Cataluña: la moneda partida (exactamente) por la mitad

¿Es Cataluña una nación que clama de forma clara por ser independiente? Claramente no. De hecho, venimos hoy a hablar de un territorio dividido por la mitad

Foto: Ilustración: Raúl Arias.
Ilustración: Raúl Arias.

¿Sabían que en Texas no ha ganado un candidato demócrata a presidente desde la victoria de Jimmy Carter en 1976? Consideren además que Carter se enfrentaba a Gerald Ford, que tuvo que lidiar con la herencia del Watergate. ¿Y sabían que Carter ganó en este estado con un 51,1% de los votos? Reagan ganó con un 63,6% en 1984 y Romney (que perdió contra Obama en 2012) sacó un 57,2%. 'Pretty Republican', que dirían por allí.

¿Es California un feudo demócrata? Hoy diríamos que sí, sin duda, ya que Hillary Clinton sacó más de tres millones de votos de diferencia a Trump el año pasado, pero esta tendencia empezó en 1992. Antes Nixon ganó dos veces, también ganó Ford (efecto Watergate incluido), Reagan otras dos veces y hasta Bush (si lo prefieren, 'Bush padre') en 1988. Cuatro años más tarde, este se derrumbaría hasta el 32,6% ante Clinton en el estado en el que obtuvo el 51,1% de los votos cuatro años antes (Ross Perot afectó también, es cierto).

¿Es Cataluña una nación que clama de forma clara por ser independiente? Claramente no. De hecho, venimos hoy a hablar de un territorio dividido por la mitad. Tan por la mitad que el encargado de deshacer el empate (aunque Xavi Domènech crea que va a ser él), va a ser nuestro viejo conocido Victor D’Hondt.

Por tanto… ¿cuánto se tarda en tender a una u otra opción y qué hay que hacer para cambiar la tendencia, como en Texas o California? A esto se le pueden dedicar libros y libros, pero lo que sí podemos decir es que una campaña de dos meses solo sirve para un movimiento de votos muy localizado, más de lo que las intenciones de los actuales contendientes esperan.

Vamos a ello. Primero la foto general: desde que se anunciaron elecciones en Cataluña, de hecho desde que se barruntaba la posibilidad, se han ido sucediendo las encuestas respecto al posible resultado. Hemos ido recopilando aquellas cuya ficha técnica se ha publicado completa y obtenemos este gráfico al que hemos añadido líneas de tendencia:

De un primer vistazo, llama la atención que, entre las líneas de tendencia, las más sinuosas corresponden a los dos partidos que conformaban Junts Pel Sí, ERC y la mutación convergente que corresponda en cada momento.

Viendo este gráfico, que arranca a principios de octubre, puede parecer que Junqueras le había comido la tostada a Puigdemont desde hace ya un tiempo y que los bandazos del 'president' a la hora de convocar el referéndum pero pidiendo negociación… favorecieron más a quien todo el mundo consideraba que, en realidad, estaba al cargo.

En este gráfico también vemos que hasta noviembre hay un partido destacado y un pelotón, es decir, que ERC ha sabido mantener su renta, su crédito y su mensaje durante más de un mes, pero a mediados de noviembre, del pelotón se despega Ciudadanos y a ritmo alcanza al escapado al que, además, le flojean las piernas.

Nunca insistiremos lo suficiente, las encuestas muestran tendencias, orientaciones en un momento dado. Las agencias, es cierto, se la juegan en la preelectoral más que en ninguna otra entrega, pero hasta entonces se engaña aquel que busque un resultado y no un comportamiento. Es cómo se van interpretando esas tendencias y actualizando las perspectivas con nueva información (no augurando resultados sin más), la vía por la cual uno puede tener capacidad de maniobra. Tampoco insistiremos lo suficiente en recomendar seguir a Tetlock, Thaler y Kahneman, entre otros.

Pero retomemos. Igual que hacemos para las encuestas nacionales, hemos agregado las que apuntan al 21-D y obtenemos el siguiente resultado.

Nuestra particular ponderación da clara ventaja a ERC seguido de Cs, pero eso ya lo hemos visto arriba. Lo interesante aquí es ver que los partidos concurrentes se dividen en dos grupos: los que varían mucho y los que no.

En los primeros tenemos a los que más potencial presentan; ERC, JxCAT, PSC y Cs. También vemos cómo los de Junqueras y Arrimadas están en nuestra ponderación más cerca del mínimo obtenido en esta colección de encuestas que de su máximo. El partido de Puigdemont está a mitad de camino y solo el de Iceta parece tender más hacia su techo.

El otro grupo es el de dispersión moderada, y en él se hallan PPC, CeC y, sobre todo, la CUP. De hecho, los antisistema, más que besar su mínimo en nuestra ponderación, directamente se apoyan en ella.

Viendo este gráfico y viendo los amplios recorridos que muestran los cuatro partidos más adelantados, cabría preguntarse si existen disputas de voto, y la respuesta es “parece ser que sí, pero está claro en qué campo debe sembrar cada uno”.

Dos meses no es tiempo para una campaña que quiera dar la vuelta a la tortilla y menos en una situación tan polarizada. La sociedad catalana se divide en dos grupos que tienen en común que no pueden ver al otro ni en pintura (políticamente, claro).

Por tanto, se preguntarán que dónde ven estos señores la potencial transferencia.

Aquí. Hemos aislado el caso del bloque independentista y lo primero que hemos hecho ha sido sumar las intenciones de voto de CUP, ERC y JxCAT y, aplicando el mismo tipo de aproximación en la tendencia, vemos que el voto en bloque es muy estable. Apenas hay un valle a finales de octubre y parece que empieza otro ahora, pero ambos son muy leves.

Si recuerdan las dos gráficas anteriores, la conclusión es casi inmediata: solo se pelea dentro de cada sistema, y en el independentista más que en el constitucionalista.

Miren cómo las variaciones afectan casi en igual medida pero en signo contrario a ERC y JxCAT. ¿Quién vive en un entorno de mayor incertidumbre? JxCAT porque, por explicarlo rápido, aunque la variación es casi la misma, ERC tiene números mejores y más picos que valles en la línea de tendencia.

En conclusión: aunque Oriol Junqueras y los 'exconsellers' quieran (por una cuestión electoral) acatar el 155 “por imperativo legal”, algo que creemos que refuerza la legitimidad del 155, que ya en sí es la ley, con lo que solo abundan en ello; aunque Puigdemont quiera hacer campaña en Cataluña sin que le detengan, que de no haber huido estaría declarando en el TS para intentar salir de prisión (el 'expresident' hubiera suspendido un examen con John Nash de profesor); aunque Marta Rovira infiera 'a posteriori' muertos (con Kant suspendería también) al plantear un escenario que resulta que se dio en la realidad y en el que no hubo ni el más mínimo conato de nada; aunque, aunque, aunque… la única realidad es que Cataluña sigue como estaba.

La situación de polarización no tiene visos de cambiar, y menos con el plazo actual hasta elecciones, ya que estos procesos llevan más tiempo que el que permiten ocho semanas.

Cierto es que está el muy interesante ejercicio de buscar los votos que se traduzcan en ese escaño tan necesitado, pero esto es para otro artículo. Al final, insistimos, será Victor D’Hondt a la hora de repartir escaños el encargado de dirimir quién llevará el timón en los próximos cuatro años de polarización.

Intención de Voto

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