Participación y voto oculto, claves en Madrid… y sobre todo Valencia
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Enrique Cocero | José Barros

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Participación y voto oculto, claves en Madrid… y sobre todo Valencia

Vistas las expectativas levantadas en las recientes elecciones andaluzas tras su resultado final, el escenario postelectoral de las elecciones del próximo domingo queda abierto a la conjetura

placeholder Foto: Los sobres y las papeletas que decidirán miles de Ayuntamientos el próximo domingo 24 de mayo. (EFE)
Los sobres y las papeletas que decidirán miles de Ayuntamientos el próximo domingo 24 de mayo. (EFE)

Hace dos semanas echamos un ojo a las encuestas para el Ayuntamiento y la Asamblea de Madrid. Vimos que los datosdaban vencedor al PP en ambas elecciones. En estos sondeos, los resultados para el PP, en comparación con el resto de partidos, divergían muy poco: un 32,9% de media para la Asamblea y un 35,1% para el Ayuntamiento.

Estos datos ya incluían el adelanto del CIS de abril. En este barómetro, para el ayuntamiento también se daba al PP como ganador:34,7% en la Asamblea y medio punto menos el Ayuntamiento con un 34,2%.

El resto de encuestas publicadas –hasta el límite legal marcado para el pasado lunes–hacían subir al PP dos décimas, las mismas que bajaba el PSOE, quedandoPodemos yCiudadanos prácticamente igualados.

Viendo la progresión de los datos a lo largo de las últimas semanas, el PP podría conseguir en la Asamblea hasta 45 escaños, el PSOE no más de 30 y Podemos y Ciudadanos estarían entre los 24 y 26 escaños, con más posibilidades de que los progresistas superen a los centristas. Pero vistas las expectativas levantadas en las recientes elecciones andaluzas tras su resultado final, el escenario postelectoral queda abierto a la conjetura.

Dicho esto, muy pocas de estas encuestas han hablado de los indecisos o de la abstención. Creemos que es un tema por tratar ya que siempre se ha señalado cómo los partidos se ven condicionados por el grado de asistencia a las urnas.

Hagamos un poco de historia y recuperemos resultados y participación desde las municipales de 1995. Antes dejaremos las elecciones autonómicas fuera de este ejercicio de memoria porque de las cuatro ciudades que hemos cogido como ejemplo –Madrid, Barcelona, Valencia y San Sebastián–, en dos de ellas sus elecciones autonómicas no se celebran al mismo tiempo que las municipales.

Lo primero que nos llama la atención de las ciudades elegidas para la muestra es que Barcelona es la ciudad más abstencionista. Si quitamos el año 1995, sólo le supera en una convocatoria Sevilla, en la de 2003: Barcelona, 40,85% de abstención y Sevilla, 41,5%.

En estos 16 años observamos que la media nacional de abstencionismo se mantiene en el 33,7%. Si calculamos la abstención media de las ciudades elegidas en nuestra muestra, sólo Madrid y Valencia están por debajo de esa media: 33,3% y 31,7%, respectivamente.

Aquí es dónde surge la pregunta: ¿y qué sucede con el voto oculto? Esta cuestión siempre se destaca especialmente para el Partido Popular, pero en el caso de dos importantes ciudades que acabamos de ver –Madrid y Valencia–no parece que haya habido mucho voto oculto; en todas las convocatorias han ganado los populares sin apenas problemas.

Así que toca preguntarse:¿qué señalan las encuestas sobre la abstención? Podríamos decir que “no mucho” si nos atenemos a la gente que el pasado abril manifestó al CIS que explícitamente no van a votar.

Con los datos en la mano del adelanto del CIS de la encuesta preelectoral por provincias y comunidades autónomas, hemos cogido como muestra las ciudades de Barcelona, Madrid y Valencia y las comunidades madrileña y valenciana. Si llamamos "no alineados" a aquellos encuestados cuya respuesta ha sido "no voy a votar", "no sé aún a quién votar" o "no voy a decir a quién voy a votar", descubrimos un dato curioso: los que dicen que se abstendrán son muchos menos que el histórico de abstención en cada uno de los entornos electorales comentados. Si la abstención histórica supera el 30% en todos ellos, en la encuesta del CIS los abstencionistas declarados apenas superan el 9%.Pero, como vemos en el gráfico de abajo, el conjunto de los no alineados se aproxima–en algún caso lo hacemucho, además–a la abstención registrada en las mismas elecciones de 2011.

Si vamos un paso más allá y vemos las preelectorales del 2011 en Madrid capital, declararon que no irían a votar un 7,9% de los encuestados, que no sabía su voto un 16% y que declinaron contestar un 6,7%. Total,un 31%. La abstención real en 2011 en Madrid fue del 32,8%. En cuanto a la Comunidad de Madrid, declararon que no votarían un 8,4%, que no sabían un 22% y no contestabaun 7,5%. Total, un 37,8%. La abstención real fue de un 34,1%.

Algo similar sucede en todas las muestras salvo en las elecciones de la Comunidad Valenciana, donde hay una diferencia más sensible entre la abstención histórica y las respuestas al CIS. Por tanto, la pauta parece consolidarse, si bien el número de indecisos este año es algo más alto. Primera conclusión: hay indicios de voto oculto, al menos en la Comunidad Valenciana. Así pues, se presenta una noche de recuento interesante, y especialmente interesante en la Comunitat.

Lo cierto es que el escenario al que nos enfrentamos es nuevo: nunca habíamos tenido con anterioridad cuatro partidos en liza y menos aún con diferencias tan cortas; pero si hay voto oculto, que ya vemos que lo hay, tenderá más a favorecer a los clásicos que a los nuevos ya que el factor novedad hace que el encuestado tienda con mayor frecuencia a manifestar su opinión que a ocultarla. Es decir,si el encuestado va a votar a Podemos o a Ciudadanos, es más proclive a responderlo en una encuesta que a mantenerse en la sombra.

Esto nos lleva a la última cuestión. ¿A quién favorece la abstención o la participación? ¿Es cierto que la abstención favorece a conservadores? Si nos atenemos a los datos que hemos manejado para este artículo, vemos que contestar que sí a esta última pregunta puede resultar aventurado en exceso.

En el eje horizontal se representa la participación y en el vertical, el porcentaje de votos que se llevó el vencedor de la convocatoria. En Madrid y Valencia, el PP ha ganado siempre con gran ventaja cuando ha habido una participación significativa.

En Sevilla vemos que la última convocatoria destacó por su participación y por el margen de votos que el ganador obtuvo sobre el resto de las elecciones estudiadas. Puede que este resultado respondiera a un comportamiento de castigo ya que en las elecciones de 2007 hubo victoria del PP, pero por sólo de 4.242 votos sobre los que obtuvo el PSOE y acabó gobernando el socialista Alfredo Sánchez. Cuatro años más tarde no sólo Zoido recolectó 37.000 votos más, sino que el PSOE perdió más de 25.000.

En cambio, en San Sebastián, un escenario fragmentado ha favorecido al PSOE. Es más, una fuerza de izquierdas como Bildu obtuvo una débil victoria en la segunda convocatoria con la segunda menor participación en los últimos 20 años. Barcelona presenta un escenario similar en fragmentación, que da una ventaja parecida para los socialistas, si acaso –como ya vimos–con un nivel de participación menor.

En resumen, no es la abstención lo que ha venido favoreciendo al Partido Popular; son los escenarios políticos con pocos actores lo que les beneficia. Todo ello hace mucho más interesante la convocatoria de este próximo domingo ya que, sobre el papel de las encuestas, la tarta ahora hay que repartirla con dos convidados más.

*José Barros(@barrospress) es periodista y consultor de comunicación. Enrique Cocero(@EnriqueCocero) es fundador de la consultora de análisis 7.50 y miembro del consejo asesor de Government Consulting Group.

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