Sánchez llama a conquistar a los indignados para frenar la "torrentera" de Podemos
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Gonzalo López Alba

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Sánchez llama a conquistar a los indignados para frenar la "torrentera" de Podemos

Aunque el adversario siga siendo el PP, Sánchez reconoció que los socialistas tendrán que reconquistar antes su hegemonía en la izquierda

Foto: Pedro Sánchez durante su discurso. (Efe)
Pedro Sánchez durante su discurso. (Efe)

Aquí estamos, en pie y, una vez más, levantándonos. Hemos cambiado España dos veces y lo vamos a volver a hacer una tercera”. Esta frase compuesta, con la que Pedro Sánchez puso colofón a su primer gran discurso como secretario general del PSOE, resume el estado anímico con el que la mayoría de los socialistas –entre los críticos y la vieja guardia predomina el escepticismo- salieron el domingo de su congreso extraordinario.

Aunque el adversario a batir siga siendo el PP, Sánchez reconoció abiertamente que, además, por primera vez desde la recuperación de la democracia, para plantear esa batalla los socialistas tendrán que reconquistar antes su hegemonía en la izquierda, seriamente amenazada por una formación de nuevo cuño como Podemos. Apenas le dedicó un par de frases en un discurso de cincuenta minutos, pero lo que dijo fue suficientemente expresivo de su estrategia: “Salgamos al encuentro de los indignados”.

Sánchez, en la confianza de que muchos de los que han dejado de votar al PSOE lo hayan hecho sólo como “una llamada de atención”, trazó un clara línea de demarcación entre su partido y Podemos, fuerza a la que no dudo en identificar con el populismo: “No olvidemos que nosotros somos un proyecto de mayoría, no el fruto de una torrentera. El populismo no es más que poner la vela en la dirección en que sopla el viento y nosotros somos herederos de una Transición histórica de la que nos sentimos orgullosos”.

La imagen del cierre de filas

Para reforzar gráficamente esta idea, al tiempo que la de la renovación del liderazgo en un marco de continuidad, uno de los aciertos de la puesta en escena de la sesión de clausura fue el gesto de Sánchez de llamar al estrado, para una foto que pasará a los archivos históricos del PSOE, a sus cuatro predecesores en el cargo durante el periodo democrático: Felipe González, Joaquín Almunia, José Luis Rodríguez Zapatero y Alfredo Pérez Rubalcaba. El otro referente histórico, Alfonso Guerra, prefirió quedarse en Conil.

Con esta foto de cierre filas intergeneracional –más aparente que real-, Sánchez intentó también compensar el malestar creado entre los partidarios de Eduardo Madina y José Antonio Pérez Tapias, que se consideran excluidos de la nueva Ejecutiva. Aunque la marginación de Javier Fernández estuvo a punto de provocar un estallido, el presidente de Asturias sofrenó finalmente su primer impulso de anunciar el lunes que no repetiría como candidato en las elecciones autonómicas de mayo, para evitar así la fractura de su federación.

El líder asturiano dio el domingo por zanjado definitivamente el conflicto, que lo ha enfrentado más con Susana Díaz que con el propio Sánchez, apelando a que, después de un congreso, lo que toca es “amnesia inmediata”. Al fin y a la postre, Fernández será miembro nato de la Ejecutiva como presidente del nuevo Consejo para la Transición Industrial y Energética, y, además, Asturias tendrá dos secretarías de área (Adriana Lastra, de Política Municipal; y, María Luisa Carcedo, de Bienestar Social). Más que nunca.

A la hora de la votación, el malestar sólo se tradujo en un 13,81% de votos en blanco a la Ejecutiva, producto de un “salpicón de descontentos” más que de algo organizado. Si la Ejecutiva se aprobó con el 86,19% de los votos, la lista del Comité Federal, encabezada por José Antonio Griñán, alcanzó el 87,44%. En este órgano, en el que estarán Madina y Tapias, Izquierda Socialista colocó ocho representantes, una cuota que su portavoz consideró satisfactoria.

Una Ejecutiva “de coalición”

De la composición final de la Ejecutiva cabe afirmar que, si no hubo integración, sí ha habido renovación. Sólo repiten tres del anterior equipo: Patxi López, secretario de Acción Política y Ciudadanía; María González Veracruz, secretaria de Ciencia, Participación y Política en Red, y Emiliano García Page, como vocal.

Al final serán 44, ya que a los elegidos directamente el domingo hay que sumar como miembros natos a Díaz, Fernández, los portavoces en Congreso, Senado y Parlamento Europeo, y el secretario general de Juventudes. Hay más secretarios de área -25- y menos vocales -11- que nunca; lo uno por lo otro. Y overbooking de barones. De modo que el resultado final es lo que alguien definió como “un Frankestein”.

Pero la mayor incógnita que presenta su composición, más allá de la cualificación de los elegidos, es cómo funcionará el gobierno de coalición de Pedro Sánchez con Susana Díaz –lo primero que hizo el nuevo secretario general al subir a la tribuna fue ir a abrazar a la andaluza- y los otros barones territoriales –hasta 13 si se cuenta al recién sustituido Pere Navarro, al nuevo secretario de Organización, César Luena, y al ya abdicado en Navarra Roberto Jiménez, que asume el área de Emigración-. Tanto si los incorporó para reforzarlos en su debilidad como candidatos para los comicios locales y autonómicos de mayo como si lo ha hecho para blindarse de la suya como secretario general o para agradecer servicios prestados, es una agregación de suma cero que pueda acabar en resta porque unos ya han llegado a la Ejecutiva calcinados y otros pueden estarlo en mayo.

Por otra parte, prácticamente confirmados Antonio Hernando como portavoz en el Congreso y Óscar López en la dirección del grupo parlamentario en el Senado, la designación de la eurodiputada Iratxe García como secretaria para la Unión Europea apunta a que ella será finalmente la nueva jefa de la delegación socialista española.

Dominio escénico y discurso cómplice

El discurso de Sánchez mereció un elogio bastante generalizado, tanto por el contenido, muy del agrado de la parroquia socialista, como por el tono y las tablas escénicas que exhibió –incluidas las bromas con feedback-, aunque para el texto se ayudó de un teleprompter transparente.

Fue interrumpido por los aplausos en 72 ocasiones, aunque sólo en tres logró poner en pie al auditorio: la primera, cuando al hilo del escándalo de Jordi Pujol, denunció “el hipócrita patriotismo de quien, cuando tiene que elegir entre patria y patrimonio, elige el patrimonio”, para subrayar a continuación que los catalanes no tienen que “liberarse” de España, sino del paro y la corrupción; la segunda, cuando enunció un clásico que nunca falla, el compromiso nunca cumplido de denunciar el Concordato con la Santa Sede; y, la tercera, cuando apeló al patriotismo de partido enfatizando que, frente a quienes “quieren un PSOE débil, salimos más fuertes y unidos”.

Muy aplaudido también fue el compromiso más demagógico –por irrealizable- de todos los que asumió ayer: “Los bancos nacionalizados, cuando se vendan, han de serlo al mismo precio por el que fueron rescatados”. Quitada esta parte, y la de los latiguillos de la izquierda sobre las sicavs, su énfasis en el carácter inaplazable de “una transición económica” fue del agrado general. El fichaje de Manuel de la Rocha jr. como secretario de Economía –procede del colectivo Economistas frente a la crisis- ha sido bien valorado por sus predecesores en este área de responsabilidad.

Sánchez también insistió una y otra vez en que los socialistas cumplen lo que dicen, y puso como ejemplo, pese a las durísimas críticas que recibió por ello, su orden a los eurodiputados para que votaran en contra de la elección de Juncker como presidente de la Comisión europea. Pero nada dijo del compromiso de convocar primarias abiertas en noviembre, un fantasma que le perseguirá hasta que se celebren, si se celebran.

Un nuevo tiempo se ha abierto en el PSOE y será el tiempo el que determine su duración. Aunque pocos lo confiesan abiertamente, la impresión más extendida es que el auténtico relevo se producirá en el congreso ordinario de 2016, después de las elecciones generales, con Pedro Sánchez o sin él.

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