Así se prepara una encuesta

En lo que a publicación de encuestas se refiere, los últimos cuatro meses han sido intensos. Los comicios al Parlamento Europeo, la abdicación del Rey, el

Foto:  El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. (EFE)
El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. (EFE)

En lo que a publicación de encuestas se refiere, los últimos cuatro meses han sido intensos. Los comicios al Parlamento Europeo, la abdicación del Rey, el auge del ‘fenómeno Podemos’ y las elecciones primarias a la Secretaría General del PSOE han elevado el interés por la política española, que está experimentado cambios notables.

Uno de estos cambios, por el que hay que mostrar agradecimiento al PSOE, ha sido la decisión de los socialistas de permitir que su secretario general sea elegido por todos los militantes del partido. Debido a esta medida del Partido Socialista, en España nos hemos encontrado con una dinámica inédita hasta la fecha: por primera vez los delegados del PSOE, que son elegidos por los respectivos órganos territoriales del partido para representar a sus militantes en el Congreso Federal, no han elegido al Secretario General. Por tanto, las alianzas y los pactos entre bambalinas perdieron en las últimas primarias del PSOE el notable peso que hasta ahora habían tenido. Esta decisión ha abierto una nueva veta de análisis: la del voto del militante. Por cierto, es de justicia reconocer que el detonante de este cambio dentro de las filas socialistas fue el nuevo modelo que Podemos puso en marcha para la elección de su lista electoral de cara a los últimos comicios europeos, aunque la formación de Pablo Iglesias abrió el voto a cualquier ciudadano interesado, no sólo a militantes.

Tenemos, pues, un final de curso político en el que las aguas bajan caudalosas y algo revueltas. Para comprender mejor qué está pasando, en IdV hemos decidido revisar encuestas publicadas desde mayo hasta la actualidad en los principales medios de comunicación españoles. Como fruto de esta revisión hemos hecho una recopilación de conceptos de cara al nuevo año político, que promete ser tan apasionante –si no más– que el anterior.

Toda encuesta, para ser digna de crédito, deberá informar de su metodología de trabajo, lo cual implica aportar el tamaño de la muestra –el número de entrevistados–, las fechas en que fue realizada y el margen de error

Entremos en materia. En primer lugar nos gustaría señalar a los lectores de IdV que toda encuesta, para ser digna de crédito, deberá informar de su metodología de trabajo, lo cual implica aportar el tamaño de la muestra –el número de entrevistados–, las fechas en que fue realizada y el margen de error. Así tendremos unos parámetros sobre los que valorar la certeza de los datos que tenemos delante. En segundo lugar, toda encuesta con el calificativo de “seria” no dejará la recogida de datos al azar y, en tercer lugar, procurará que su muestra tenga una segmentación –por ejemplo: edad, sexo, creencias, situación social; depende cual sea el objetivo de la pesquisa– proporcional al grupo de población que pretende estudiar. Esto no es tan sencillo como pudiera parecer; para identificar mejor una muestra, has de hacer muchas preguntas a los encuestados, y demasiadas preguntas hacen que los entrevistados se retraigan.

Estos puntos, que podrían parecer evidentes, luego, a tenor de las encuestas que hemos analizado, no lo son tanto. De hecho, nos ha sorprendido encontrar varios artículos sobre encuestas que ni siquiera nombraban el tamaño de su muestra.

Hace menos de un mes -el pasado 6 de julio- el periódico La Razón publicó una encuesta de NC Report sobre las primarias al PSOE que ni especificaba el tamaño de su muestra ni proporcionaba su margen de error. Tampoco hacía referencia a la representación de cada provincia, al método de recogida de datos -¿entrevista presencial, telefónica, online?- o al tipo de preguntas realizadas.

En esta misma encuesta también vemos que se habla de “votantes”. Deducimos, por tanto, que la investigación se realizó entre personas que habían votado al PSOE en anteriores elecciones. Ahora bien, sería interesante descubrir cómo se llegó a estos votantes socialistas. ¿Se encuestó a la población en general y luego se extrajo la opinión de los que reconocieron haber votado al PSOE o ser votante del PSOE fue el filtro previo para contestar el cuestionario? Además, tampoco sabemos cuándo votaron ‘socialista’. ¿En las Legislativas de 2011? ¿En las Europeas de 2014? Solo en lo que respecta al nivel de abstención, la diferencia entre estas dos elecciones fue muy relevante. 

Si quisiéramos diseñar nuestra propia encuesta sobre las primarias socialistas, podríamos fijarnos en el último recuerdo de voto del CIS. Otra opción sería centrarnos en los militantes socialistas, comenzando por ver su reparto a lo largo del territorio nacional. Si nos decantamos por esta segunda posibilidad,  y tomamos como base los datos que ofrece el propio PSOE, tendremos el siguiente gráfico: 

El propio PSOE facilita los datos de distribución territorial de sus militantes. Ahora bien, ni el PSOE ni ningún otro partido nos van a facilitar los datos personales de sus afiliados, con lo que será mucho más fácil encontrar a alguien que conteste que ha votado al PSOE que a alguien que diga que es militante del PSOE. Dicho más claramente: si queremos localizar a 800 militantes, necesitaremos gastar mucho más tiempo y/o dinero en la recogida de datos que si simplemente buscamos 800 votantes.

Para el presente ejercicio, la distribución de militantes es el dato más cercano a lo que queremos estudiar. El siguiente paso en nuestra investigación será obtener los datos de recogida de avales. Aquí los tenemos:

A finales del pasado mes de junio, el PSOE ya nos había dicho cuantos avales aportaba cada uno de sus candidatos por Comunidad Autónoma para sus primarias. En cuanto el número total de militantes socialistas, este es un dato público: son 198.123 personas.

Antes de continuar con el artículo de hoy, hagamos unas precisiones técnicas. Los avales a los que hace un momento hacíamos referencia son el número de firmas de militantes que el PSOE le pide a cada hipotético candidato del partido para concurrir a unas elecciones primarias. Cada militante solo puede avalar a un único candidato; y este debe presentar un mínimo de avales que se correspondan con el 5% del total de militantes. Este 5%, en las primarias que el PSOE acaba de celebrar, suponen 9.874 militantes.

La estrategia básica de cada candidato en las últimas primarias socialistas fue sencilla: movilizar al máximo de militantes para su causa en un tiempo que fue del 13 de junio de 2014, fecha en la que comienzan la recogida de avales, al 13 de julio, día de la votación al secretario general. El margen para cambiar la decisión o preferencia de los militantes socialistas fue muy escaso. Quizás por ello, las respectivas campañas de los candidatos, más que centrarse en posicionamientos políticos concretos, se focalizó en lograr una imagen positiva y en posicionamientos de corte genérico.

Los avales, por tanto, son un buen indicador para calcular la implicación y el voto de los militantes. A la vista del funcionamiento electoral en las primarias socialistas, no parece racional pensar que entre personas que están pagando todos los meses su cuota como militantes exista algún segmento de voto oculto que pudiera pasar desapercibido.

Para comprobar lo que acabamos de decir, comparemos el peso que tiene el PSOE en cada comunidad autónoma con el número de avales recogidos en cada una de ellas. Veremos varias cosas interesantes.

En la parte azul del gráfico representamos aquellas comunidades autónomas en la que el peso de sus avales en las primarias fue proporcionalmente mayor que el peso de su militancia. En la parte roja del gráfico aparece lo contrario, es decir, aquellas otras comunidades donde la representación de avales fue comparativamente menor que el peso total de los militantes socialistas en la región.

El total de avales recogidos –incluidos los provenientes de militantes en el extranjero y de una serie que recogía el voto de las Juventudes Socialistas- fueron casi 75.000 mientras que el total de los militantes socialistas, redondeando, son 193.000. Un dato significativo: fueron el 39% de los militantes socialistas los que participaron activamente en la recogida de avales para proclamar a los tres candidatos que concursaron a primarias.

La conclusión que obtenemos es que, comunidad a comunidad, en la mayoría de los casos el número de militantes por región no se desvía en exceso del total de avales recogidos –ojo: hablamos del total de avales a candidatos, no de candidatos concretos-. Luego hay excepciones evidentes como es el caso de Cataluña, donde su proporción de avalistas fue sensiblemente inferior a su número de militantes -en el primer gráfico de este post veíamos que Cataluña ocupa el segundo puesto en el conjunto del ranking socialista español, justo después de Andalucía-. Que las primarias al PSC y al PSOE se hayan celebrado de forma casi simultánea posiblemente ha tenido mucho que ver en este resultado.

Luego tenemos la famosa ‘cocina’ de las encuestas, que la hay mejor hecha –sería aquella que hace ponderaciones correctas con respecto al conjunto de la población que está observando- y peor hecha –es aquella otra que busca satisfacer expectativas-

La Comunidad Valenciana, en cambio, es la más activa en lo que a número de avalistas se refiere. Un hecho queda claro: los militantes socialistas valencianos parecen muy comprometidos con el cambio, dato que debería de alertar al PP, que gobierna en la región desde hace 19 años. En Valencia también apreciamos un detalle curioso: en el conjunto de España, esta comunidad recoge la cuarta menor diferencia de voto entre Madina y Sánchez, que fue quién finalmente venció en dicha comunidad, es decir; hubo mucha actividad y, además, mucha lucha.

Para montar la encuesta, ya hemos delimitado un universo, que es el de los votantes socialistas españoles, aunque, insistimos, el ideal hubieran sido los militantes. También tenemos marcada una representatividad: la proporción de militantes socialistas en cada Comunidad Autónoma. Ahora tenemos que decidir cuál será el tamaño de la muestra, que esencialmente depende de lo fino que queramos hilar. De la relación entre la población y el tamaño de nuestra muestra obtendremos el margen de error, que es el porcentaje que indica el intervalo en el que podrían variar los resultados. Toda encuesta que se precie deberá de publicar este porcentaje.

Pongamos un ejemplo. Imaginemos un hipotético sondeo a primarias del PSOE realizado a 200 votantes en el que la diferencia que separara a Madina de Sánchez fuera de un 5% en favor de Madina. Este sondeo tendría un margen de error de ± 6,9%. Con dicho margen de error, que es superior a la diferencia entre candidatos que estamos anunciando, no podríamos tener la certeza de que la diferencia final en las primarias o que el candidato ganador fuera a ser el anunciado en el sondeo.

En conclusión, si queremos dar motivos para que los lectores confíen en una encuesta, hay una serie de  datos –criterios de selección, representatividad, fechas, tamaño de la muestra y margen de error- que deberían de ser publicados junto a los mismos resultados de la encuesta.

Luego tenemos la famosa ‘cocina’ de las encuestas, que la hay mejor hecha –sería aquella que hace ponderaciones correctas con respecto al conjunto de la población que está observando- y peor hecha –es aquella otra que busca satisfacer expectativas-. Los platos y condimentos utilizados en las cocinas de las diversas empresas demoscópicas será el suculento tema que serviremos a los lectores de IdV en un próximo post.

*José Barros @barrospress, periodista y consultor de comunicación, y Enrique Cocero @EnriqueCocero, fundador de la consultora de análisis 7.50 y miembro del consejo asesor de Government Consulting Group.

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