestión de segundos, la Policía Nacional empieza a expulsar a empujones a los manifestantes. "¡Son niños!", protesta un anciano, que se lleva un buen empujón. Hay desproporción en el arranque y hay huevos y piedras que empiezan a salir de sitios insospechados. Hay balcones que aplauden a la policía y les imploran que "limpien Parla de esta gentuza". Hay gritos de los menores defendiendo la libertad de expresión: "¿Por qué estos me insultan llamándome 'mena'? No todas las ideas son respetables".

Hay calles estrechas, vecinos que señalan e insultan, jóvenes apostados a las puertas de una casa de apuestas. "Si me has hecho una foto, sácame guapo", bromea un adolescente marroquí cuando ve al fotógrafo. En la esquina, hay otro grupo de migrantes adolescentes. “¿Sois de la tele?”, dice uno. "No", contesta el fotógrafo. Desaparecen. Un vecino desde el balcón alerta a los antidisturbios: "¡Se han ido por ahí!", dice mientras señala con el brazo una calle estrecha.

Diez minutos más tarde, 500 metros más lejos, sonaba bachata y pachanga en varios locales. Llenos de gente en su interior, bailando, bebiendo a oscuras y sin mascarilla, como si fuera abril de 2019. Fue entonces, ese mes de ese año, cuando Vox se estrenó en el Congreso de los Diputados.

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