Europa ante los refugiados: un asunto que no deja de verse como problema

La Europa que tenemos es una Europa que reacciona visceralmente cuando se rompe su equilibrio, pero que tiende a ser conservadora en sus actuaciones

Foto: Un campo de refugiados localizado en Atenas, Grecia. (Reuters)
Un campo de refugiados localizado en Atenas, Grecia. (Reuters)

La ficción y la vida real presentan, con cierta regularidad, referencias a gente que hace las cosas de forma notable o sobresaliente: desde el Señor Lobo a la 101 aerotransportada, pasando por Sir Jonathan (Jon) Ive, encontramos ejemplos en los que, si bien pudiera ser que no acierten siempre, lo hacen la mayor parte de las veces y además les genera destacada fama.

Para este equipo, hay un pequeño altar en análisis e investigación en el que no caben muchas referencias y que mantenemos pequeño para no caer en la tentación de llenarlo. Al frente de todas ellas, está el 'think tank' independiente (y tiene mucho de los tres conceptos) Pew Research Center.

La agencia ha lanzado recientemente un estudio titulado 'Los europeos temen que la ola de refugiados signifique más terrorismo y menos trabajos', resultado de una encuesta internacional lanzada en 10 países europeos la pasada primavera y en que los resultados son dispares en números, pero no sorprendentes según los vemos en cada uno de los países.

Arranquemos con los tres planteamientos principales a los que había que contestar con el grado de acuerdo/desacuerdo:

  • Los refugiados incrementan el riesgo de terrorismo en [país].

  • Los refugiados representan un riesgo para [país] porque se llevan nuestro trabajo y beneficios sociales.

  • Los refugiados en [país] son más culpables del crimen que otros grupos.

La pregunta en la que hay menor disparidad (o se está en conjunto más de acuerdo) es la primera: Hungría da el máximo, con un 76% de los encuestados de acuerdo con esa afirmación, y España el mínimo, con un 40%.

Pero aquella que más países toman como su primera opción es la que habla del riesgo laboral y de los beneficios sociales. En ella, Hungría da un 82%, y de nuevo es la que presenta mayor coeficiente, y la que menos Alemania, con un 31%. En esta, España repite con un 40%.

Una pregunta como "¿Considera una amenaza mayor/amenaza menor que un gran número de refugiados abandone países como Irak o Siria?" presenta los siguientes resultados:

Vemos destacados, además de Hungría, a Grecia, Italia y, sobre todo, Polonia. Los tres primeros países son países de acceso de refugiados. Grecia e Italia de forma directa, porque los refugiados desembarcan en sus costas, y Hungría porque es el país de llegada a Europa central una vez abandonada Grecia y después de cruzar Macedonia y Serbia, que no pertenecen a la Unión Europea.

Pero ¿Polonia? Como pueden ver en el 'link' que acompaña al inicio del párrafo, Polonia presenta un gran punto de conflicto respecto a los inmigrantes. Baste recordar cómo Jarosław Kaczyński, líder del partido Ley y Justicia (mayoría absoluta en ambas cámaras y al que pertenece la actual primera ministra, Beata Szydło), dijo que “los inmigrantes traen todo tipo de parásitos y protozoos”.

En un país en el que la xenofobia galopa, dirigentes como el alcalde de Gdansk son minoría a la hora de tratar el problema con humanidad.

En el gráfico, podemos también ver cómo los españoles nos mostramos polarizados con el tema de los refugiados. El 42% piensa que la salida masiva de ciudadanos de Siria e Irak es una gran amenaza, pero, al tiempo, solo un 35% cree que no lo es en absoluto. De hecho, entre los 10 países, España es el único que posiciona “riesgo menor” como última opción.

Estamos ocho puntos por debajo de la media a nivel de considerarlo una amenaza, que se sitúa en algo más del 50%, y a niveles de Francia y Holanda, países en los que, si bien existen claros antecedentes de inmigración, la cuestión de los refugiados se gestiona a través de cuotas, no como puerta de acceso. Ahora, tanto franceses como holandeses se muestran más cautos que los españoles, ya que, en ambos países, la opción intermedia tiene más peso que en el nuestro.

Pew Research hace una pregunta que deriva de estos datos que acabamos de ver: ¿Cómo de importante considera que son los siguientes aspectos para ser verdaderamente un ciudadano del país [aquí en cada encuesta el correspondiente]? Y se dan cuatro opciones: hablar el idioma nativo, compartir costumbres y tradiciones, haber nacido en dicho país y ser cristiano.

Una refugiada, en un centro de internamiento en Alemania. (Reuters)
Una refugiada, en un centro de internamiento en Alemania. (Reuters)

Ser cristiano no es importante como elemento integrador para más del 50% de los encuestados, pero casi el 100% considera importante (77% muy importante) hablar el idioma, y el 86% considera relevante compartir (¡ojo!, 'compartir' es el verbo utilizado, no tan solo 'respetar') las costumbres del país de adopción.

Es decir; parece que toda Europa está de acuerdo en que lo que más desconfianza genera es la no integración o, si lo prefieren, la generación de guetos. Vivir en comunidades aparte no es algo que facilite las cosas, como tampoco lo es la marginación (término más asociado a una actitud del receptor).

Pero… ¿es la integración en idioma y costumbres solución a todos los problemas? La respuesta es claramente no, pero no porque desde Intención de Voto hayamos creado un centro de estudios para analizarlo, sino porque los flujos migratorios son permanentes, no así su intensidad, y la integración requiere tiempo: generaciones en todos los casos de éxito.

Integrar, sí, pero ¿a quiénes y cómo está de preparado el país receptor? Si al principio del artículo veíamos qué tipo de reacción producía la salida masiva de refugiados de Irak y Siria, la reacción ante la diversidad es más taimada salvo en los dos países principales de entrada, Italia y Grecia, seguidos a algo de distancia por Hungría y Polonia.

España, en esta ocasión, presenta mucha menor polarización, como casi todos los países, a excepción de los nombrados. Es más, el nuestro es el país que en menor medida considera que la diversidad haga peor al país, seguido de Francia y Suecia, que se mantienen en la decena de los 20, mientras que Holanda (esta vez) se adentra holgadamente en los 30.

Observen el gráfico de arriba. Son los resultados de tres encuestas de Pew Research en tres años consecutivos respecto a la percepción de la comunidad musulmana en España.

En el último año, de primavera a primavera, la visión favorable de los musulmanes en España ha caído 10 puntos, mientras que la desfavorable ha incrementado tres y la muy desfavorable, cinco. De hecho, 2016 ha sido el año en que un mayor porcentaje de encuestados ha decidido no responder (10%).

Ahondando en otra de las preguntas de la encuesta, se quiere averiguar si los encuestados piensan que en sus respectivos países los musulmanes hacen por distinguirse del resto y no adoptar las costumbres del país de residencia.

De media, el 58% piensa que prefieren ser distintos a adoptar las costumbres. Desde el 78% de los griegos pasando por el 68% de los españoles, hasta el (¿sorpresa?) 45% de los polacos.

Casi el mismo coeficiente, 59%, es la media de los europeos encuestados que creen que la afluencia de los refugiados incrementará el problema del terrorismo. Por el extremo superior, Hungría con el 76%, y en el inferior, España con el 40%.

Cabe destacar que la identificación del islam como colectivo con los grupos radicales es baja en términos generales. De hecho, en aquellos países en que hace 10 años se hizo la pregunta (entonces no existía el ISIS, pero sí Al Qaeda), que fueron España, Alemania y Reino Unido, esa identificación era más alta que ahora.

Ahora sería un buen momento para decir que Europa está viviendo una crisis de solidaridad, pero solo porque estos resultados pueden tener muy diversas lecturas. Con los números en la mano, Europa no deja de ser la Europa a la que estamos acostumbrados. Una Europa que reacciona visceralmente cuando se rompe su equilibrio, pero que tiende a ser conservadora en sus actuaciones.

Todo esto salvo Polonia, que destaca como caso aparte, ya que se muestra muy visceral no siendo un país de entrada. Pero en una situación política donde cada vez estamos más y más polarizados… es aventurado considerar el caso polaco totalmente como un 'outlier'.

La pregunta del millón: ¿tenemos la misma percepción de todos los segmentos? Ya hemos visto respuesta por nacionalidades, pero ¿y por herencia?

Intención de Voto
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