Enseñanzas valencianas para las primarias presidenciales del PSOE

La tendencia a considerar como leyes universales comportamientos que responden a circunstancias coyunturales induce a creencias erróneas. Es lo que sucede con la presunción de que,

Foto: El secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba. (Efe)
El secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba. (Efe)

La tendencia a considerar como leyes universales comportamientos que responden a circunstancias coyunturales induce a creencias erróneas. Es lo que sucede con la presunción de que, en unas elecciones primarias abiertas, el candidato del aparato partidista está condenado a la derrota. Los recientes procesos socialistas en la Comunidad Valenciana y Barcelona lo desmienten.

En el PSOE se impuso esa creencia como consecuencia de lo ocurrido en 1998, cuando José Borrell ganó contra pronóstico al secretario general, Joaquín Almunia, en las únicas primarias de ámbito estatal celebradas hasta ahora en España. Pero la conclusión extraída de aquel proceso, sostenida por las tentaciones ácratas de la militancia socialista, peca de descontextualización. Entonces, efectivamente, la militancia (las primarias fueron cerradas) se revolvió contra el aparato, pero aquello no fue un fenómeno totalmente espontáneo.

Aunque Alfonso Guerra había dejado de ser vicesecretario general un año antes –arrastrado por la renuncia de Felipe González a seguir al frente del partido–, los guerristas mantenían una red interna muy fuerte, tenían alto predicamento entre las bases y estaban ansiosos de cobrarse la venganza contra los que llamaron “renovadores de la nada”, quienes, con el beneplácito de González, los despojaron del poder interno que habían acumulado durante décadas. Fueron los guerristas los que dieron el triunfo a Borrell, del mismo modo que en 2000 suyos fueron los votos últimos que decantaron el 35 Congreso a favor de José Luis Rodríguez Zapatero.

Los procesos celebrados este año indican que los simpatizantes votan con la misma preferencia que los militantes que los reclutan Pero, ahora, el guerrismo es poco más que una leyenda del pasado. El PSOE actual carece de un aparato que pueda equipararse al que creó el guerrismo o, incluso, al que funcionó durante el periodo zapaterista, entre otras razones porque los dirigentes que podrían nombrarse con esa etiqueta no comparten objetivos –más allá de volver a ganar elecciones– y actúan con intereses dispares. Quién controla hoy el aparato del PSOE es un misterio salvo en Andalucía, donde no existe duda de que opera al servicio de Susana Díaz–, lo que permite que algunos dirigentes ironicen diciendo que en estos momentos en el PSOE “todo pasa por Ferraz, menos Ferraz”, la sede federal.

Tres simpatizantes por cada militante

Los dos procesos de primarias abiertas celebrados este año por los socialistas, en la Comunidad Valenciana y Barcelona, han dado el triunfo a los candidatos del aparato: en el primer caso, al secretario general, Ximo Puig; y en el segundo, a Jaume Collboni, que dejó de ser portavoz de la Ejecutiva del PSC para competir por la candidatura municipal. En Murcia, donde sólo pudieron participar los militantes, también se impuso la candidatura del secretario general, Rafael González Tovar.

La experiencia en la Comunidad Valenciana, que es la segunda federación más importante del PSOE después de Andalucía, aporta algunas enseñanzas, a expensas de que se vean verificadas en procesos posteriores, como el que este domingo se celebra en Baleares, donde compiten la secretaria general, Francina Armengol, y Aina Calvo, exalcaldesa de Palma de Mallorca.

La primera conclusión que puede extraerse es que el resultado de las primarias abiertas a los simpatizantes es bastante similar al de los congresos restringidos a los militantes, incluso con una ligera prima a favor del secretario general si ha sabido integrar (Puig fue elegido en un congreso con el 61,1% de los votos y ganó las primarias con el 69%, pero hay que tener en cuenta que en el congreso se enfrentó a su predecesor, Jorge Alarte, y éste le apoyó en las primarias frente a Toni Gaspar, que no logró aglutinar todo el voto crítico: un 32% frente al 34 que había obtenido Alarte en el congreso en el que fue derrotado por Puig).

En Valencia, Barcelona y Murcia ganaron los candidatos oficialistas En Murcia, donde sólo votaron los afiliados, González Tovar incrementó notablemente los apoyos con los que había sido elegido secretario general (el 56,66% de los votos frente al 37,74), pero en el congreso hubo tres candidatos y en las primarias sólo dos, desplazándose más del 70% de la tercera opción a favor del secretario general: es decir, hubo un desplazamiento de voto a favor del candidato percibido con antelación como ganador.

¿Por qué esa similitud de resultados entre congresos y primarias? La explicación última es que son los militantes los que acarrean simpatizantes a las urnas domésticas. No es una presunción, sino un dato contrastado. El equipo de Puig puso a todas las agrupaciones locales objetivos de captación de simpatizantes en función de su número de militantes. En números redondos, se censaron para votar 67.000 personas, de las que 16.000 eran militantes, de modo que cada afiliado reclutó de media a tres simpatizantes, aunque luego no todos acudieron a votar (participó el 83%).

En Barcelona, cuyo procedimiento no es idéntico al del PSOE,  el censo se amplió hasta 21.000 –se contabilizaron militantes, simpatizantes y los avalistas de los candidatos–, lo que supondría que cada militante tiró de seis simpatizantes, pero a la hora de la verdad sólo votaron 7.463, lo que indica que muchos se apuntaron por compromiso, que la campaña de los candidatos no resultó suficientemente motivadora o que el censo estaba inflado.

El censo sí importa

Si el PSOE lograra una movilización a la valenciana (tres por uno) para las primarias presidenciales, el censo alcanzaría las 800.000 personas, cerca de la cifra mágica del millón. Pero la principal conclusión a extraer es que el censo sí es importante y el aparato puede influir en su composición, cuantitativa y cualitativamente –puede incitar o frenar el activismo de la militancia en la captación de simpatizantes, facilitar o entorpecer su inscripción censal, en función de la inclinación de cada federación o agrupación hacia un candidato u otro-.

El aparato puede influir en el resultado a través del censo de votantes y de los medios a disposición de los candidatosLa importancia del censo explica por qué Chacón, que fía sus posibilidades a la participación más alta posible de simpatizantes, manifestó expresamente sus reservas a la decisión de que se cierre “al menos seis días antes de la fecha de la votación”. El debate televisado entre los candidatos que se da por seguro podría, dependiendo de la tensión y entusiasmo que sean capaces de generar, provocar un aluvión de simpatizantes que quieran apuntarse, pero si se celebra con demasiada antelación es más difícil que provoque ese efecto de última hora, y si se demora en exceso, los indecisos hasta el último momento ya no podrían censarse para votar.

Además, los aparatos son los encargados de poner al servicio de los aspirantes los medios materiales para su campaña y, si se confirman los nombres que están sobre la mesa, no todos parten de la misma posición: Eduardo Madina y Pedro Sánchez pueden viajar gratis como diputados, y Patxi López dispone de toda la estructura del PSE, mientras que Carmen Chacón, tras su renuncia al acta de diputada, tendría que costearse los desplazamientos de su bolsillo –o del de quienes la apoyen- si no se los paga o facilita el partido, al que corresponde velar porque la competición se produzca en igualdad de condiciones.

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