Y si no me gusta el resultado… pues volvemos a jugar

Las encuestas cada vez están más ajustadas para todos menos para Catalunya en Comú, que no apunta a grandes números, pero sí abonan el terreno de las grandes expectativas

Foto: Una persona observa con una lupa las papeletas de las elecciones de 2015. (EFE)
Una persona observa con una lupa las papeletas de las elecciones de 2015. (EFE)

¿Se acuerdan de cuando, de pequeños, siempre había alguien que era el propietario del balón y si no se jugaba de forma que a él le fuera ventajosa (vamos, que le permitiera tener más opciones de ganar) decía lo de "el balón es mío y me lo llevo"?

Traemos esto hoy por aquella afirmación de Pablo Iglesias el día de la Constitución. Se dejó caer Iglesias ante la prensa de la misma manera que dejó caer a la prensa que es probable que se repitan las elecciones en Cataluña.

Lo que crea Pablo Iglesias o no sobre lo que implica el devenir es trivial comentarlo porque, como afirma Tetlock, hasta el más versado de los analistas acierta tanto como un mono lanzando dardos (aunque hay gente que es mejor que otra). Lo importante no es la predicción como tal, sino que un dirigente político, por lo que le entendemos con capacidad de decisión e influencia, se posicione en el adelanto electoral antes que en cualquier otra forma de negociación… o diálogo.

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¿Qué lleva a Pablo Iglesias a poder abundar en esa actitud? Pues que las encuestas cada vez se muestran más ajustadas para todos los demás menos Catalunya en Comú, que no apunta a grandes números, pero sí abonan el terreno de las grandes expectativas. Como ya vimos hace dos semanas los bloques (constitucionalista e independentista) no tienen transferencia entre ellos, solo dentro de ellos. Pero… esta semana de encuestas hemos visto alguna tendencia que merece la pena resaltar.

Las encuestas le llegaron a dar a ERC números por encima del 31%, pero si lo restringimos al último mes cae por debajo del 23%

Resaltar que las declaraciones de los partidos del bloque independentista van más por mantener la pureza del manto porque, insistimos, compiten entre ellos: por ejemplo, si "las elecciones son ilegítimas porque han sido convocadas por el Gobierno central", el argumento tiene su aquel porque habiendo conducido la situación a un callejón sin salida, el desvío anterior a lo que hicieron era, precisamente, convocar elecciones.

O el uso alegre de "fascismo" solo porque se compite contra uno. De ser cierta la tesis de ('again and again') Marta Rovira, las olimpiadas deberían ser prohibidas por el Tribunal de La Haya. A fin de cuentas lo de "facha" o "fascista" solo es acudir a un terreno común cuando ya te has dado cuenta de que se te han acabado (o nunca tuviste) las ideas para establecer tu propia línea. Este tipo de argumentaciones nos recuerda al clon de Michael Bolton en la escena del bar de 'El indomable Will Hunting'.

Pero vamos a aquello que puede influir en el argumentario actual de Rovira y es que las encuestas posicionan a ERC en un sitio muy distinto al que tenían hace 90 días.

Arriba podemos ver la colección de encuestas publicadas hasta el momento ante las elecciones del 21 de diciembre con sus líneas de tendencia. Vemos de nuevo que la mayor oscilación pertenece a ERC y JxCat y, casi de forma complementaria, allí donde uno sube, el otro baja.

En nuestra particular ponderación vemos que aquella estabilidad de voto en ERC, en consecuencia, se ha derrumbado. Las encuestas le llegaron a dar números por encima del 31% y nuestra ponderación desde octubre hace que casi llegue al 25%, pero si la restringimos al último mes cae por debajo del 23%.

Es decir, aquella capitalización del referéndum y, sobre todo, de la titubeante actitud de Puigdemont con respecto a declarar la independencia para luego suspenderla, se ha esfumado: el regreso de Puigdemont a la línea dura ha robado a ERC su discurso, hasta tal punto que ERC ha girado aquel "no a la unilateralidad" al "trabajar por la república".

Este límite nos trae a la memoria a Armand-Jean du Plessis, más conocido como el Cardenal Richelieu. Richelieu, olviden todo lo que saben de él a través de Dumas, fue el creador de la idea de que el Estado era un ente abstracto y permanente que existe por su propio derecho. Esto, aterrizado a través de supuestas afrentas, deudas históricas y rechazos, es lo que ha estado alimentando el independentismo para crear una idea de "Estado catalán" puesto en el mismo nivel que un Estado real como el español, el canadiense o el belga.

Pues bien, resulta que para Puigdemont y JxCAT este planteamiento funciona. Funcionó (entiendan "funcionó" dentro de un discurso y una audiencia) cuando hablaron de entrar automáticamente en la Unión Europea. Funcionó cuando evitó ir a la Conferencia de Presidentes porque su estado no estaba al mismo nivel que las CC.AA. (un "mi reino no es de este mundo"). O funcionó cuando pedían bilateralidad al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, forzando ese escenario de igualdad institucional. ¿Qué tal ha funcionado a partir de ahí?

Pues razonablemente. A lo mejor las líneas que dibujan las tendencias de ERC y JxCAT ya no son las que dibujaban la silueta del refresco más conocido del mundo, pero se sigue apreciando como, insistimos, donde uno gana, el otro pierde.

Ahora; parafraseando a Borges (no, "Borgen" no. Aún no hemos llegado a esto) hay dos cosas que parecen estar solo una vez; arriba el intrincado sol; abajo el techo de los independentistas que se sigue situando de forma persistente por debajo del 50%.

El bloque constitucionalista presenta un dibujo más interesante ya que el Ciudadanos y PSC crecen de forma sostenida desde el día del anuncio de las elecciones, mientras el PPC hace el camino contrario. Todo ello ha ayudado a que el bloque constitucionalista virtualmente empate en la tendencia con el independentista. Puede que tengan razón los que dicen que, si se incrementa la participación, el beneficio será para los constitucionalistas.

Mientras, Catalunya en Comú (CeC) sigue una línea similar a la del PPC, a lo mejor algunas décimas por encima y con un ligero repunte en esta última oleada de encuestas. Su vía conciliadora y apuesta por la agenda social no logra imponerse. Ni siquiera el movimiento de humanidad de Colau en 'Sálvame' parece que vaya a cambiar esa tendencia. Cataluña está a otra cosa; parece que el sistema social como está funciona de forma aceptable y nadie ve que eso se haya puesto en riesgo ni que el 155 haya quitado derechos sociales.

Es decir; el motivo primigenio, más bien la excusa o la oportunidad, para la aparición de Podemos está en cuestión, ya que la justicia social como elemento aglutinante ha dejado de ser prioritario incluso para el propio Podemos. Pese a que este objetivo quiso ser el centro de la campaña de CeC, ha sido desplazado por cuestiones meramente tácticas como candidatos Borgen (ahora sí), repetición de elecciones y, si no se puede, condiciones extracatalanas, que motivan que metamos a Iglesias y la candidatura de Domènech en el mismo sendero, pese a que se quiera desligar de palabra.

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