La mayoría del PSOE espera una catarsis en el PSC que evite la ruptura

“Lo de Rubalcaba tiene fecha de caducidad y la renovación del proyecto siempre lleva su tiempo, pero se hará también. El problema del PSOE es el

“Lo de Rubalcaba tiene fecha de caducidad y la renovación del proyecto siempre lleva su tiempo, pero se hará también. El problema del PSOE es el PSC. En Cataluña no contamos para nada”. El análisis corresponde a un veterano exdirigente que aboga por la solución de fundar un PSOE de Cataluña con identidad propia que no excluya la coalición electoral con el PSC. Voces como esta se han vuelto a alzar en los últimos días, en los que la nueva quiebra en la disciplina de voto de los socialistas a propósito del “derecho a decidir” ha estado precedida por encuestas que sitúan al PSC como la quinta fuerza en el Ayuntamiento de Barcelona, antiguo bastión del socialismo catalán.

La sociedad entre el PSOE y el PSC fue bien mientras que los socialistas catalanes aportaban votos y escaños al Parlamento nacional, pero carecían de opciones de gobernar Cataluña. Sobre estos fundamentos inalterables durante décadas funcionó la alianza establecida por Felipe González y Alfonso Guerra con la burguesía progresista de Cataluña, a la que periódicamente hacían gestos de integración, como poner a un socialista catalán al frente de la renovación ideológica del PSOE (Raimon Obiols) o situar a otro en la vicepresidencia primera del Gobierno (Narcís Serra). Pero todo se torció cuando el PSC vio la posibilidad de conquistar el Gobierno de la Generalitat y, para conseguirlo, se fue deslizando del socialismo catalanista al nacionalismo de izquierdas, reclamando una autonomía creciente en paralelo a la que cada vez con mayor intensidad exigía Cataluña frente al resto de España.

La federación andaluza considera “absurda” la posibilidad de crear otro partido

Conviene recordar estos antecedentes porque quien negoció el protocolo de relaciones todavía vigente entre los dos partidos fue la misma persona que la semana pasada levantó con más contundencia su voz para defender la creación de un PSOE de Cataluña: Alfonso Guerra. Podría inferirse de tan destacada voz que la ruptura con el PSC es un criterio compartido por toda la vieja guardia, del felipismo y del zapaterismo. Pero no es así. En este sector hay también destacados dirigentes que están en otras tesis distintas a las de Guerra, José Luis Corcuera o Juan Carlos Rodríguez Ibarra. Es el caso de Manuel Chaves, expresidente del PSOE y de la Junta de Andalucía, quien no hace muchas semanas, en un coloquio organizado por El Confidencial, sostuvo ante el primer secretario del PSC, Pere Navarro: “Cualquier división del socialismo en Cataluña sería un error estratégico monumental”. Una posición similar mantiene Ramón Jáuregui, coordinador de la Conferencia Política que el PSOE celebrará el próximo fin de semana.

La irrupción de Susana Díaz

En esto irrumpió en el escenario de la política nacional Susana Díaz, que se ha asentado a una velocidad meteórica como nueva líder de la federación más influyente del PSOE y que vuela con una dinámica propia. La presidenta de la Junta de Andalucía hizo su debú madrileño con un discurso que provocó conmoción en el PSOE, no tanto por lo que dijo –sus colaboradores reconocen que no dijo más que “cosas obvias”–, como porque entre los socialistas hay muchos esperando a alguien diga esas “cosas obvias”. Todo lo que hizo fue subrayar las siglas de PSOE: un Partido unido, de ideología Socialista, de base electoral Obrera y con un proyecto para España.

¿Implica eso que está a favor de la ruptura con el PSC? No, según colaboradores directos de Díaz. La federación andaluza cree que la solución ha de venir por una catarsis interna en el PSC que dé lugar a su reubicación en el escenario político catalán. Algunos piensan que, si cuaja el proyecto de Artur Mas de presentar a las elecciones europeas una lista única de los nacionalistas que incluya a exdirigentes del PSC como Joaquim Nadal, eso podría precipitar un cisma que lleve al sector más nacionalista del PSC a buscar acomodo bajo otras siglas.

El hundimiento de las perspectivas electorales en Cataluña aviva el choque

La fundación de un PSOE de Cataluña desvinculado del PSC ya la exploró José Blanco en 2003, cuando se produjo la crisis en la que Pasqual Maragall se resistió a prescindir como consejero en jefe del republicano Josep Lluís Carod-Rovira, tras la entrevista que este mantuvo a sus espaldas con miembros de ETA. Entonces quedó en nada. ¿Ahora? En lo único que no piensa ceder la dirección federal del PSOE es en reconocer al PSC el derecho a votar distinto en el Congreso de los Diputados.

A Rubalcaba se le acumulan los problemas y ante cada nuevo problema se deja un jirón de autoridad. 

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