24-M: El éxito de la campaña 'a pie de calle' de Carmena y Cifuentes

Sin lugar a dudas, las elecciones del pasado 24 de mayo han supuesto un hito electoral. ¿Hemos llegado a un momento en el que la gestión del candidato está por encima de la del partido?

Foto: La candidata del PP a la Presidencia de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, saluda a su llegada a un acto público en La Casa Grande de Torrejón de Ardoz. EFE
La candidata del PP a la Presidencia de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, saluda a su llegada a un acto público en "La Casa Grande" de Torrejón de Ardoz. EFE

El 24 de mayo de 2015 ha supuesto, sin duda, un hito electoral. La cuestión ahora es cómo pasará a la historia de los comicios españoles. ¿Será el día en el que todo empezó a cambiar? ¿O simplemente será el día en el que comenzó a visualizarse un reparto más amplio de la representatividad política?

Para responder estas preguntas hemos de esperar a las próximas elecciones generales. En cualquier caso, se ha consolidado la tendencia, iniciada en las pasadas elecciones europeas, y que luego ha proseguido en las regionales andaluzas de marzo, en la que aparecen más actores repartiéndose la tarta electoral. Dicho esto, y con los resultados en la mano del pasado domingo, quizás la numérica de partidos en el Parlamento no cambie demasiado (entran unos nuevos, pero desaparecen otros). Sin embargo, las proporciones de reparto parece que van a sufrir una alteración.

Antes de comenzar a repasar las encuestas para las próximas elecciones generales, echemos por un momento la vista atrás. En la noche electoral, justo antes de comenzarse a ver los resultados, GAD3 lanzó un sondeo que, a la luz del resultado final, nos atrevemos a calificar de muy preciso. 

Esta agencia madrileña fue la primera en adelantar con acierto –y cuando aún no había comenzado el recuento– el reparto final de la votación en el territorio nacional, un reparto que tenía una complicación añadida, dado que las plataformas ciudadanas esponsorizadas por Podemos han tenido multitud de nombres distintos: casi uno diferente según fuera el municipio en el que se presentaban.

Vayamos ahora a los resultados del 24-M. Lo que vimos no fue ciertamente un triunfo conservador similar al británico –anunciado por canales cercanos al PP– ni tampoco la profunda transformación que los medios afines al progresismo veían llegar. Lo que más bien se nos pasó por la cabeza en IdV lo podríamos resumir en una frase: “Bienvenidos al Knesset”. El Knesset es el Parlamento de Israel, con sede en Jerusalén. Esta Cámara de representación cuenta con 120 asientos actualmente repartidos entre 10 formaciones políticas distintas. La mayoritaria es el Likud, con 30 diputados, y la más pequeña es el Meretz, con 5. Otra curiosa coincidencia entre Israel y España es que ambos Estados tienen una ley electoral que incluye el método de Víctor D’Hont. La situación de fragmentación política del Knesset no es nueva y los pactos y alianzas políticas en Israel son una constante.

Y esta situación de alianzas y pactos justo es lo que comenzaremos a vivir en muchos ayuntamientos y parlamentos regionales españoles. El lienzo que comienza a esbozarse para el próximo Congreso de los Diputados también parece que incluirá a los nuevos actores políticos, si acaso atenuado por la caída de IU y de UPyD.

Manuela Carmena, candidata de Ahora Madrid a la Alcaldía de Madrid. (EFE)
Manuela Carmena, candidata de Ahora Madrid a la Alcaldía de Madrid. (EFE)

Si hacemos memoria con el preelectoral de la pasada semana veremos varias cosas. En primer lugar, la participación –o la ausencia de la misma–. La abstención en el conjunto de España fue algo mayor que en las regionales de 2011 (33,8% frente a un 35,1% del pasado domingo). Pero este dato hay que matizarlo. Si nos fijamos en las 16 ciudades más pobladas de España y añadimos, por su relevancia política, dos más –Toledo y San Sebastián–, entonces descubrimos que la abstención crece hasta un 37,8% de media.

La ciudad con mayor participación sigue siendo Valencia, con un 27,9% de abstención, y las más apáticas son L’Hospitalet, Palma de Mallorca y Málaga, que se mueven en torno al 46% de abstención.

El gráfico que presentamos a continuación es el mismo que el de la pasada semana, pero incluyendo también el índice de abstención de las elecciones celebradas el domingo. Descubrimos que en las cuatro ciudades escogidas antes de las elecciones hubo menor abstención, siendo el caso más relevante Barcelona, que en cuatro años ha logrado reducirla casi en 8 puntos.

Otro detalle interesante que percibimos es que las expectativas políticas, de cuatro años a esta parte, han cambiado mucho. Sólo en el caso de una ciudad el giro ha sido hacia un partido tradicional (el PNV ha desbancado a Bildu en San Sebastián). Asimismo, hay que apuntar que todas ellas ofrecen escenarios de fragmentación política. 

Recordemos que la abstención forma parte de la estrategia de toda campaña electoral, bien para animar a votar, bien porque puede interesar que ciertos segmentos de votantes se queden en casa, bien porque directamente nunca se cuenta con el 100% de los votos. Dicho esto, el factor abstención-participación no ha tenido una conducta uniforme a lo largo de todo el territorio nacional.

De hecho, si miramos barrio a barrio las dos ciudades más importantes de España, descubrimos tres hechos destacables. El primero, ya comentado, es que Madrid es una ciudad electoralmente más participativa. El segundo hecho, más acentuado en Barcelona, es que los distritos en donde hubo un mayor índice de participación la victoria fue para un partido "tradicional". El tercer hecho, que sólo vemos en Madrid, es que una fuerte participación en los distritos donde ha ganado el PP ha llevado finalmente la victoria a este partido en el global de la ciudad. Por ello, deducimos que CiU no ha sacado todo el rendimiento que debería a su electorado ni a los distritos donde son fuertes. Es decir, no ha sabido movilizarlo.

Como todo, estos tres hechos señalados tienen sus matices. Por ejemplo, las cortas diferencias entre ganador y segundo en las dos ciudades. En Madrid, en los distritos de Puente de Vallecas y Latina, ambos con más de 100.000 votantes, Manuela Carmena ha salido vencedora en los dos. Si bien Esperanza Aguirre en Latina se ha quedado a 700 votos de la exjueza, en Puente de Vallecas la segunda fuerza más votada ha sido el PSOE, que con Ahora Madrid aúna el 75% del voto. Si a esto sumamos que los dos distritos están por debajo de la media de participación de la capital, las victorias del PP en otros distritos ganan más peso, aun con poblaciones menores.

Vemos, en apariencia, que los partidos todavía no han trabajado de forma efectiva su capacidad para alentar o desalentar al voto (una cosa que es no te voten a ti y otra, que el que nunca te votará tampoco vote a tu adversario; esta es la difícil geometría del marketing electoral que queda pendiente de trabajar). 

Otro punto a considerar en estas pasadas elecciones es la forma tan personal y relevante que ha tenido la gestión de la marca del candidato y de su agenda política. Tenemos en mente, por supuesto, a Ada Colau, que adelantó a Xavier Trias en más de 17.000 votos, o la victoria sin paliativos de Abel Caballero en Vigo. Pero en el mismo tiempo que Colau se lanza a por la alcaldía de Barcelona, Cristina Cifuentes y Manuela Carmena desarrollan sus campañas con dispares resultados en el mismo territorio. Si comparamos resultados sólo en Madrid Capital, la exjueza casi dobló en votos a su compañero de partido (o, al menos, candidato afín) José Manuel López.

Cristina Cifuentes ha llevado adelante su propia campaña pese a tener siempre que escuchar la eterna pregunta en torno a su rivalidad con Aguirre y teniendo en contra una campaña adversa como la de Hazte Oír. Carmena ha prescindido explícitamente de la marca Podemos y ha contado con acciones de comunicación virales llevadas a cabo por voluntarios. Ambas son ejemplos de candidatos con agenda propia y que se han visto arropados y sincronizados con segmentos externos a la operativa del partido (voluntarios, asociaciones, sociedad civil…). Esto se ha traducido en relevancia y efecto positivo a nivel del resultado. Estas dos políticas han hecho unas campañas que buscaban llegar al ciudadano, sea su público más afín o no. Si lo comparamos con un término comercial, esto sería retail o venta a pie de calle, que en el fondo es el entorno natural de unas elecciones locales.

¿Hemos llegado a un momento en el que la gestión del candidato está por encima de la del partido? Quizás sí. Sobre todo después de ver cómo otros candidatos han emulado al radical francés Ledru-Rollin cuando dijo (posiblemente se trate de una cita apócrifa): "Ahí va mi gente. Averigüemos ahora a dónde va para poder liderarlos".

 

*José Barros (@barrospress) es periodista y consultor de comunicación. Enrique Cocero (@EnriqueCocero) es fundador de la consultora de análisis 7.50 y miembro del consejo asesor de Government Consulting Group.

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