El PSOE se juega siete diputados y Podemos luchará por 11

Hemos hecho el ejercicio de ver en qué provincias los partidos tienen en riesgo algún diputado con los resultados del 20-D como base y hemos trabajado sobre los ejemplos de Podemos y PSOE

Foto: Fotografía de archivo de los líderes del PSOE, Pedro Sánchez (d), y de Podemos, Pablo Iglesias, a su llegada al Congreso. (EFE)
Fotografía de archivo de los líderes del PSOE, Pedro Sánchez (d), y de Podemos, Pablo Iglesias, a su llegada al Congreso. (EFE)

Cuando uno habla de béisbol en España, lo primero que te preguntan es "¿lo de la película de Brad Pitt?", y suele ser indicio, primero, de la masiva aceptación y reconocimiento del actor de Oklahoma, pero también de la poca atención que despierta en nuestro país un deporte que lleva con una liga activa desde finales del siglo XIX y que ha acompañado a los americanos (no solo estadounidenses) año tras año, en guerras, victorias, crisis financieras, crisis políticas, 'booms' económicos o lanzamientos de nuevos sistemas informáticos y 'smartphones'.

Pero el béisbol, aparte de mitos, leyendas, rachas y maldiciones, aporta una cantidad ingente de modelos matemáticos y datos. Desde los básicos, como 'at bat' (salir a batear) o carreras, pasando por 'on-base' (cada vez que un jugador llega a base), 'RBI', 'ERA', 'slugging factor'... y hasta algoritmos de predicción.

Pues bien, uno de los cálculos más inmediatos de cualquier gestor del llamado Front Office de un equipo de béisbol radica en la respuesta a la pregunta ¿cómo de cara es una victoria de un equipo en una temporada en concreto? Esta reflexión es la que el actor Arliss Howard, que interpreta a John W. Henry (dueño de los Red Sox y del Liverpool) le hace a Billy Beane (Brad Pitt) en 'Moneyball'.

Por resumirlo: en 2002, los Oakland A's, equipo del que Beane es 'general manager', llegan a 'playoffs' después de haber puesto en 20 el récord de victorias consecutivas de la Liga Americana (una de las dos ligas que conforman la MLB; la otra es la Nacional).

"No pongas dinero donde no te van a votar nunca y no lo pongas donde te van a votar siempre"

De los 162 partidos que componen la temporada regular, en 2002 los A's ganaron 103. Lo más notable es que eran el tercer equipo con menos presupuesto de la temporada (39,7 millones de dólares). ¿El equipo con más presupuesto? Los Yankees de Nueva York, con casi 125 millones de dólares y que ganaron en la temporada regular... ¡103 partidos! Y sin récord que les inscriba en la posteridad. Si echamos un cálculo por encima, veremos que los de NY pagaron cada victoria a 1,2 millones de dólares, mientras que los A's la pagaron a 385.000.

¿Qué tiene que ver esto con la política española? Esta semana se han planteado y propuesto reducciones en el gasto en campaña electoral. Se han ofrecido los datos de lo invertido en el pasado diciembre y hemos hecho el cálculo pertinente, tal y como si fuéramos John Henry.

Hemos realizado dos cálculos: el primero, cuánto ha costado a cada uno de los grandes conseguir un voto y cuánto un escaño. Recordemos que el PP ha declarado un gasto de 12 millones, el PSOE un gasto de nueve, Ciudadanos, de cuatro, y 3,6 millones Podemos.

Por votante, PP y PSOE vienen a rendir lo mismo, más o menos 1,6 euros. ¿Y por escaño? También, también... (como con el chiste de Eugenio con ovejas blancas y negras). Más o menos lo mismo. Ciudadanos ha logrado un coste menor por votante, pero idéntico al PSOE en escaños.

Ahora, sorprende lo bueno del rendimiento de Podemos. Casi un euro menos por votante que PP y PSOE y la mitad por escaño que cualquiera de los otros tres. Y eso que estamos considerando Podemos más confluencias.

Pero... esto no es béisbol. La campaña electoral son dos semanas y la temporada de béisbol son seis meses y todos los equipos se despliegan igual por el país. Si metemos la geografía como variable en la campaña, puede que con las confluencias y la proximidad lograda con ellas generen algún tipo de ahorro, pero ¿tanto?

En los lugares donde el escaño lo pelean Podemos y PSOE, está en juego el dominio o la concepción que cada uno de ellos tiene de la izquierda y del gobierno

De acuerdo que los nuevos partidos, por nuevos, han tenido más 'free air' en medios y esto hace que el gasto en "propagación de la señal" se reduzca. Acuden a todos los sitios donde les invitan, llevan figuras muy mediáticas, que cuanto más presencia tienen más mediáticas son, y todo prácticamente gratis. Pero, aun así, los números de Ciudadanos y Podemos distan mucho.

Si estos datos se confirman, a lo mejor deberían volver al campus de Somosaguas una vez retirados de la política, pero unos metros más al norte; a la facultad de Económicas.

Un paso más lejos. Supuestas nuevas elecciones y nuevo presupuesto y, entendemos, ganas de mejorar el resultado. ¿Dónde debo poner mi dinero? Hemos hecho el ejercicio de ver en qué provincias los partidos tienen en riesgo (o no) algún diputado con los resultados del 20-D como base y hemos trabajado sobre los ejemplos de Podemos y PSOE.

Para ello hemos creado un coeficiente de riesgo que funciona por provincia, considerando en ella todos los partidos que contabilizaban para D´Hondt y que, recordemos, son aquellos que han conseguido más de un 3% de votos válidos en la circunscripción. De ahí hemos ido provincia por provincia viendo qué partido presenta una situación más peligrosa.

El PSOE tiene, sobre o cerca de 'la valla', siete provincias, siendo las más sensibles Lleida, Pontevedra y Soria, de la que hablaremos algo más abajo. De ellas se juega el último diputado ganado contra Podemos en dos, pero no son sus únicos frentes abiertos contra la gente de Pablo Iglesias porque, como vemos en el gráfico, hay al menos otras dos provincias.

Tengamos en cuenta que D'Hondt es un mecanismo de asignación que no entiende de siglas ni de ideologías y, para ejemplos, el riesgo, a 650 votos, de que el escaño de Lleida se lo lleve Democracia y Libertad o los 3.000 de Álava por el PNV. Así que si nos ponemos en el plano ideológico, el combate adquiere un morbo especial: en aquellos lugares donde el escaño lo pelean Podemos y PSOE, no solo está en juego el escaño, sino el dominio o la concepción que cada uno de ellos tiene de la izquierda y del gobierno de España.

¿Más morbo? Pues decir que Soria tiene en juego dos escaños, uno está en manos del PP y el otro del PSOE. El que está en riesgo es el del PSOE, lo pone en riesgo Podemos, pero por unos 4.000 votos. En una provincia que tuvo 51.000 votos válidos puede ser exagerado hablar de alarmas, pero si hay unión Podemos más UP, esa distancia se reduce a la mitad en una provincia emocionalmente cercana para el líder de Podemos.

Ni quó decir tiene que, como ya hemos visto en las últimas entregas, los socialistas son los que menos varían la intención de voto de encuesta a encuesta, así que echemos un ojo al otro lado de la batalla por la izquierda. Del otro lado, la situación parece algo más, por decirlo de alguna manera, expuesta.

Más provincias, en zona de mayor riesgo. Aparte de Valencia, Navarra, Huesca o Badajoz, cuenten con Almería, Toledo, Valencia o Valladolid. En total, contabilizamos 11 provincias.

Pero resulta que en varias de ellas, por contra de lo que veíamos con el PSOE, la lucha está con Ciudadanos. ¿Se acuerdan del morbo de la lucha por la posesión de la izquierda? Pues aquí parece que estamos delante de un escenario de lucha por la nueva política. Esto, creemos, es mucho más emocionante que la mera batalla ideológica, porque implica amplificar la voz del fin del bipartidismo hacia un polo o hacia el otro.

Como hemos dicho ya en alguna que otra ocasión, "no pongas dinero donde no te van a votar nunca y no lo pongas donde te van a votar siempre". En una campaña obligada a ser un 30% menos costosa, hay que focalizar mucho el mensaje y el terreno. No es ya lo que les preocupe a las mujeres o a los jóvenes. Es saber qué preocupa a los jóvenes de Tarragona que sea distinto a lo que preocupa a los de Vizcaya. Parafraseando a Malcolm Gladwell, ya no es que tengamos los dos el mismo problema, es saber "en qué mi problema es distinto a tu problema". Lanzarse a soltar un mensaje erróneo según la ubicación o el segmento de población puede ser tan ineficiente como gastar dinero en llaveros, adhesivos y bolígrafos que acabarán en cajas en algún almacén.

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