Cataluña, dos meses sin Govern y amenaza de elecciones
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Enrique Cocero

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Cataluña, dos meses sin Govern y amenaza de elecciones

Casi 60 días más tarde, los unionistas tienen claro el escenario al que ir y los 'pro' no acaban de ponerse de acuerdo ni en el modelo, ni en el despliegue, ni siquiera en el comandante de la travesía

placeholder Foto: Artur Mas (2d), Raül Romeva (3d), y Oriol Junqueras (d) celebran con sus simpatizantes los resultados electorales. (EFE)
Artur Mas (2d), Raül Romeva (3d), y Oriol Junqueras (d) celebran con sus simpatizantes los resultados electorales. (EFE)

Dos meses, sí. El próximo viernes 27 de noviembre se cumplirán dos meses desde las elecciones catalanas. Aquella noche de septiembre en la que Mas, Junqueras y Romeva salieron a anunciar victoria antes que nadie. Como si estuvieran queriendo soltarlo cuanto antes, y antes de que nadie pudiera cuestionarlo. Aquella noche en la que Ciudadanos dominó, algo que no hubiera cambiado aunque Junts Pel Sí hubiera aguantado más el suspense o... a lo mejor veían claro quién iba a centrar más atención y por eso decidieron ser los primeros por no poder ser los protagonistas.

Aquella noche, Ciudadanos se convirtió en el frente más relevante y visible ante un movimiento proindependencia que dos meses más tarde no ha sabido abrirse paso entre la acumulación de sus propios planteamientos. Es curioso cómo giran las cosas: durante la campaña de septiembre, los partidos 'proindependencia' tenían claro el objetivo y los 'unionistas' no podían ponerlo de manifiesto de forma abierta porque estarían dando la razón al planteamiento plebiscitario. Casi 60 días más tarde, los unionistas tienen meridiano el escenario al que ir y los 'pro' no acaban de ponerse de acuerdo ni en el modelo, ni en el despliegue, ni siquiera en el comandante de la travesía.

Pero aquella noche, también, Cataluña pasó a evidenciar un mayor registro en interés por su Gobierno autonómico que el mostrado nunca antes. Cierto es que la tendencia era creciente, y mayor mérito encontramos si tenemos en cuenta que ha habido más elecciones de lo normal: tres en cinco años.

Este gráfico, que ya vimos antes del 27-S con los datos de los que disponíamos entonces, muestra cómo la participación en las pasadas catalanas se puso a niveles de los mejores momentos de Cataluña en las elecciones generales llegando a un 75%. Ya que el éxito es hijo de muchos padres, es justo decir que esta participación no debería ser atribuida a nadie en particular, sino a la mentalización de los ciudadanos ante la perspectiva que quedaba delante de ellos. Muchas estrategias de campaña juegan con llevar o no llevar a los votantes delante de las urnas. Planteamientos de animar o no soliviantar según qué elecciones para buscar ventaja de la participación o de la abstención se han sucedido desde que se conoce el cálculo electoral. Pero, como ocurre con la opinión pública o con la dinámica en redes sociales, en el voto es el propio interés lo que acaba siendo determinante, al menos lo es más que la intención de inducir un comportamiento.

Es decir; un partido político no maneja todas las palancas a nivel de interés, sino que es la preocupación del ciudadano, su saturación, satisfacción o prudencia, lo que en mayor medida lleva a cambiar de Gobierno o a mantenerlo, y el partido debe estar atento a leer bien dichas expectativas. El 27 de septiembre, Cataluña estaba ante una decisión crítica y, salvo 1,4 millones, el resto de censados fueron a manifestar con su voto una prioridad.

Pero recapitulemos sobre la principal preocupación de IdV: ¿cómo se comportaron las encuestas a la hora de anticipar el resultado del 27-S?

Si tomamos como referencia las encuestas publicadas en el mismo septiembre y las comparamos con el resultado final, vemos que, con respecto a los partidos proindependencia, quien más cerca estuvo de leer el resultado pudo ser Metroscopia, alejándose solo dos décimas de lo que la CUP obtuvo el día de las elecciones, y fue punto y medio más optimista con Junts Pel Sí de lo que fueron las urnas, pero todo dentro del margen de error.

Con respecto a los partidos no independentistas, la aproximación parece haber sido más compleja por distintos motivos. El principal, que hablamos del mismo espectro a repartir entre más, lo que produce márgenes de resultados más estrechos. DYM, por ejemplo, se fue cuatro décimas por encima del resultado para Ciudadanos, Metroscopia fue más realista con el resultado del PP... pero insitir en que hablamos de muchos actores para el mismo trozo de pastel, y los márgenes, en consecuencia, son muy estrechos.

Ahora, GAD3 y Feedback fueron quienes más se acercaron al resultado final en terminos pro-contra, y hay que añadir que se acercaron mucho. Las agencias son muy criticadas, pero hay mucho rigor y oficio. Es un hecho que cada vez cuesta más esfuerzo encontrar gente para entrevistar o el entrevistado se muestra más prudente a la hora de comunicar su preferencia. La tan criticada cocina no es necesariamente alinearse con una ideología: es valorar adecuadamente aquello que no se contesta y ponderar aquellas respuestas que luego no se materializan en voto, es decir; el encuestado dice a quién votaría y luego no va a votar (ambos, escenarios son reales).

Así que, ya que hemos hablado de ello, veamos cómo quedó el panorama final en término de estos dos polos opuestos.

Pues bien, como se comenta al principio, el capítulo de las elecciones queda atrás, pero aún no hemos llegado al final del libro. Dos meses después, sin Govern y sin perspectiva de verlo, ha saltado ya la amenaza/posibilidad de convocar nuevas elecciones (serían las cuartas en cinco años y las segundas en un semestre). Todo esto complementado con una cadencia constante de noticias en las que el avance hacia una solución está condicionado por un grupo político, la CUP, que pega ideológicamente en la línea de flotación de la propuesta más 'tranquilizadora' de Junts Pel Sí (posicionamiento antieuropeísta frente a que la independencia mantendría a Cataluña en Europa automáticamente).

En todo este tiempo, y por pura coincidencia de agendas, el Centre d'Estudis d'Opinió lanza su tercera oleada del barómetro en Cataluña y, en ella, se encuentra un nuevo sondeo de intención de voto y posicionamiento político que, por supuesto, incluye la independencia.

Primero, exponer que hay una pregunta directa: "¿Quiere que Cataluña sea un Estado independiente?", y la respuesta es que un 46,7% (933 respuestas sobre un total de 2.000) de los encuestados afirma que quiere para Cataluña un Estado independiente; 110 no saben o no contestan, y 956 (47,8%) quieren permanecer dentro de España.

No aclara mucho sobre el resultado de las elecciones, y podemos eternizarnos en el bucle votos/escaños si lo dejamos en manos de los electos. Pero hay un factor que ya hemos visto con anterioridad en estos sondeos, y es ¿qué pinta tiene la muestra? Para responder a esta pregunta, hemos puesto en el mismo gráfico tres variables: el resultado de cada partido el 27-S, lo que declaran los encuestados recordar haber votado dos meses atrás y a quién votarían mañana en caso de que hubiera elecciones.

Para comparar adecuadamente con las elecciones y con la respuesta al independentismo, hemos cogido los resultados de voto directo y los comparamos con porcentajes sobre respuestas directas. Lo primero que vemos es cómo el votante de la CUP está sobrerrepresentado en el sondeo. Habiendo obtenido un 8% de los votos, un 14% de los encuestados lo dan como partido al que votaron y casi todos repetirían voto. El resto de partidos está infrarrepresentado y, en especial, el PP y C's, siendo JxS y CSQEP los que más decepción han producido o, al menos, más tasa de abandono presentan.

En una muestra sobrerrepresentada hacia el independentismo más radical, los datos tampoco arrojan mucha más luz sobre qué quieren mayoritariamente los catalanes. Votos o escaños, conceptos apropiados para buscar una mayor legitimidad pero que solo inciden en un empate, han producido una situación de (¿temporal? ¿irresoluble?) inmovilidad que JxS quiere mantener como una cuestión de "mandato democrático". Pero no contaban con su socio necesario (y que, por cierto, es el partido menos votado en el nuevo Parlament), al menos no en los términos actuales. Dilatar la búsqueda de una vía realista lo único que deja en evidencia es que cualquier posible solución que esté ahora mismo sobre la mesa no va a dejar de ser una solución a medias, porque en mitades, y más representada que nunca, está la sociedad catalana.

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