Política y redes sociales: el abrumador dominio de Podemos y los anticasta

Acabamos de asistir, esta misma semana, al nacimiento y apertura del portal Web sobre transparencia en la Administración del Estado, un portal que ha sido puesto

Foto: Pablo Iglesias, secretario general de Podemos (Gtres)
Pablo Iglesias, secretario general de Podemos (Gtres)

Acabamos de asistir, esta misma semana, al nacimiento y apertura del portal Web sobre transparencia en la Administración del Estado, un portal que ha sido puesto en marcha por el Gobierno de España. Gracias a la publicación de esta información podemos saber cuántos altos cargos cobran más dinero que el presidente, Mariano Rajoy. Sin embargo, en IdV hay un dato que nos ha llamado más la atención; nos referimos a las subvenciones públicas que el Estado otorga a los distintos partidos políticos españoles para las campañas electorales.

En la reciente campaña electoral al Parlamento Europeo, los populares han percibido en forma de subvención del Estado casi 4,5 de euros. Pero tras cruzar los datos vemos que el PP es el partido que mejor ha rentabilizado a sus diputados electos. Cada europarlamentario popular ha costado el 6% de su presupuesto electoral total. Por el contrario, los eurodiputados más caros, en términos absolutos, han sido los de Izquierda Plural: cada uno de ellos ha costado 285.000 euros a las arcas públicas. Lo analizamos más en detalle en la siguiente tabla:

 

También vemos que Podemos ha sido el partido político que mejor ha optimizado el dinero donado por las arcas públicas españolas: con la subvención más baja (112.439 euros) han obtenido los eurodiputados más low cost (22.500 euros aproximadamente).

Insistimos en que son subvenciones públicas y en que el portal no observa donaciones como los 3,7 millones que el Gobierno de Venezuela otorgó desde 2002 a la fundación Centro de Estudios Políticos y Sociales (CEPS), de la que varios dirigentes de Podemos –incluidos Pablo Iglesias e Íñigo Errejón– han formado parte de su junta directiva. En cualquier caso, ¿qué método electoral ha empleado Podemos para rentabilizar tan bien las subvenciones que le ha otorgado la Administración del Estado? La respuesta la tenemos delante de nuestros ojos: cercanía con el elector, saber bajar a la calle y escuchar a la gente, todo ello unido a un hábil manejo de las redes sociales.

“Escuchar lo que la calle nos quiere decir, buscar el cara a cara con los votantes…”; son expresiones clásicas, que antes oído hemos en multitud de campañas electorales y, en su reverso, en muchas resacas electorales, véase el clásico “no hemos sabido escuchar a la calle”. De hecho, la primera de estas expresiones la escuchamos con fuerza hace cuatro años en aquel fenómeno social que fue llamado el 15M.

Si hablamos de Podemos, su presencia en las redes sociales solo se puede calificar de arrasadora: casi 500.000 seguidores en Twitter y casi un millón de “likes” en Facebook. Recordamos que estamos hablando de un partido político que en las últimas elecciones europeas –la primera vez que se presentó a unos comicios- obtuvo 1,2 millones de votos

Presentado el escenario del post de hoy nos surge la primera pregunta: ¿en una campaña electoral importa realmente lo que dice la calle? En 1998, Alan Gerber (Yale) y Don Green (Columbia) demostraron que, efectivamente, sí; e importa mucho, además. Si un voluntario del candidato X va a hablar con un potencial votante, este hecho causa más efecto en el potencial votante que, por ejemplo, un email o una llamada telefónica. Posteriores experimentos sociológicos con las redes sociales han demostrado que sigue sin haber nada más efectivo que el trato personal con el votante.

Sea como fuere, en España no nos prodigamos en el contacto personal –no estamos contando el besar niños ni la visita a los mercados, sino el interactuar de manera seria con el elector–, y el hecho evidente es que los social media han cobrado una enorme fuerza en el mundo de la política, al punto de haberse convertido en la vía de moda –y desde luego en la más rápida– para llegar a los electores. Con anterioridad al fenómeno de Podemos –y puede en parte que como inspiración suya– hemos visto la campaña de Barack Obama en 2008: de un presupuesto total de 16 millones dólares, se destinaron 643.000 (4%) para publicitar su cuenta de Facebook.  

En 2008 los seguidores de Obama en FB rondaban el millón. Cuatro años más tarde, cuando competía en la reelección, llegaba a los 16,5 millones de seguidores. A fecha de hoy,  43 millones de personas en alguna ocasión han pulsado el botón del like en el muro de Obama. En cuanto a Twitter, Obama tiene 51 millones de seguidores, para los que ha publicado casi 13 millones de tuits.

¿Y en España? ¿Cuál es la penetración de las redes sociales en nuestro país? Con datos de 2014 sabemos que hay 18 millones de usuarios activos de Facebook, de los cuales 12 millones hacen un uso diario de la red social. En cuanto a Twitter, vemos que un 14 % de la población española dispone de cuenta propia, lo que nos posiciona como el tercer país del mundo. ¿Merecerían por tanto las redes sociales ser tratadas como un capítulo propio en el diseño de cualquier estrategia actual de marketing político?

Parar tratar de calibrar mejor la ecuación ‘política / redes sociales’, miremos el barómetro del CIS de septiembre de 2014; un barómetro que nos aporta valiosa información sobre el uso del social media, y además lo hace teniendo en cuenta tanto el recuerdo de voto como la ideología de los encuestados –como dicho barómetro no incluye a Podemos, nos quedamos solo con la opción de ideología–: 

 

A lo largo de todo el espectro ideológico derecha-izquierda, Facebook arrasa como la red social más popular en España, seguida por Twitter. En tercer lugar tenemos a LinkedIn, posicionada espacialmente bien entre los usuarios que ideológicamente se definen como de centro o de centro-derecha.

De acuerdo, los españoles usamos Facebook, pero ¿acudimos a las redes sociales para la cuestión política? El PP tiene 183.000 seguidores de Twitter, mientras que en Facebook no llega a los 80.000 likes. En cuanto al PSOE, un partido que ha compartido estrategias de campaña con Obama, está en la misma línea que el PP, también con mejor presencia en Twitter (187.000 seguidores) que en Facebook (75.100 likes). Si hablamos de Podemos, su presencia en las redes sociales solo se puede calificar  de arrasadora: casi 500.000 seguidores en Twitter y casi un millón de likes en Facebook. Recordamos que estamos hablando de un partido político que en las últimas elecciones europeas –la primera vez que se presentó a unos comicios– obtuvo 1,2 millones de votos. 

 

Hasta aquí hemos visto la incursión que desde las redes sociales se hace dentro del ámbito de la política española. Ahora bien, para valorar en su justa medida la capacidad de penetración e influencia que tiene el social media a nivel político, tendremos que contrastar el peso de los usuarios ‘políticos’ de las redes sociales con el conjunto total de la sociedad española. Y aquí comenzamos a toparnos con una visión más tamizada de la realidad.

Según el primer barómetro político de Séntisis, elaborado para medir la opinión de los ciudadanos españoles en las redes sociales, cada día se hacen más de 100.000 menciones de contenido político en las redes. Sin embargo, todo este caudal de comunicación lo generan 20.000 usuarios al día.

Así pues, descubrimos que una cosa es tener un perfil en una red social o clickar un “me gusta” en alguna ocasión y otra cosa muy distinta es participar de manera activa y permanente en el ámbito político a través de las redes sociales.

Volvamos al barómetro de Séntisis para descubrir otro dato: del más de un millón de menciones que el PP recibe en las redes sociales, 40.772 son de corte positivo, 278.080 son negativas y 712.574 son de corte neutral. En cuanto al PSOE, de las 597.000 menciones que recibe, 25.214 son positivas, 119.880, negativas y 451.314, neutras. Es curioso, pero son proporcionales. ¿Otro efecto del bipartidismo?

Hasta aquí hemos hablado sobre la cantidad de comunicación de contenido político que generan las redes sociales en España. En cuanto a su capacidad para configurar la opinión pública, existe la creencia de que las redes sociales, y en particular Twitter, están democratizando el hecho de opinar. Según dicha creencia, las élites políticas y administrativas estarían perdiendo su posición de superioridad a la hora de crear imágenes –frames– que trasladar a los ciudadanos y la opinión pública. De igual modo, y según esta misma creencia, los medios de comunicación estarían perdiendo en favor de las redes sociales el papel de intermediadores que juegan entre los ciudadanos y las élites políticas a la hora de difundir los frames por cascada.

Sin embargo, tal y como demuestra la tesis que el profesor Javier Lesaca, de la Universidad de Navarra, está desarrollando bajo la dirección de Teresa Sádaba, la realidad es bien diferente. Lesaca defiende que la creación y difusión de frames en forma de cascada sigue vigente dentro de las redes sociales; sencillamente han cambiado los actores. Ahora son determinados movimientos sociales los que se han convertido en una nueva élite que controla la creación y la difusión de los mensajes, al punto de llegar a monopolizar el espacio de la opinión pública. En algunas ocasiones, también se está produciendo un baile de máscaras de los actores; una baile en el que políticos y medios de comunicación tradicionales se disfrazan de movimientos sociales –ciudadanos– con el fin de ganar credibilidad en la difusión de los mensajes hacia los ciudadanos.

Visto el número real de usuarios que diariamente opinan sobre política a través de las redes sociales en España –recordamos: 20.000 perfiles-, no parece que en un futuro inmediato el social media vaya a sustituir los cauces vigentes de dirección, movilización e información política

Pero hay más. La difusión de estos mensajes, tal y como señalan los estudios de Lesaca, es endógena, es decir, son mensajes que interactúan principalmente con el mismo grupo de usuarios, llegando a producir, sobre el total de mensajes lanzados acerca de un tema en particular, hasta un 73% de simples retuits sin mayor aportación frente a al 9% de mensajes nuevos relacionados con la conversación.

Curiosamente, la tesis del profesor Lesaca sobre la vigencia de las élites dentro del ámbito de las redes sociales guarda no poca semejanza con las recientes declaraciones de Pablo Iglesias, en las que afirmaba que las movilizaciones callejeras posteriores a los atentados terroristas del 11-M –incluido el famoso SMS de “¡Pásalo!”–, lejos de ser un movimiento social espontáneo –tal y como ahora afirma el PSOE–, se gestó en el entorno que el profesor Iglesias tiene en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid. Después de visto lo visto, puede que optaran por popularizar el término casta por temor a verse incluidos si lo denominaban élite.   

En todo caso, visto el número real de usuarios que diariamente opinan sobre política a través de las redes sociales en España –recordamos: 20.000 perfiles–, no parece que en un futuro inmediato el social media vaya a sustituir los cauces vigentes de dirección, movilización e información política. Tal vez, hasta que la cultura cambie –si es que cambia–, las redes sociales seguirán siendo lo que son hasta ahora: una commodity para establecer contacto entre políticos, voluntarios y ciudadanos.

Así al menos lo entienden en EEUU, país donde, valorando al máximo el social media, han entendido que la clave para la movilización de los votantes en sus próximas elecciones presidenciales se encuentra en las técnicas de análisis de datos para decir a qué electores contactar de manera prioritaria; una información que convenientemente procesada, luego, vía app, se transmite a los voluntarios de los partidos políticos para que al final vayan a visitar a los potenciales votantes en el clásico, efectivo y tan poco original ‘puerta a puerta’ de toda la vida.

 

José Barros (@barrospress) es periodista y consultor de comunicación. Enrique Cocero (@EnriqueCocero) es fundador de la consultora de análisis 7.50 y miembro del consejo asesor de Government Consulting Group.

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