Premio FAES a la libertad: vuelve el canapero, vuelve la ilusión
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Ángeles Caballero

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Premio FAES a la libertad: vuelve el canapero, vuelve la ilusión

Regresan los actos presenciales poblados de cabelleras canas, melenas con un ligero toque de laca, bolso bueno y hambre descansada, que acuden raudos y veloces a la llamada de la libertad

placeholder Foto: El presidente del PP, Pablo Casado, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y el expresidente del Gobierno y presidente de la Fundación FAES, José María Aznar. (EFE)
El presidente del PP, Pablo Casado, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y el expresidente del Gobierno y presidente de la Fundación FAES, José María Aznar. (EFE)

Están pasando cosas preciosas en esta primavera madrileña. Por ejemplo, la constatación de que una ardilla podría atravesar España de expresidente en expresidente del Gobierno. Cuando no es González es Zapatero, y es siempre Aznar. Los tres deseosos de hacer declaraciones y de hacer frente al edadismo, que es la segunda causa de discriminación en el mundo tras el racismo.

Qué locuacidad, qué ganas de hablar todo el rato. Mientras, una imagina a Mariano Rajoy sentado en su sofá, en una mano el Cardhu y en la otra el mando de la tele, buscando el desenlace del capítulo de hoy de ‘Amar es para siempre’. Es un plan de jueves sin fisuras y hubiera sido también mi plan. Pero entregaban a Juan Guaidó el décimo Premio FAES a la libertad y el deber nos condujo a un ágape repleto de gente con un profundo sentido de Estado.

Esta cita en el auditorio del Caixaforum sirvió para comprobar otras alegrías de este principio del fin de la pandemia. Porque vuelve el canapero y vuelve la ilusión. Regresan los actos presenciales poblados de cabelleras canas, melenas con un ligero toque de laca, bolso bueno y hambre descansada, que acuden raudos y veloces a la llamada de la libertad y de un fin de fiesta en el que desde el 4 de mayo se desea brindar con vino madrileño en vez de español.

La foto inicial de familia reveló algunos detalles. Por ejemplo, que a José María Aznar le brilla el pelo tanto o más que los zapatos. Que tiene tal densidad capilar que puede permitirse el lujo de retirárselo detrás de las orejas. Que cuando sale a hablar tiene el bellísimo detalle de soltarle la botella de agua a una colaboradora, cual Nadal tirándole la toalla a cualquier recogepelotas una vez retirado su sudor.

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Foto: EFE.

A Aznar se le entiende cada vez menos, no porque diga cosas extrañas, sino porque con algunas frases se embarulla a lo Antonio Ozores, pero sin gracia. Los colegas esperaban que blandiera la espada y se mojara con el tema de los indultos, pero fue el Aznar de siempre, el del imperio de la ley y la Constitución del 78. Este jueves, además, se dejó la sonrisa en casa.

Mario Vargas Llosa acudió con bastón y con ciertos problemas de movilidad. Pablo Casado también fue y el botón de la chaqueta revelaba que necesita una talla más. Pero la estrella no fue el premiado, que primero entró por videollamada con un enorme banderón de Venezuela a un lado y al otro una planta exactamente igual que la que tengo en mi salón. Estaba como Lina Morgan, agradecido y emocionado, pero también contenido. Guaidó no es precisamente una fiesta, pero tampoco están las cosas en su país como para celebrar, y tampoco el acto se prestaba a karaoke. Hasta que salió ella.

placeholder La presidenta en funciones de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. (EFE)
La presidenta en funciones de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. (EFE)

Ella es doña Isabel Díaz Ayuso, presidenta en funciones de la Comunidad de Madrid, pero que podría ser, si quisiera, la estrella invitada en la próxima final de la Superbowl. O aparecer el día de su investidura a lomos de un tigre metálico con ojos rojos, como lo hizo Katy Perry en la actuación del partido que se celebró en 2015. Se nota, se siente, Isabel es 'presidente'.

Pronunció un discurso duro en el que se ciscó en casi todo e interpretó los resultados del 4-M como una victoria de la libertad “frente al desánimo y la desidia”. También dijo que el balcón de la Puerta del Sol es “el más emblemático de España” y que la izquierda solo quiere súbditos. Una pena que Rafael Anson apareciera justo cuando acababa de terminar, porque se perdió lo mejor de esta tarde de jueves en la capital mundial de la libertad.

Está encantada de la vida y yo también al ver que luce el tono níveo de su piel sin complejos y sin autobronceador. Su compañero de baile en Madrid, José Luis Martínez-Almeida, no se dejó la sonrisa en casa sino en la puerta del Caixaforum. Aparcó la alegría colchonera y la campechanía y se abrazó a un discurso que habría hecho las delicias del ‘ Tratado de las buenas maneras’ de Alfonso Ussía.

La entrega del premio terminó y el público acudió como moscas a la piel a saludar a los protagonistas y a salir de inmediato en busca de algo con lo que hidratarse en esta calurosa tarde de jueves. Porque mientras no estemos todos vacunados, el vino en las jaranas tendrá que esperar. En la puerta del salón de actos, una Ana Botella con una especie de pañuelo de raso haciendo las veces de mascarilla hablaba con un amable caballero de las vacaciones. “Estaremos yendo y viniendo”, le contaba la exalcaldesa. Mientras, este le hablaba de una promoción inmobiliaria.

Que no nos falte nunca este Madrid de ágapes y saraos a media tarde, por favor.

Están pasando cosas preciosas en esta primavera madrileña. Por ejemplo, la constatación de que una ardilla podría atravesar España de expresidente en expresidente del Gobierno. Cuando no es González es Zapatero, y es siempre Aznar. Los tres deseosos de hacer declaraciones y de hacer frente al edadismo, que es la segunda causa de discriminación en el mundo tras el racismo.

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