Elegí un mal día para hablar de encuestas

Voto popular vs. Estados ganados y colegios electorales, hemos vivido unas elecciones complicadas de predecir, pero la inmediatez de nuestro mundo es cruel y sólo se valora haber acertado

Foto: Papeleta sin rellenar en las elecciones de Estados Unidos. (EFE)
Papeleta sin rellenar en las elecciones de Estados Unidos. (EFE)

Trump ganó y ¿nadie lo vio venir? En Intención de Voto conocemos una agencia que clavó el resultado y venía de hacer lo propio con el Brexit. Hasta tal punto les consideramos solventes que cada vez que veíamos sus proyecciones revisábamos encuestas y agregados de 538, UpShot, KOS, PEC, Monmouth

Todos ellos daban victoria, no sólo en el voto popular (el conteo voto a voto) algo que como ya sabrán ganó Clinton, sino en el colegio electoral. Se anunciaba, sin lugar a dudas, que Clinton se iba a hacer con más de los 270 votos electorales que daban las llaves del despacho oval.

Aun así, en IdV las miramos una y otra vez: revisamos Florida, revisamos Pennsylvania, Ohio, Nevada… Todas para Clinton. Cierto que la ventaja atribuida a la Secretaria de Estado abarcaba desde +1 punto porcentual al +6 y que gran parte de esa diferencia entraba en el margen de error de las encuestas, pero nadie daba la elección para Trump si, además, tomábamos como efecto de refuerzo la tradicional y célebre capacidad de movilización de los demócratas.

Voto popular vs. estados ganados y colegios electorales, hemos vivido unas elecciones complicadas de predecir, pero la inmediatez de nuestro mundo es cruel y sólo se valora haber acertado. Así que el 9 de noviembre (y el 10, y el 11…) se lanzaron todo tipo de explicaciones y disculpas por no haberlo visto venir. Una pena lo de las disculpas, ya que nos parece increíblemente valiente el desarrollar un método y salir a probarlo. Si uno se equivoca… bueno, ese riesgo es parte del método científico.

Uno de nuestros principales referentes (y que seguirá siéndolo, esperamos que por mucho tiempo) es Sam Wang. Neurocientífico, experto en datos y profesor en Princeton. Como la neurología debe ser que deja mucho tiempo libre, el profesor Wang analiza comportamientos electorales como complemento a su jornada laboral. Sus números no sólo le daban la elección a Clinton, sino que apostó a que, si Trump pasaba de los 240 votos electorales, se comería un insecto. Y… cumplió.

Hubo un artículo de Wang a principios de octubre en prospect.org que cautivó nuestra atención. Hablaba de la cómo la volatilidad en el voto se había reducido desde mediados de los 90 en EE.UU. No queremos entrar en tecnicismos que hagan perder el hilo, pero sí señalar que esa volatilidad se calcula con la desviación estándar de las encuestas y señalan lo dispuesto que está el electorado a cambiar su voto. Si han pinchado en el enlace verán que el máximo se alcanza en 1992 (Bush 41 - Clinton - Perot) con más de un 14% y que en el ’96 desciende dramáticamente y se mantiene ahí hasta hoy.

¿Conclusión? Pues que, como ya demostró Pew Research, a fecha de hoy la polarización en el electorado es brutal. ¿Lo más curioso? Que los valores han empapado en la visceralidad. Es decir; los votantes que antes podían inclinar una elección como “indecisos” son hoy acérrimos defensores de un convencimiento al que no van a renunciar y si su teórico candidato no los defiende, que no cuente con su voto, pero los otros… menos. Es más; este factor ha sido clave en la victoria de Trump, ya que a Clinton le han votado 3 millones de personas menos que los que votaron por Obama en 2012.

Así que vamos a revisar España aprovechando la salida del barómetro del CIS de octubre la semana pasada que, como cada tres meses, incorpora la intención de voto de los españoles. Pero esta vez vamos a hacerlo al revés y, en vez de ir primero a por el agregado de encuestas, haremos un ejercicio similar al de Wang.

El gráfico muestra la volatilidad por partido según las encuestas publicadas en España desde enero de 2016 hasta las más recientes de este fin de semana. Cuanto más cerca de 0, más de acuerdo están todas las agencias respecto a la posición que ocupa un partido en el electorado.

Ya que no había encuestas significativas, hemos sustituido el mes de julio por junio incluyendo el resultado de las elecciones y en agosto no hay hitos porque tampoco hubo encuestas que cumplieran los requisitos que aplicamos para incluirlas en nuestra colección.

En el periodo de 1996 a 2016, la volatilidad va de 0 a 5%. En el caso español ningún partido alcanza el 3% de volatilidad, ni siquiera incluyendo las elecciones

Primero; comparen la escala del eje vertical con el del artículo de Wang. En el periodo de 1996 a 2016, la volatilidad va de 0 a 5%. En el caso español ningún partido alcanza el 3% de volatilidad, ni siquiera incluyendo las elecciones. Es decir; el electorado tiene muy claro a quién va a votar y, sobre todo, a quién no. De hecho, la entrada en el último trimestre muestra como los nuevos actores o la nueva política no ofrece dudas a las distintas agencias. Sólo lo publicado en noviembre genera mayor disparidad, pero recordemos que estamos a mitad de mes y sólo hemos recogido dos encuestas.

¿Se acuerdan del planteamiento de sorpasso y de Podemos pescando en los bancos de votantes del PSOE? ¿O de Ciudadanos en el del PP? Pues bien; en realidad no se cumplen demasiado. No ya sólo porque Podemos perdiera elección contra elección más de un millón de votos, sino porque, como nos muestra la volatilidad más el gráfico que veremos ahora, la situación de PSOE, Podemos y Ciudadanos, no sólo es estable, sino más bien precaria.

Hemos dado una vuelta más a la comparación. El máximo y mínimo que recogemos por cada partido es el correspondiente al ciclo completo desde enero, pero nuestra ponderación se refiere sólo a los últimos tres meses. La gráfica habla por sí misma y apoya lo dicho arriba sobre la precariedad de los partidos. Todos, menos los populares, están próximos a su mínimo actual en lo que se refiere a las intenciones más recientes. Es como si perdieran pulso con la realidad.

Es más; el PP es el que menos se dispersa entre encuestas desde hace 90 días a hoy. El que más el PSOE, mientras que Podemos y Ciudadanos se balancean más o menos con igual amplitud.

¿Es por esto por lo que Podemos ha decido “recuperar la calle”? ¿Es por esto por lo que hay una “secesión” en Andalucía a la que siguen otras regiones? Lo que sí es cierto es que no están recuperando el voto perdido por el PSOE, ni siquiera el perdido por ellos mismos y eso debe intranquilizar a más de uno. Es más; en el mejor de los casos de noviembre están en el peor de los escenarios previos a las elecciones de junio.

No obstante, como decía Lt. General Horrocks en Un Puente Lejano, “Time is the killer”: el tema de las primarias y Espinar relegando o prescindiendo de los afines a Maestre tras ganar las elecciones internas en Madrid; la guerra, enfrentamiento, discrepancia… como quieran llamarlo, de Pablo Iglesias con Errejón. Así que todos esos líos más propios de telenovela que de política de nivel, de tener que ocurrir, mejor que ocurran ahora.

Mejor porque no hay elecciones a la vista. Por eso el Partido Popular monta su congreso en febrero y no urge el del PSOE hasta que no haya unidad en el rumbo. De hecho casi media Europa pone en juego a sus gobernantes y parlamentos en los próximos meses. La amenaza del populismo en Francia o Italia y la toma de posesión el 20 de enero de Trump, dibuja un mapa sobre el que es complicado anticiparse y al que es más sencillo reaccionar.

Si gana confianza o poder Marine Le Pen, volveremos a escuchar la diferencia entre el populismo de izquierdas y el de derechas. Si pasa lo propio con Cinque Stelle tras las declaraciones del jueves de Renzi, será el asalto a los cielos de la gente en Italia y un movimiento imparable que empezó ya hace años en Grecia… En fin, cogen la idea.

El PP es quién más afianzado tiene a su electorado, así que, cuánto más baje la intención del resto, el Partido Popular puede obtener mayor representación

Una conclusión es que, como ya hemos dicho varias veces en artículos anteriores, el Partido Popular es quién más afianzado tiene a su electorado, así que, cuánto más baje la intención del resto, aunque el PP no gane votantes, puede obtener mayor representación. Pero esto denota lo que veníamos hablando desde el principio del artículo; hoy no se plantea la intención de voto como qué candidato hace la mejor propuesta y se lleva al convencido a la urna, sino como activar a tu votante dormido y desincentivar el del contrario.

Estamos ante un escenario más propio de una guerra de desgaste. Es aguantar los votos en vez de ganarlos. Un proceso a medio-largo en el que la cadencia (y no la melodía) irá haciendo la música. Se trata de dar golpes de efecto y resistir los que vengan de frente. Pero, al contrario que como hacía Muhammad Ali, no se trata de dar el golpe final tras haber aguantado y esquivado, sino de permanecer de pie cuando suene la campana.

Intención de Voto
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