En Cataluña el voto no es solo cuestión de independencia

Una visión de conjunto nos ofrece un escenario no muy consistente con el modelo planteado por la plataforma independentista. Los catalanes demandan estabilidad política y una mejor Administración

Foto: Último pleno de la legislatura en el Parlament de Cataluña. (EFE)
Último pleno de la legislatura en el Parlament de Cataluña. (EFE)

En la última semana hemos asistido a una nueva propuesta política lanzada por el frente catalanista a favor de la independencia. Dicha propuesta consiste en una lista electoral presentada de cara a las catalanas del próximo 27 de septiembre. Está encabezada por Raül Romeva y lleva al president Artur Mas como número cuatro y a Oriol Junqueras como número cinco. Nace de la alianza de CDC, ERC y otras plataformas independentistas como la ANC y Òmnium Cultural, y no incluye a la CUP. El acuerdo se ha sellado bajo una serie de condiciones. Una de ellas es que Artur Mas no sea su número 1, pero si la lista gana en septiembre, él sería propuesto como jefe del Govern, aunque recientes declaraciones indican que este último aspecto todavía no está clarificado dentro de la coalición.

La lista también se ha confeccionado con el propósito de incorporar a personas que no procedan del ámbito de la política profesional. Sin embargo, este requisito técnicamente deja de cumplirse en el mismo momento de hacer pública la lista. Dicho de otra manera: si la política implica buscar la victoria en unas elecciones mediante su participación en ellas, en el momento que uno pasa a formar parte de una lista, ya pasa a convertirse en político.

Sea como fuere, surge una pregunta: ¿Por qué esta propuesta? En Intención de Voto creemos que la primera motivación brota del hastío de una parte de la población catalana. Si no fuera así, ¿por qué ese afán por presentar caras nuevas ante una pugna política que lleva camino de eternizarse?

Tenemos, por ejemplo, el caso de Raül Romeva; es un candidato bien parecido, dotado de una amplia sonrisa. Su trayectoria política previa podíamos calificarla de "cabeza de ratón", pero es él quien abre la lista de "Juntos por el Sí", seguido de Forcadell y Casals. Solo entonces, en los cuartos y quintos puestos, llegamos a los citados Mas y Junqueras, es decir; que los protagonistas clásicos del proceso independentista aparecen relegados para darle un aire fresco y renovado al proceso, que antes de dar este nuevo salto tenía todas las cartas para estancarse y morir por parálisis.

Este entumecimiento de la deriva independentista desde luego que no provenía de la valoración que de ambos políticos nacionalistas tienen los tradicionales votantes de sus dos partidos. Ni siquiera de lo que los votantes de ERC opinan de Mas y viceversa. En el Barómetro del Centre d'Estudis d'Opinió (CEO) del mes de julio vemos que los dos (Mas y Junqueras) están muy bien valorados. Cierto es que Junqueras puntúa mejor entre los suyos que Mas entre los Convergentes, pero ambas son buenas calificaciones dentro del entorno nacionalista.

En todo caso, estas valoraciones no resultan suficientes si cada uno de estos dos partidos luego alcanzan poco más de diez puntos de intención de voto en las elecciones del próximo septiembre. Y es que en el mismo informe del CEO ambas formaciones alcanzan un 13,3% del voto total catalán. La encuesta también pregunta por el voto en las elecciones generales que tendrá que convocar el Gobierno de aquí a fin de año. Las dos cuestiones brindan la oportunidad de hacer unas lecturas interesantes. Una primera observación nos indica que las dos fuerzas más pujantes del independentismo apenas alcanzan juntas un 26% de los votos.

La segunda conclusión nos indica que la CUP es percibida como una fuerza de ámbito exclusivamente regional y que Podemos se identifica como el valor en alza de la izquierda de cara a las elecciones nacionales. Podemos en el Parlament podría tocar el 11%, pero la fuga de intención de voto de la CUP hacia Podemos provoca que el partido de Pablo Iglesias logre para el Congreso de los Diputados un 18% de votos. Es más, Podemos también se lleva de calle a la izquierda no independentista en Cataluña, puntuando por encima incluso del PSC en ambas preguntas.

De igual forma, Ciudadanos supera al PP por el flanco del centro-derecha. Esto tiene explicación tanto por la percepción que se tiene de la labor del Gobierno de Mariano Rajoy, que se interpreta como una administración excesivamente centralista, como por la valoración de Alicia Sánchez-Camacho, que puntúa en simpatía por debajo del Ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz.

Pero la situación descrita no posiciona muy claramente al independentismo; el escenario está muy atomizado entre los distintos partidos; y luego tenemos la indecisión con respecto a la propia independencia, que a ambas elecciones casi llega el 20%. Para tratar de aclarar estas zonas de sombra pasamos a fijarnos ahora en la última votación celebrada.

Recordemos el referéndum del pasado 9 de noviembre de 2014, en el que se podía votar a partir de los 16 años por lo que estaban convocados 6,2 millones de votantes. Votaron 2,3 millones de personas; un 37% del total llamado a votar. De estos 2,3 millones, 1,86 dijo que Cataluña debía ser un Estado y, además, independiente de España. Fue el famoso Sí-Sí, que lo pronunciaron el 81% de los que votaron, pero solo el 30% de los llamados a votar.

Este resultado del pasado noviembre no implicaba lo que los técnicos en política llaman risk adverse (la “adversidad al riesgo” que señala el Teorema de Arrow), es decir; no era un referéndum vinculante, por lo que no tenía consecuencias lo que se votaba -en otros muchos casos directamente no se fue a votar-.

Recordemos el referéndum del 9 de noviembre. El famoso sí-sí lo pronunciaron el 81% de los que votaron, pero solo el 30% de los llamados a votar

Pero las elecciones del próximo septiembre son elecciones al Parlament. Votan los mayores de 18 años, lo que da una población de 5,5 millones de votantes. Son las terceras elecciones catalanas en cinco años. Las personas al frente de El Procés han querido reivindicarlas como consulta de corte soberanista: primero, han dejado aparte cualquier iniciativa de gobierno que no sea la independencia, demostrado por la misma conformación de una lista multi-partido, multi-plataforma y multi-ideología. En segundo lugar, se han apropiado del término plebiscitario. Según la RAE, “plebiscito” tiene tres acepciones y en la que se quiere hacer foco para esta ocasión es la segunda al hablar de una consulta que los poderes públicos hacen a la población para que se apruebe o rechace una propuesta de soberanía.

Pero la realidad es que son unas elecciones legislativas autonómicas. En origen, persiguen la formación de un parlamento y no se hace una pregunta explícita sobre la independencia. Pero a través del sobreentendido y de la citada apropiación -se presenta una lista con un objetivo únicamente político independentista y no con propuestas económicas, sociales, laborales, de servicios...- el votante claramente debería entender qué intención esconde esta elección.

Ante esta situación, planteamos otra pregunta: ¿Cómo se han ido ubicando los votantes de Cataluña respecto a la independencia en los últimos meses? Para responderla regresamos al CEO, un instituto de investigación dependiente de la Generalitat. En los dos últimos barómetros (marzo y julio) la evolución ha sido la siguiente:

En respuesta a la pregunta de cómo debería estar considerada Cataluña dentro de España, de marzo a julio parece que pierden fuelle los confederalistas e independentistas. Pero dado que las encuestas tienen un ± 2,7% de margen de error, no podemos asegurar esta afirmación ya que la diferencia entre meses es menor que el citado margen de error. Ahora, sí podemos dar por cierta la evolución de que las cosas deberían quedar como están, es decir: con Cataluña en calidad de comunidad autónoma.

Una situación similar la detectamos respecto a la pregunta directa de si Cataluña debería ser un Estado independiente. La evolución no es significativa, pero la diferencia entre el “Sí” y el “No” de julio hace que la segunda parezca la respuesta mayoritaria. De hecho, recuerden la alta tasa de “No Sabe/ No Contesta” en la respuesta de las intencionalidad de voto, que baja significativamente cuando hablamos de estas dos últimas preguntas.

Tras revisar los cuatro últimos informes del CEO, creemos que hay tres factores más que nos parecen relevantes destacar:

El primero es que el votante catalán piensa mayoritariamente -56 %- que la situación económica catalana es mala y otro 20% piensa que es muy mala. Y un 62% de los catalanes cree que una bajada de impuestos no debería implicar menores prestaciones sociales. Dicho de otra manera: muchos catalanes piensan que para lo que obtienen, los impuestos todavía son muy altos.

El segundo factor es que los tres principales problemas que reconocen los catalanes como más graves son el paro, la insatisfacción ante la política y el funcionamiento de la economía. Estos tres problemas suman un 75% de las respuestas de los encuestados. Un 7,7% piensa que el problema principal es la relación de España con Cataluña y un 1,2%, el sistema de financiación.

El tercer factor es que un 58% de los catalanes cree que las necesidades de infraestructuras en Cataluña deberían estar financiadas tanto por la Generalitat como por el Estado Español y la Unión Europea. Esto lo cree un 50% de los votantes de CiU y un 56% de los votantes de ERC. Otras opciones políticas hacen que este número crezca todavía más, pero lo llamativo –atención- es que apenas hay un 20% de los que recuerdan haber votado a CiU y ERC que cree que las infraestructuras han de estar únicamente financiadas por la Generalitat.

Según la Ley Electoral Catalana, el voto de las zonas rurales del interior de la comunidad vale casi tres veces más que el de las grandes ciudades

Antes de llegar a la conclusión final, señalar un último detalle. Dejando al margen la legitimidad que pueda tener un gobierno para convertir unas elecciones regionales en un plebiscito sobre la independencia, tenemos el marco mismo en el que va a suceder esta votación, que es el establecido por la Ley Electoral Catalana. Este sistema hace que el voto de las zonas rurales del interior de la comunidad -habitualmente menos pobladas- valga casi tres veces más que el de las grandes ciudades. De todas formas algo similar sucede en el global de España ante las Generales; como hemos comentado con anterioridad en IdV, no vale lo mismo un voto en Soria que en Madrid.

A la provincia de Barcelona le cuesta unos 57.719 votos cada diputado autonómico, mientras que a Lérida le cuesta 24.737 habitantes y a Gerona y Tarragona, algo más de 35.000. Y sucede que en Cataluña el voto pro independencia se concentra en estos espacios poco poblados, mientras que los entornos de grandes urbes se decantan por las opciones políticas no nacionalistas. Todo ello podría hacer que la opción independentista estuviera sobrerrepresentada si las conclusiones se quieren sacar de una elección al Parlament.

Llegamos -ahora sí- al momento de la conclusión. Una visión de conjunto nos ofrece un escenario no muy consistente con el modelo planteado por la plataforma independentista cuando mira de cara al próximo septiembre. Y vemos también que la principal preocupación de los catalanes radica en la microeconomía, mientras que la propuesta soberanistas plantea exclusivamente una solución política, que es la independencia. Pero la mayoría de los catalanes está demandando mayor estabilidad política y, sobre todo, una mejor administración.

* José Barros (@barrospress) es periodista y consultor de comunicación. Enrique Cocero (@EnriqueCocero) es fundador de la consultora de análisis 7.50 y miembro asesor de Government Consulting Group.

Intención de Voto
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