La 'presión' de Podemos... y su interés en otras elecciones

La perspectiva de un nuevo Gobierno es tan cercana o remota como la de unas nuevas elecciones

Foto: Combo de fotografías de los candidatos a la Presidencia del Gobierno Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Albert Rivera y Pablo Iglesias. (Reuters)
Combo de fotografías de los candidatos a la Presidencia del Gobierno Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Albert Rivera y Pablo Iglesias. (Reuters)

Pues pasan las semanas y aún no hay Gobierno. De hecho, el pasado miércoles Íñigo Errejón, en una entrevista con Carlos Alsina, señalaba plazos de tres semanas para que podamos asomarnos a algo y, con todo, ni siquiera es una fecha oficial, ni pactada, ni anunciada. Tan solo es una fecha dada por el portavoz de un partido que aspira (o exige) entrar en el Gobierno. Y es cuando me acuerdo de lo que decía un profesional muy reconocido: sin fechas, no hay proyecto. Por cierto, tras todo lo ocurrido por la asignación de los asientos, espero que España no vuelva a desayunar con la noticia del hemiciclo vacío.

La perspectiva de un nuevo Gobierno es tan cercana o remota como la de unas nuevas elecciones. De hecho, en la calle la pregunta más repetida es "¿Tú crees que habrá nuevas elecciones?" por encima de "¿Crees que el PSOE conseguirá formar Gobierno?" o de "¿Con quién crees que el PSOE conseguirá formar Gobierno?".

El tiempo pasa y, en su paso inexorable, hay citas que sí se cumplen. El CIS sacó la semana pasada su barómetro de enero que, como todos los eneros, incorpora los resultados de la encuesta de intención de voto. Con un morbo especial por saber qué ha pasado en España desde el día de las elecciones y en la percepción de sus votantes, lo más reseñable es que la proyección del centro es idéntica a los resultados de aquel día. ¿Idéntica? Bueno, el PP crece una décima con respecto al 20-D y Ciudadanos baja seis. Pero el PSOE pierde 1,5 puntos que, con los 1,2 que gana Podemos, coloca a los de Pablo Iglesias como segunda fuerza política. Ahora, todas las variaciones están dentro del margen de error, con lo que no podemos concluir cambios sustanciales.

Volvamos a un ejercicio que ya hemos realizado con anterioridad. El CIS, cada mes, pregunta a sus entrevistados dónde se ubican en una escala ideológica que va desde 1 (totalmente a la izquierda) a 10 (totalmente a la derecha). Hemos vuelto a tomar los seis sondeos previos a las elecciones desde el año 2000 y, en los de este año, nos hemos ido hasta el último CIS de enero, incluyendo también el del preelectoral de diciembre.

Como vemos, España está escorada a la izquierda, y ya sería raro que no lo estuviera según lo que vemos en los datos que aporta el CIS. Teniendo en cuenta que las variaciones son de décimas, lo más a la derecha que se ha estado vemos que fue en enero de 2000, momento en el que se superó el 5. Aun así, ese momento no coincide con el mejor resultado del PP en estos 15 años, que fue en 2011.

Este año estamos en un escenario similar al de 2008, si acaso dos décimas menos de media por el dato de septiembre pasado. ¿Qué ha ocurrido? Los años en los que más a la izquierda estaba España, y lo estaba menos que ahora, el PSOE sacaba más de 11 millones de votos, mientras que este año PSOE más Podemos apenas superan los 10,7 millones, y por la intención de voto del CIS no parece que se vaya a corregir.

Escenario nuevo que arranca en 2014 con la llegada de Podemos al Parlamento Europeo, algo que muy poca gente vio llegar... entonces. Echando la vista atrás, podemos ver dos escenarios, en realidad tres, totalmente distintos con respecto a cómo las agencias de demoscopia tienen cogida la medida a los partidos políticos no tradicionales y que compiten a nivel nacional. Dicho en corto, Ciudadanos y Podemos.

Primer escenario: el PP y el PSOE están perfectamente medidos por las agencias de encuestas. Saben dónde tienen votos y dónde no. Es más, conocen hasta cómo varían las preferencias de los votantes con respecto a ambos partidos.

Si cogemos las encuestas que se publican en España (obviamos las 'andorranas' por varios motivos, entre los que está que al final solo daban escaños) desde el 20 de noviembre, es decir, un mes antes de las elecciones, vemos que de las 17 encuestas estudiadas, nueve dan al PP un resultado que varía entre -0,01 y +0,01 puntos porcentuales con respecto a su resultado el 20-D (el punto más destacado del gráfico). Es decir; lo clavaron. Quien mejor dio el resultado fue GAD3, que tiene tres encuestas metidas entre las 17 y las tres están en el intervalo comentado.

Con el PSOE pasa algo similar. Lo único que varía es que incrementamos 0,005 puntos por cada extremo y, con ello, entran hasta 14 de las 17 encuestas y, por supuesto, las tres de GAD3.

Pedro Sánchez, investido de la (esperada) autoridad y del (en primeros plazos) prestigio que confiere la posibilidad de acceder a la Presidencia del Gobierno de España, tiene fácil presentarse ante la opinión pública como la persona que ha tratado de salir de la crisis convergiendo al mismo tiempo con Europa -manteniendo la sensibilidad social- y siendo víctima, por su buena fe, de los 'angry young men' de Podemos. Es posible que, llegados a este punto, el sentimiento predominante de los españoles ya no sea tanto el enfado como el temor a la incertidumbre complementado con enormes ansias de estabilidad. El PSOE, así, volvería a patrimonializar el liderazgo entre no pocos votantes de izquierdas, que ahora se decantarían por opciones más ‘sensatas’. Este escenario resulta poco prometedor para la formación de Iglesias si el tiempo pasa sin acuerdo.

Podemos y sus asociados gallegos, valencianos y catalanes evidencian un fallo en los estudios, en decremento en la proyección en votos de estas fuerzas políticas.

Todas las encuestas les situaban por debajo de su resultado final y, de hecho, por debajo del margen inferior que hemos marcado para el PSOE. Es más, la mayor parte de ellas les situaba bastante por debajo. Quien más se acercó fue DYM para El Confidencial el 11 de diciembre. Ya hemos hablado con anterioridad sobre cómo los nuevos partidos deben mucho de sus resultados a las grandes circunscripciones y a la localización de su mensaje, este último aspecto desarrollado como nadie por Podemos: del 'Top Ten' de provincias con mejores resultados de los morados el 20-D, cuatro están entre las 10 circunsripciones españolas con mayor número de votantes y solo en tres de las más populosas, Málaga, Murcia y Sevilla, bajaron del 20% de los apoyos la noche electoral.

Resulta evidente que en Podemos se dan tres circunstancias ahora mismo que le permiten, incluso le instan, a que todos menos el PP fuercen la marcha y, en principio, siempre sería a su favor. La primera, que quien tiene encargo de formar Gobierno es Pedro Sánchez, una variable que les pone en el entorno del Gobierno. La segunda, que el CIS, un mes más tarde de las elecciones, les da una posición tan favorable, si no más, como la que tenían el 20-D. La tercera, que Pedro Sánchez está dilatando mucho su periodo de contactos y, mientras, Podemos solo tiene que jugar a presionar y desgastar a aquel que ha evidenciado que le necesita para gobernar. Tanto presionar como desgastar serían verbos aplicables a ganar terreno ante una posible convocatoria de elecciones.

Si alguna pega tienen, es que, tal como vimos en su momento, Podemos tiene 69 diputados en el Congreso y, con ello, tres potenciales problemas. No son pocas las noticias que han llegado estas últimas semanas de grietas surgidas alrededor de sus alianzas, líneas rojas y el riesgo permanente de que 27 diputados de Cataluña, Galicia y Valencia no siempre vayan a votar en el mismo sentido que Bescansa, Errejón, Iglesias y los otros 39 diputados que llegaron con ellos.

Allí donde Ada Colau ya fue primera fuerza política en la generales con su inclinación hacia el referéndum, la franquicia de Podemos puede hacer sólido el adelantamiento a los partidos independentistas en las próximas autonómicas. No tendría sentido que renunciasen a su hecho diferencial electoral (una tercera vía, a medio camino entre el constitucionalismo y el secesionismo, que les podría llevar a presidir la Generalitat) para dejar que el PSOE en Madrid tan solo tuviera que sacar tajada.

Si miramos la foto de ventajas e inconvenientes, pocos dudan de que Podemos quiera nuevas elecciones mientras la incertidumbre sea joven y animosa. Innecesario añadir que, si el encargo de gobierno lo hubiera tenido Rajoy, la estrategia de Podemos también estaba preparada, que no por nada son los actuales reyes del framing & re-framing'.

¿Y Ciudadanos? Pues consideren lo que hemos visto con Podemos y denle la vuelta.

Para la lectura del gráfico, y para que ustedes dimensionen lo sobreproyectados (si el palabro se me permite) que han estado los de Rivera, hemos tenido que cambiar la escala del eje horizontal del gráfico con respecto a los tres anteriores.

El partido naranja está haciendo todo lo posible por que se llegue a un acuerdo de Gobierno. Ya no hay sobreproyección porque el CIS les deja en la misma situación que el 20-D. De acuerdo, seis décimas por debajo, pero no son representativas. En una posición táctica similar a la que tiene el PSOE, parece que les valga más un acuerdo que pasar de nuevo por las urnas. De hecho, su mejor baza para llegar a unas nuevas elecciones es mostrar que han hecho todo lo posible por desatascar la situación actual.

Mientras tanto, el tiempo pasa y no parece que nadie muestre nada que no sea hacer que juegue a su favor. Me veo obligado a insistir en que España no es Bélgica y que estar sin Gobierno dudo mucho que tenga consecuencias positivas. El mundo sigue girando al tiempo que nuevas opciones van saliendo a la luz.

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