Un campo de minas aguarda al sucesor de Rubalcaba al frente del PSOE

Un campo de minas aguarda al próximo secretario general del PSOE, que sólo se consolidará si, además, obtiene buen resultado en las generales

Foto: Ofrenda floral de Pedro Sánchez esta semana en el monumento a Pablo Iglesias de Málaga. (EFE)
Ofrenda floral de Pedro Sánchez esta semana en el monumento a Pablo Iglesias de Málaga. (EFE)

Un campo de minas aguarda al próximo secretario general del PSOE, que sólo se consolidará si, además de ganar las subsiguientes primarias presidenciales, obtiene en las elecciones generales de 2015 un resultado que le permita afianzarse como líder en el congreso ordinario que se celebrará a continuación, en 2016. Un resultado electoral que deje a los socialistas por debajo de los 100 escaños –ahora tienen 110–, lo pondría a los pies de los caballos y haría de él un segundo Rubalcaba, otro líder de transición.

Antes de llegar a ese Rubicón, el secretario general que los militantes socialistas elijan el 13 de julio tendrá que sortear un sinfín de obstáculos. Eduardo Madina se ha comprometido a mantener el calendario aprobado, que sitúa las primarias presidenciales en noviembre, y Carmen Chacón, que desistió de competir por la secretaría general cuando parecía que iba a hacerlo Susana Díaz, está resuelta a gastar su último cartucho en una competencia abierta al conjunto de los ciudadanos que quieran participar en el proceso. Así, el escenario de una bicefalia seguirá abierto tras el congreso extraordinario del 26 y 27 de julio.

El otro candidato con más posibilidades, Pedro Sánchez, también ha dicho que mantendrá las primarias abiertas aprobadas en el congreso de Sevilla y ratificadas en la posterior Conferencia Política, pero no ha querido comprometerse sobre la fecha, lo que hace pensar a muchos que si gana, en sintonía con el criterio de Andalucía, podría posponerlas hasta pocos meses antes de las elecciones generales.

Pedro Sánchez, el viernes, en Murcia. (Efe)
Pedro Sánchez, el viernes, en Murcia. (Efe)

En todo caso, con bicefalia o sin ella, el nuevo líder socialista tendrá que afrontar, en el cercano horizonte de diez meses, las elecciones municipales y autonómicas de mayo de 2015. A día de hoy, el PSOE aspira a conservar el gobierno de Asturias, y a reconquistar Extremadura, Castilla-La Mancha y, si acaso con alianzas, Madrid. Pero podría no ganar en ninguna de ellas y, además, perder el gobierno del Principado, que lidera Javier Fernández en minoría. Si así fuera, Díaz pasaría a ostentar en exclusiva el título de baronesa socialista.

El juego de los tronos territoriales

Hace unos pocos meses, la entonces incipiente opción de Sánchez era considerada por Díaz “una broma”. Ahora, sin embargo, aunque formalmente ha dado libertad de voto a los militantes andaluces, está contribuyendo a que cunda la impresión de que Andalucía apuesta por el diputado madrileño, con un apoyo “implícito” similar incluso más evidente al que desplegó José Antonio Griñán a favor de Chacón frente a Alfredo Pérez Rubalcaba.

Dirigentes de Andalucía, Valencia y Madrid buscan un pacto para condicionar la próxima Ejecutiva

¿Por qué este cambio de opinión? Además de que Madina bloqueó su pretensión de ser coronada por aclamación, la versión oficialista dice que antes Díaz apenas conocía a Sánchez. Pero la impresión más extendida entre sus compañeros es que la baronesa andaluza actúa pensando en su propia hoja de ruta. En su calendario está dar, antes o después, el salto a la política nacional, que bien podría intentar en 2016 con vistas a las siguientes elecciones generales. Y, para eso, a Díaz le conviene un secretario general débil y sometido al yugo andaluz.

Pero no es la única con ese interés. Cuanto más débiles son los dirigentes territoriales, más necesitan de un secretario general débil. Algunos temen no llegar ni siquiera a candidatos si tienen que someterse también a un proceso de primarias, que Madina considera irrenunciable mientras que Sánchez se muestra más ambiguo. En este contexto, se aprecian movimientos de dirigentes andaluces, valencianos y madrileños para intentar condicionar la próxima Ejecutiva, algo que presumen más factible con Sánchez.

Madina, con militantes del PSM. (Efe)
Madina, con militantes del PSM. (Efe)

Desde que Díaz renunció a competir por el liderazgo nacional del PSOE, se ha producido un desplazamiento de los apoyos orgánicos que tenía en beneficio Sánchez, pero se trata de movimientos de aparatos que no tienen por qué ser secundados por la militancia, con acusada querencia a llevar la contraria a sus dirigentes. Y, además, no son movimientos homogéneos. Aunque se ha publicado que Andalucía apoya a Sánchez, también Madina tiene plataformas de apoyo en esta comunidad y, en lo que hace a los candidatos, la federación está más dividida de lo que transmite. Y otro tanto ocurre con la Comunidad Valenciana, y así, suma y sigue. El ejemplo que mejor ilustra la situación es Aragón, una comunidad con tres provincias: Zaragoza se inclina por Sánchez, Huesca, por Madina, y Teruel se declara neutral.

Los aparatos territoriales desplazan hacia Pedro Sánchez los apoyos a Susana Díaz

La razón de fondo es que el proceso para la elección del nuevo secretario general se está solapando con los preparativos para los comicios municipales y autonómicos. En cualquier territorio basta con que un sector apueste por un candidato para que los críticos apoyen al otro. Es en este terreno donde los dirigentes territoriales, casi todos en una situación comprometida, están jugando sus bazas, aunque de forma más discreta desde que fracasó con estrépito el movimiento público de lo barones a favor de Díaz.

Así, por ejemplo, el madrileño Tomás Gómez se reunió con los secretarios de las principales agrupaciones para pedirles que favorezcan la recogida de avales para Sánchez, pero manteniendo la apariencia de neutralidad. Gómez, que primero apostó por Chacón, después por Díaz y entremedias por Patxi López, ahora prefiere a Sánchez -aunque éste se volcó a favor de Trinidad Jiménez cuando la exministra le disputó unas primarias- antes que a Madina, que quiere ganar sin hipotecas territoriales. Su entorno reconoce que le falta “músculo orgánico”, pero su apuesta ha sido por el voto de los militantes, y en eso se mantiene.

José Antonio Pérez-Tapias.
José Antonio Pérez-Tapias.

Nuevo/viejo o izquierda/derecha

El diputado madrileño, que partía con desventaja frente a Madina, está ahora corriendo codo con codo con el diputado vasco, de forma un tanto sorprendente hasta para él. Hace unos meses, cuando todavía no había decidido postularse y su candidatura era vista como una maniobra para restar apoyos a Madina en favor de Chacón en primarias o Díaz en congreso, el estado que transmitía en su WhatsApp era: “¿Y por qué no?”, con un trébol de cuatro hojas. Tras el paso a un lado de la catalana y la andaluza, manteniendo la fe en el trébol de la suerte, su estado pasó a ser: “¡A por el cambio!”.

El proceso de sucesión reaviva las disputas locales entre sectores

El tiempo que los dos han dedicado a la preparación de su candidatura hace que Madina disponga de un proyecto elaborado, mientras que Sánchez lo está construyendo sobre la marcha. Pero, por lo pronto, el madrileño –que era más desconocido– le ha arrebatado al vasco la etiqueta de “lo nuevo”, de modo que probablemente Madina imprimirá en algún momento un giro para intentar polarizar el contraste entre la izquierda y la derecha del PSOE, donde tiene una identificación más clara, aunque sólo sea por la decantación unánime de los medios afines al PP en pro de Sánchez.

En el escenario de un resultado ajustado como el que ahora se prevé, la posición de Izquierda Socialista podría ser relevante, sobre todo si su candidato, José Antonio Pérez Tapias, logra reunir los avales necesarios. Si lo consigue, será no tanto por la propia fuerza de la corriente como por sus estrechos vínculos con UGT, cuyos militantes estarían anticipando el propósito de participar activamente en la elección del nuevo líder del PSOE. Así, no es descartable que en algún momento se produzca un aproximación entre Madina, que quiere hacer una bandera de la integración que no hubo con Rubalcaba, y la corriente Izquierda Socialista.

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