Se equivocó Susana al adelantar Andalucía… y se la pegará Artur Mas

Mientras que Susana Díaz está pagando el exceso de premura que supuso convocar unas elecciones anticipadas, el escenario catalán de Artur Mas se presenta complicado tras la victoria de Colau

Foto: Imagen de archivo de Susana Díaz, presidenta de la Junta de Andalucía junto a Artur Mas, presidente de la Generalitat de Cataluña. (EFE)
Imagen de archivo de Susana Díaz, presidenta de la Junta de Andalucía junto a Artur Mas, presidente de la Generalitat de Cataluña. (EFE)

Abril de 2014. La fecha parece reciente pero, tal y como se están desarrollado los hechos en la vida política española, este momento queda ya casi tan lejos como la infancia… 

En el post que publicamos en IdV a mediados de aquel mes, el runrún político sugería que Susana Díaz, la actual presidenta de la Junta de Andalucía, debería convocar elecciones anticipadas para, de este modo, dotar de mayor legitimidad a su estancia en el Palacio de San Telmo (por entonces todavía ocupaba el cargo únicamente gracias a la designación directa de José Antonio Griñán). En aquel instante, el panorama político en la región más poblada de España presentaba solo tres actores (PSOE-A, PP e IU) y un gobierno de coalición de los socialistas con IU. En cuanto al PP, estaba en la oposición pese a haber ganado las elecciones, pero no lo había hecho con la mayoría absoluta, que era el único resultado que les valía a los populares para gobernar. Además, desde la salida de Javier Arenas no lograba remontar en las encuestas.  

A esta situación hemos de añadir un PSOE-A que había perdido 3 puntos de intención de voto en dos años y una IU que, a pequeños pasos, aumentaba su influencia. Todo parecía indicar que el PSOE podía sacar partido de aquel statu quo; el PP, lejos de repetir una victoria tan abultada, perdía terreno; mientras, los socialistas, aunque no lo ganaban, tampoco parecían perder espacio de forma apreciable. Conclusión: mejor no tocar las cosas porque unas elecciones implicarían un nuevo pacto de gobierno y esto podría facilitar las cosas a los socios de IU.

Si prestan atención al gráfico de más arriba, algún lector se preguntará de qué hemeroteca hemos desempolvado el reflejo de este remoto momento político dónde sólo aparecen tres partidos. Pues bien; tienen poco más de un año.

Tan solo tres meses más tarde del último sondeo de CAPDEA, aquí incluido, y poco un mes después de la publicación de nuestro post, el panorama político nacional comenzó a cambiar radicalmente al llegar las elecciones al Parlamento Europeo de 2014: el PSOE de Andalucía consiguió el 35,1% de los votos –menos que su última estimación de voto previa a los comicios, y aun así ganando en el territorio–; el PP bajó hasta casi el 26% en Andalucía e IU se quedó en resultados prácticamente idénticos a las elecciones regionales. Pero estamos hablando de abstenciones muy distintas, de prácticamente 20 puntos menos de participación entre las regionales de 2012 y las europeas de 2014. Es decir; mucha gente no fue a votar. También hablamos de la última alegría de UPyD, de la irrupción de Podemos con 190.000 votos y de Ciudadanos con 46.000.

A partir de aquí, la historia cambia. Podemos y Ciudadanos avanzan en la opinión pública, en la publicada y en sondeos. Izquierda Unida se desgasta a pasos agigantados por la entrada de la gente de Pablo Iglesias y, por ello, la Presidencia de la Junta comienza a verse comprometida. En marzo de 2015 se convocan elecciones anticipadas: gana el PSOE-A, sí, pero… falla el timing político. La proximidad de las elecciones locales hace que nadie se quiera mojar haciendo pactos. ¿Y qué tenemos a fecha de hoy? Un pacto cerrado con Ciudadanos prácticamente ayer mismo, tras tres meses de espera e, incluso, haber llegado a hablar de convocar nuevas elecciones regionales. Así pues, la pregunta del millón es la siguiente: ¿qué ha ocurrido desde las elecciones de marzo a las de mayo?

Con un índice de abstención algo superior en las locales a las autonómicas de 2012, el PSOE-A vuelve a ser el partido más votado, pero con menos votos. Y ahora, con menos número de votantes por separado, PP e IU juntos suman más papeletas.

Lo más llamativo, sin embargo, es que Ciudadanos y Podemos evidencian su falta de estructura territorial para concurrir a unas elecciones locales, como contrapunto a su ya notoria presencia en los comicios nacionales, regionales o en las grandes circunscripciones municipales. Esta pauta se repite a lo largo de todo el territorio nacional. De la importancia de la presencia territorial han sacado ventaja los partidos locales de toda la vida. Y de ello se ha dado cuenta Pablo Echenique. Creemos que también lo ha hecho el resto de la élite política de Podemos, aunque no lo hayan verbalizado en público.

Deducimos, por tanto, que Susana Díaz está pagando el exceso de premura que supuso convocar unas elecciones anticipadas. Los nuevos actores han aprovechado la matemática electoral para retrasar hasta las elecciones locales la posibilidad de entrar a formar gobierno. Los viejos actores, PP e IU, también han tensado la cuerda al máximo, quizás porque esta era su única estrategia. Hoy por hoy, la erosión del capital político de Díaz es evidente (aunque con cuatro años de legislatura por delante, recuperable).

Y Cataluña, en la otra punta

En la otra punta de la península tenemos un escenario político tan diferente como apasionante: es el catalán. Artur Mas ya ha anunciado el adelanto electoral regional para el próximo 27 de septiembre (es la tercera convocatoria en cinco años). Si bien es cierto que la convocatoria la ha hecho con mucho más tiempo que Susana Díaz (Mas la hizo en enero), el escenario político catalán desde entonces se ha movido a velocidad de vértigo. La victoria de Ada Colau ha expulsado del ayuntamiento a Trias. Esto puede ser un indicador de que el mapa político catalán de septiembre puede ser muy diferente del que Mas manejaba en sus cálculos, allá por enero.

Y en la comparativa de votos, efectivamente, está cambiando a pasos agigantados. Y volvemos al mismo punto del que hablábamos anteriormente con Andalucía. Estamos viendo el reflejo de un nuevo comportamiento, papeleta a papeleta, en el que hemos intentado aproximar grupos afines (el caso de ENTESA, ERC, Podemos o CUP), dentro de un despliegue de partidos catalán muy atomizado: hay bastantes agrupaciones locales ya que el sentimiento de comunidad, de entorno, en Cataluña, es muy grande: lo más inmediato y cercano es más importante que Barcelona, demostrando así que la marca CiU, actualmente, no está vendiendo. Huelga hacer cualquier comentario sobre el PP, que ha perdido mucho campo.

Lo más sorprendente de todo es ver cómo Ciudadanos no sube y cómo el conjunto de la izquierda, independentista o no, se convierte en la fuerza hegemónica de Cataluña, al menos a la luz de los últimos resultados. Cabe aquí recordar a Enric Juliana cuando le dijo a Pablo Iglesias en el programa Otra vuelta de tuerka que Cataluña es predominantemente de izquierdas

Dicho esto, recordamos que el ayuntamiento de Barcelona en pocas ocasiones ha sido de CiU. Pero este giro de votos, unido a la hipótesis de hacia dónde irán los abstencionistas de las últimas municipales, nos hace preguntarnos qué puede pasar en septiembre, justo después de la Diada.

Para responder esta pregunta, hemos recogido el barómetro de marzo de este año realizado por el CEO (Centre d'Estudis d'Opinió), organismo dependiente de la Generalitat, y lo hemos comparado con el voto real del 2012 en Cataluña. Vemos que, efectivamente, Juliana está en lo cierto. Cataluña gira a la izquierda. Llama la atención que casi uno de cada dos votantes que admiten haber elegido a Artur Mas en 2012 no vaya a repetir ahora su voto.

Es más, aunque el voto de 2012 es mayor de los que en la muestra del CEO recuerdan haber votado a CIU, el desplome en la intención supera con mucho esta diferencia. El PSC también se derrumba. Podemos aparece, como era de esperar, con una cuota decente, pero no asombrosa, y con mayor intención de voto que la reflejada en las recientes locales. Vemos, de nuevo, cómo los partidos independentistas aparecen sobre-representados en la muestra (CUP, Entesa y ERC). En todo caso las autonómicas tienen, de media en Cataluña, casi diez puntos más de participación, con lo que hay votos en juego. 

En resumen, como hemos visto en las locales de 2015, entramos en un periodo intensivo para los candidatos y, ojalá, para los líderes, pero no para los partidos. El partido político ya no es la estructura de aglutinante social que era; tenemos ejemplos como Colau (Barcelona), García Albiol (Badalona) o Marín (L'Hospitalet) y otros fuera de Cataluña así lo demuestran.

 

*José Barros (@barrospress) es periodista y consultor de comunicación. Enrique Cocero (@EnriqueCocero) es fundador de la consultora de análisis 7.50 y miembro del consejo asesor de Government Consulting Group

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