PSOE-PSC, ni contigo ni sin ti

De tanto pregonar que es el partido que más se parece a España, al PSOE se le pasó tomar la vacuna para prevenirse de las dolencias

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De tanto pregonar que es el partido que más se parece a España, al PSOE se le pasó tomar la vacuna para prevenirse de las dolencias que aquejan al espejo en el que se refleja. Si la relación entre España y Cataluña atraviesa por el momento más tenso del periodo democrático, otro tanto ocurre en la relación entre el PSOE y el PSC, en los que sólo se recuerda un momento de similar crispación cuando Pasqual Maragall se resistió a la exigencia de José Luis Rodríguez Zapatero para que destituyera a Josep Lluís-Carod Rovira como vicepresidente tras desvelarse que se había entrevistado en secreto con miembros de ETA.

 

Hace unas pocas semanas, Miquel Iceta, que fue vicesecretario y portavoz de los socialistas catalanes en la etapa del tripartito, señalaba que el PSC “es el sismógrafo de Cataluña” porque cuando en esta comunidad “hay un terremoto, el primero que lo nota es el PSC al ser el más transversal”. Y añadía: “Si el camino de la división en Cataluña sigue adelante, lo primero que se va a romper es el PSC”. Entonces se pensaba en una posible ruptura interna, no entre él y el PSOE. Ahora, como entre Cataluña y España, lo que se ha puesto sobre la mesa es el divorcio entre los dos partidos o, cuando menos, la revisión de los protocolos matrimoniales.

El origen del PSC y de la crisis

El PSC es un partido que nació “para no tener que elegir entre papá y mamá”, para “evitar la división entre socialistas y entre catalanes”, según recuerdan quienes participaron del proceso que lo alumbró. Es el resultado de la unión de tres partidos: la Federación Catalana del PSOE, el PSC-Congrès (Raventós) y el PSC-Reagrupament (Verde i Aldea). De los tres, dos tenían un ámbito de actuación estrictamente catalán y el acuerdo se adoptó sobre el presupuesto de que el PSOE ponía los votos y las dos formaciones catalanistas los cuadros. Pero el tripartito vino a demostrar que los cuadros no eran tantos ni tan buenos y con el tiempo el PSOE ya no pone tantos votos, no sólo por su decadencia general como partido, sino porque los emigrantes que eran el grueso de sus votantes son ahora los padres o los abuelos de catalanes soberanistas o cuasisoberanistas.

A diferencia de otras ocasiones, en que las diferencias entre PSOE y PSC se han circunscrito a asuntos más o menos puntuales, ahora el enfrentamiento es de fondo porque atañe a una cuestión mayor: el encaje de Cataluña en España, que se proyecta a su vez como un problema para el encaje del PSC en el PSOE. En la crisis entre los dos partidos socialistas se reproducen casi miméticamente los reproches y agravios que se oyen cuando lo que se plantea es la relación entre España y Cataluña.

El PSOE está muy dolido porque, según se argumenta desde su dirección, “si nos hemos metido en el lío de plantear formalmente abrir el melón de la Constitución ha sido por ellos y no encontramos reciprocidad”. El PSC, a su vez, ve insuficientemente recogida su demanda de avanzar decididamente hacia un Estado federal, que considera una cuestión de supervivencia en el medio ambiente soberanista que ha arraigado en Cataluña. 

Problemas de liderazgo

Pero el problema se acentúa porque en ambos partidos hay un problema de liderazgo. El de Alfredo Pérez Rubalcaba nació en el PSOE marcado por la etiqueta de la “provisionalidad” y el reciente debate de la Nación no ha contribuido a aumentar sus apoyos internos. El liderazgo de Pere Navarro está más debilitado que cuando llegó.“Esto ha sido un aviso para las dos direcciones, que han fallado”, señalaba un diputado del PSC, quien subraya que la crisis sobrepasa a los parlamentarios.

Navarro no sólo tiene el problema gordiano de encontrar el discurso del socialismo en Cataluña, sino que ha de lidiar con el sector soberanista del PSC, cuya influencia cotidiana es muy superior a la imagen de cinco de sus veinte parlamentarios rompiendo la disciplina de voto en el Parlamento catalán a cuenta del “derecho a decidir”. Tres de los cinco diputados díscolos acumulan mucha influencia en el PSC: Marina Geli, exconsejera de Sanidad, controla al menos la mitad del partido en Gerona; Ángel Ros domina Lérida, de cuya capital es alcalde; y en la ciudad de Barcelona, Joan Ignasi Elena, que disputó el último congreso a Navarro al cosechar un apoyo del 25%, se ha erigido en heredero de la corriente 'obiolista'. Un mosaico tan fragmentado que, si los tres citados se fueran del PSC, seguramente no recalarían en el mismo partido.

Endurecer el protocolo de relación

En el PSOE, Rubalcaba intenta hacer equilibrios entre tres corrientes de pensamiento: centralista, autonomista y federalista. En la primera se ubica a Alfonso Guerra, que ayer pidió abiertamente a Ferraz que actúe con autoridad –actitud que la vieja guardia viene reclamando desde hace tiempo- y abogó por crear un PSOE catalán. Su intervención ante el grupo parlamentario fue escuchada en medio de un gran silencio, pero a la salida algunos diputados señalaban que hay “quien cree que todavía es el dueño de las escrituras”. En la corriente federalista se inscriben los que abogan por reconocer al PSC la posibilidad de formar grupo parlamentario propio (la Ejecutiva lo descartaba hace pocas semanas): “Ya lo hubo y no pasó nada. Eso nos daría más margen de maniobra, a ellos y a nosotros”. Y, en la posición intermedia, están los que creen que, al final, no tendrán más solución que la “conllevanza”.

Desde la Ejecutiva se apuntaba ayer a que Rubalcaba intentará conjugar “autoridad” y “entendimiento”, con un nuevo protocolo de relaciones. El secretario general del PSOE no asistió a la reunión del grupo parlamentario, pero sí acudió su número dos, Elena Valenciano, que no dudó en calificar de “grave” la situación a la que se ha llegado. La renegociación del protocolo de entendimiento entre los dos partidos, que data de 1979, hace meses que se dejó en vía muerta. Ahora, las dos partes quieren reactivarla. Pero se antoja muy difícil el acuerdo porque el PSC quiere más autonomía y el PSOE, recoger cuerda.

En los dos partidos hay quienes no conciben la ruptura, quienes opinan que se producirá “si no queda más salida” y también quien la alienta. En la reunión del grupo parlamentario se mascaba la tensión, pero casi todas las intervenciones terminaron con una coletilla del tipo: “Si hay ruptura, nos hundimos todos”. Sólo les faltó entonar el estribillo de la canción: “Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio”.

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