Así demuestran las encuestas el hartazgo catalán por el independentismo

La victoria del independentismo sobre cualquier otro modelo ligado a España como país integrador ha sido breve y estrecha

Foto: Manifestación a favor de la independencia en Cataluña con motivo de la Diada. (EFE)
Manifestación a favor de la independencia en Cataluña con motivo de la Diada. (EFE)

¿Alguien se ha percatado de algún tema del que hable Francesc Homs que no toque la independencia? Cierto que también habla de persecución si la noticia radica sobre su causa abierta por el referéndum del 9-N, pero la temática es corta.

No tan corta, pero tampoco generosa, es la del 'president', Carles Puigdemont. Se cuelan de tanto en tanto Presupuestos y financiación, pero si hay una estrella, sigue siendo la independencia.

No deja de ser curioso que el PDeCAT (la antigua Convergència), un partido que ha detentado la cabeza de la Generalitat en varias legislaturas, esté casi anestesiando cualquier posicionamiento político en función de mantener una sola idea con vida.

Pero, por otro lado, tenemos a Esquerra Democràtica de Catalunya (ERC) y, al frente de la formación, el 'vicepresident', Oriol Junqueras, que está racionalizando cada paso, evitando el desgaste y ganando capital de gobierno. Ahora mismo nadie duda que el barcelonés aúna la mayor probabilidad de ser el próximo 'molt honorable'. No en vano, lleva ya más tiempo al frente de ERC de lo que estuvieron (por separado) Puigcercós y Carod-Rovira.

De ERC y Junqueras todo el mundo sabe que son independentistas. Nadie lo cuestiona y les da cierta ventaja, dejando sentada esa base y pudiendo decir: “Siguiente tema. No perdamos más tiempo en aclarar esto”. Es ahí donde radica la desventaja de la gente de Mas y Puigdemont. Los convergentes venían de ser nacionalistas y, en un desordenado giro ideológico, hacen de la motivación independentista su tema exclusivo perdiendo opciones en otros temas políticos.

Al intentar ser “más papista que…”, al intentar alcanzar a ERC en espíritu independentista, están perdiendo el paso en campos como el social, que se lleva a su cesto la gente de Ada Colau con toda facilidad porque hablan más alto, con mayor frecuencia y la competición en este campo, además, es poca.

Pero, ¿triunfa el PDeCAT en su intento? Pues la respuesta a fecha de hoy sigue siendo no. De hecho, como veremos en breve, es no desde 2014.

Al intentar alcanzar a ERC en independentismo, PDeCAT está perdiendo el paso en campos como el social, que se lleva a su cesto la gente de Colau

Hemos querido ver la evolución del independentismo y hemos tomado, como con anterioridad, datos del Centre d’Estudis d’Opinió (CEO), que es un organismo adscrito al Departamento de la Presidencia de la Generalitat. En efecto: si lo quieren simplificar con una de esas analogías tan manidas, si los Tony son los Óscar del teatro, el CEO es el CIS del Govern.

Hemos cogido las series relativas a la respuesta de cuál es el Estado deseado por cada uno de los residentes en Cataluña entrevistados desde 2010. Por simplificar, nos centramos en un estudio por año, la tercera oleada, para que coincida con el más recientemente publicado (noviembre de 2016), que se ha visto completado con otro adicional sobre situación política en diciembre.

Ante la pregunta: ¿cree que Cataluña debería ser…? Las respuestas dadas en los otoños desde 2010 son:

En el gráfico, verán que hemos recuadrado la respuesta del estudio adicional de diciembre de 2016 para identificarlo más fácilmente.

Si vamos de lo anecdótico a lo esencial, vemos que alrededor del 5% de los catalanes quieren involucionar la situación actual de Cataluña, dejándola como región dentro de un Estado centralizado. Anecdótico, sí, pero estable.

La segunda cosa que nos salta a la vista es que bastó con darle un nombre para que tuviera éxito el desarrollo de una España federal dentro de la que Cataluña fuera un estado. La propuesta estrella del PSC y del PSOE, y a la que se ha apuntado Podemos, triunfa sobre la situación actual (comunidad autónoma) como principal alternativa desde el preciso instante en que el independentismo se dispara a picos por encima del 40%.

Bastó con darle un nombre para que tuviera éxito el desarrollo de una España federal dentro de la que Cataluña fuera un estado

No obstante, esta opción es, a tenor de los enunciados realizados hasta la fecha, algo vacua, cuando no esquizofrénica. Vacua porque nadie la ha explicado con solidez y esquizofrénica porque es la opción que queda como evolución de la autonomía, sin llegar a la independencia, que es defendida por dos partidos que quieren una mayor armonización fiscal, es decir, que sea el Estado central quien mayor arbitraje tenga sobre la recaudación y el gasto. Estados Unidos es una república federal y ¿de qué creen que se quejan los candidatos al Congreso y al Senado (ni hablemos de los que van a cámaras territoriales) en sus estados en época electoral? Pues sí, del dinero que se lleva Washington DC y de sus 'insiders'.

De hecho, Podemos tira en este sentido, por ejemplo, contra el impuesto de sucesiones o el de donaciones, impuestos de alto gravamen en Andalucía, Aragón, Asturias o Extremadura, pero bajo en Madrid, Baleares o la propia Cataluña. Cierto que con el impuesto sobre patrimonio, Cataluña se va al otro extremo, no obstante.

¿Puede alguien prometer un Estado federal o confederado en el que los estados resultantes estén más condicionados fiscalmente que en la actualidad? Bueno… al final un Estado confederado son distintos estados soberanos con legislación común, y en estas últimas dos palabras cabe de todo.

Pero vamos a lo más material: ¿independencia sí o no? Posiblemente ya sospechen algo, pero la victoria del independentismo sobre cualquier otro modelo ligado a España como país integrador ha sido breve y estrecha.

El año 2013 fue el de la Diada con la cadena humana, los vídeos se dispararon, las acciones y palabras de Artur Mas daban a entender que la república catalana estaba cerca, muy cerca. Aun así, el margen de victoria era estrecho, demasiado para la tranquilidad de nadie.

A partir de ahí (9 de noviembre de 2015 y urnas de cartón incluidas), la situación es estable a favor de mantener el territorio dentro de España. Es obvio que no con la diferencia que vemos en 2010, pero no en márgenes estrechos que hemos visto antes.

¿Qué nos aportan los estudios del CEO aquí? Hemos ya dicho con anterioridad que las encuestas tienen mayor solvencia si hay muchos entrevistados o si la evolución temporal presenta alguna tendencia legible. La tendencia en las encuestas que nos ofrece la agencia catalana es clara hacia una estabilidad en la que el independentismo cae frente al unionismo (llamémoslo así) en medias superiores a los 15 puntos porcentuales.

De hecho, el unionismo no cae desde hace dos años por debajo del 50%. ¿El peligro para estos? Que no hay un acuerdo sobre la mejor forma de estructura territorial al margen de la independencia.

Una pregunta que nos surgía era si la valoración y actuación del Govern de la Generalitat influía sobre la opción independentista. Como verán a continuación, no es determinante, aunque es cierto que, para el mismo periodo de tiempo, la nota media nunca llega al aprobado. Sí es cierto que hay mayor entusiasmo en los picos proindependentistas, pero no pasa de ser un pico puntual.

PDeCAT (y hemos de distinguir aquí, porque en el Govern también está ERC) está dilapidando un rédito electoral al insistir en no tener más acción y propuesta que el independentismo y la lucha contra las instituciones nacionales, bien sean jueces, fiscales o Gobierno.

En este punto, nos vienen a la memoria los conatos de partidos antiabortistas o los verdes, que iban con una propuesta de forma exclusiva. No iban más lejos y, de ir, no se oía ninguna otra argumentación, porque ellos ya se habían encargado de hacer predominante un solo mensaje.

PDeCAT está dilapidando un rédito electoral al no tener más propuesta que el independentismo y la lucha contra las instituciones nacionales

Muchos de ellos acabaron consumidos por sí mismos, un proceso catabólico del que otros partidos supieron sacar beneficio, porque el 'ruido' ya se había hecho familiar y lo único que tuvieron que hacer es incorporar esas iniciativas. Aquí aplica la vieja frase que reza que “el primero que se va contra la pared, solo deja una mancha de sangre”.

Y en este sentido se orienta el escenario catalán actual. Como decíamos al principio, ERC no necesita demostrar nada y, por tanto, tiene las manos libres para otro tipo de propuestas y actividades que sí doten a Cataluña del sentido de país que ellos quieren alcanzar. De igual manera pasa con el nuevo partido de Domènech y Colau, aunque por el extremo contrario. Mensajes etéreos sobre soberanismo con fuertes ecos sociales hacen que su espectro de propuestas abarque mucho más que la consumida evolución de Convergència.

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