Añoranza de Zapatero, y hasta de Rubalcaba
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Gonzalo López Alba

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Añoranza de Zapatero, y hasta de Rubalcaba

“¡Vuelve Alfredo, vuelve!”, exclamó un periodista cuando Pedro Sánchez llevaba ya consumida media hora de su primera intervención ante el Comité Federal

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(EFE)

“¡Vuelve Alfredo, vuelve!”, exclamó un periodista cuando Pedro Sánchez llevaba ya consumida media hora de su primera intervención como secretario general ante el Comité Federal del PSOE, y el eco que esta exclamación encontró en la sala de prensa fue prácticamente unánime.

La tibieza de los aplausos en el semisótano de la calle de Ferraz donde se reúne el máximo órgano del partido entre congresos fue claramente indicativa de que por la cabeza de muchos dirigentes socialistas debió pasar alguna idea similar, aunque ninguno quiso reconocerlo abiertamente porque, si en algo hay unanimidad es en que, en estos momentos, disparar contra el líder recién elegido sería un suicidio colectivo.

Pero, en privado y bajo compromiso de off the record, no era pocos los que decían que “la falta de consistencia y rodaje” exhibida por Sánchez en un discurso muy deslavazado en el contenido, apagado en el tono y carente de grandes novedades es motivo para añorar, si no a Alfredo Pérez Rubalcaba, sí al todavía apestado José Luis Rodríguez Zapatero cuando el ahora expresidente asumió el relevo generacional en 2000.

No fue este sábado un buen día para Sánchez. Fue, podría decirse, el día en el que descubrió que, como escribiera Carlos Fuentes en La Silla del Águila (Alfaguara), en política “las lunas de miel son muy cortas” porque “los bonos democráticos se devalúan de la noche a la mañana”. Acaso por eso, acompañó la reconfirmación de que optará a ser candidato a la Presidencia del Gobierno –en las primarias abiertas que en el calendario aprobado saltan de finales del próximo mes de noviembre al 26 de julio de 2015– con un –en apariencia– innecesario recordatorio de que él fue elegido secretario general del PSOE “por sufragio universal directo de la militancia socialista”.

El miedo a Podemos

La primera reunión del nuevo sanedrín socialista, que congrega a más de doscientos dirigentes de todos los territorios, puso de manifiesto las primeras divergencias en la nueva cúpula, tan renovada que muchos no se conocían entre ellos. Y la cuña se llama Podemos.

Aunque Sánchez arrancó su informe político subrayando que quería “empezar por la economía”, apenas había dicho un par de generalidades cuando se lanzó en picado contra Podemos, al “denunciar la gran coalición” que para “debilitar al PSOE” se “está produciendo entre los extremos”, donde ubicó al PP y “el populismo”, genérico con el que evita sistemáticamente referirse a la formación encabezada por Pablo Iglesias.

La frase de Sánchez recordó a las denuncias que en su día hacía Felipe González de “la pinza” que contra él aplicaron PP e IU, y que alcanzaron su punto culminante cuando, en 1999, durante un mitin en Badajoz, afirmó que “la derecha no es igual que la izquierda”, pero “lo que sí es igual son [Julio] Anguita y [José María] Aznar: la misma mierda”. [González ya había sido derrotado electoralmente y su declaración era respuesta a otra del coordinador de IU, que había tachado de “técnicamente un criminal de guerra” a Javier Solana, entonces secretario general de la OTAN, por su papel en el conflicto de Yugoslavia]. A las pocas horas, en Cáceres, González retiraba el insulto directo para rebajar la identificación entre los líderes del PP y de IU a “la misma cosa”.

Salvadas todas las distancias, empezando por el insulto, a Sánchez le ocurrió algo parecido el sábado. En el turno con el que cerró la reunión, mantuvo que el PSOE “no puede pactar con los populistas”, a los que había definido como “los del descrédito del otro y los cuentos vacíos”, pero se vio forzado a aclarar que su mayor adversario es la derecha. Y es que, aunque la preocupación ante el fenómeno Podemos es unánime en el PSOE, no todos coinciden en la estrategia más conveniente, empezando por que si alguien debe emitir descalificaciones de esa naturaleza haya de ser su secretario general.

La opinión de fondo sobre Podemos no es muy diferente entre el secretario general y los dirigentes territoriales, pero hay una clara desarmonía en sus ritmos. Sánchez necesita recuperar espacio político con rapidez para consolidarse, y todo indica que ha optado por hacerlo en el combate cuerpo a cuerpo con Podemos para remarcar los desdibujados perfiles del PSOE, pero, ante el horizonte inmediato de las elecciones municipales y autonómicas de mayo, no todas las federaciones comulgan con el planteamiento del secretario general.

Así, por ejemplo, el entendimiento con Podemos puede ser decisivo para el valenciano Ximo Puig y el madrileño Tomás Gómez, que fundan sus expectativas de gobernar en arrebatar la mayoría absoluta al PP en un contexto en el que, hasta en Andalucía, como ha informado este diario, los socialistas manejan encuestas en las que Podemos ya estaría por delante de IU como tercera fuerza, un escenario que ha vuelto a disparar los rumores sobre un adelanto de las elecciones en esta comunidad. Y así, con distintos énfasis, una amplísima mayoría pidió a Sánchez que levante el dedo del gatillo cuando critica a Podemos.

“En política de alianzas, nunca digas nunca jamás”, le advirtió Juan Antonio Barrio, portavoz de Izquierda Socialista, ante su afirmación de que el PSOE no pactará con Podemos “ni antes ni durante ni después” de los procesos electorales. Tras saltarse a la torera la promesa asumida durante la campaña de las primarias de llevar a los nuevos órganos de dirección la convocatoria de las primarias presidenciales en noviembre, ésta podría ser la segunda cruz en la frente de Sánchez. Este sábado, aunque acabó reformulando el orden de los adversarios a batir –primero el PP–, se mantuvo en su idea de fondo al responder a Barrio con el título de otra película de James Bond: “No se puede pactar con el doctor No”.

En el fondo, lo que hay en el PSOE es “miedo” a Podemos, como apuntó el presidente de Asturias, Javier Fernández: “No me preocupa Podemos, me preocupa el miedo a Podemos”. El que hay, por ejemplo, en Andalucía, lo puso de relieve su secretario de Organización, Juan Cornejo, cuando, tras el discurso de Sánchez, declaró a los periodistas que “populismo es un término genérico que yo no voy a aplicar a nadie”, para añadir que “Podemos es una formación política que recibe unos votos muy respetables de los ciudadanos, como cualquier otro partido”.

El presidente asturiano, uno de los pocos dirigentes que quedan capaces de hablar sin papeles y decir algo más que eslóganes propagandísticos, advirtió de que una crisis con el calado de la actual representa una época de “temporada alta para cualquier tipo de populismo”, pero defendió que, “frente a los simplificadores de cualquier signo ideológico, los socialistas tenemos que hacernos cargo de la complejidad” y tener claro que no tienen otro adversario que “quienes promueven o se benefician de la desigualdad”.

La “última oportunidad”

En otra coyuntura, las diferencias de estrategia que asomaron este sábado habrían provocado más de una explosión, pero el cierre de filas se impone porque todos, o la gran mayoría, han interiorizado que con la elección de Sánchez en julio, los socialistas se jugaron el resto y están ante “nuestra última oportunidad” para mantener la hegemonía en la izquierda que conquistaron en las primeras elecciones democráticas, en 1977.

Sobre la unidad de acción ante esta encrucijada, para algunos se reabrió el sábado el interrogante sobre la actitud de Susana Díaz. La presidenta de la Junta de Andalucía no asistió a la primera reunión del nuevo Comité Federal con la excusa oficial de su visita a Marruecos, donde el viernes fue recibida de forma excepcional por el rey Mohamed VI, pero los que más recelan de la ambición que se atribuye a la baronesa andaluza alegaban que, si esa era la razón, bien se podría haber buscado otra fecha.

La versión oficial señala que así se hizo y se barajó adelantar la convocatoria al día 6, pero, finalmente –argumentan– no hubo forma de cuadrar la agenda de Díaz con los plazos previstos para la convocatoria de las primarias regionales y municipales, aprobadas este sábado –las autonómicas se celebrarán en octubre en Castilla-La Mancha, Extremadura, Canarias, Navarra y La Rioja, en formato abierto a los ciudadanos, y también en Madrid, pero aquí restringidas a los militantes por expreso deseo de Tomás Gómez, defensor a ultranza del formato abierto hasta la caída de Rubalcaba–.

Un esbozo ya conocido para una “agenda de cambio”

Sea cual fuere la pizarra de Susana Díaz, la reunión del Comité Federal de este sábado refuerza la impresión de que Sánchez debe “actuar con calma, pero pensar deprisa”, justo a la inversa del enunciado con que el comenzó su discurso: “Actuar deprisa, pero pensar con calma”.

Urgido por un mandato que sabe provisional –hasta después de las próximas elecciones generales– y apremiado por la proximidad de las citas electorales, Sánchez se apresuró a anotarse dos tantos cuando el balón todavía no ha cruzado la raya de la portería: la retirada de la reforma de la ley del aborto, que anticipó El Mundo, y cuyo mérito correspondería, en todo caso, a Rubalcaba y su equipo; y el freno a la reforma para la elección directa de los alcaldes, a la que aún está por ver que renuncie el PP. También presentó como una propuesta de nuevo cuño la oferta de tres pactos de Estado que ya había planteado su predecesor: sobre educación, energía y reforma de la Constitución.

Lo más innovador respecto del proyecto de Rubalcaba en lo que llamó el “esbozo de una agenda de cambio”, que se irá concretando en cinco convenciones sectoriales, fue el compromiso de hacer que los condenados por corrupción no sólo soporten penas de cárcel más elevadas, sino que “respondan con todo su patrimonio, incluso el que han ocultado poniéndolo a nombre de terceros”. Más allá del juicio que merezca cada propuesta, de momento todo su proyecto político peca de falta de concreción, como le subrayó Izquierda Socialista.

Aunque este sábado no fue un buen día para Sánchez, si algo ha demostrado hasta ahora el secretario general del PSOE es arrojo para enfrentarse a grandes desafíos y capacidad para ganar competiciones en las que, a priori, nadie cuenta con él. Si tenía alguna duda, ya sabe que para él la carrera puede cortarse abruptamente si el PSOE no supera el examen de selectividad que en mayo se hará de forma territorializada: si aprueba, el mérito habrá sido colectivo; si suspende, toda la culpa se descargará sobre él. Y el temor que se confirmó este sábado es que, aunque con un tiempo natural podría llegar a ser un buen líder, la velocidad a la que giran las horas del reloj político puede impedir que así ocurra.

De momento, como habría dicho Zapatero invocando a Jorge Luis Borges, tendrá que apelar a la refutación del tiempo.

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