¿Qué pasará en el PSOE si Sánchez pierde el 20-D?

Habrá marejada si los socialistas no logran recuperar el Gobierno, pero la intensidad del oleaje dependerá del clima político que se cree

Foto: Pedro Sánchez durante su intervención en Málaga el pasado viernes. (EFE)
Pedro Sánchez durante su intervención en Málaga el pasado viernes. (EFE)

¿Qué pasará en el PSOE si Pedro Sánchez pierde el 20-D? Habrá marejada, sin duda. Pero ¿hasta dónde llegara el oleaje? Depende. La del triunfo o la derrota no son siempre cuentas exclusivamente aritméticas, y menos en un contexto de fragmentación parlamentaria. “Va a depender no solo de los números, sino también del clima político que se genere”, advierte un veterano curtido en mil batallas de poder.

Su pronóstico es el siguiente: “Si lo que queda es que tenemos por delante otra legislatura de cuatro años que permita al PP recuperarse del desgaste de la primera, entonces Pedro no podrá seguir. Si, por el contrario, se impone la atmósfera de que el PSOE se ha renovado, está recuperando posiciones y que el Gobierno que se forme no podrá resistir toda la legislatura, entonces Pedro podrá continuar”.

(EFE)
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El PP fue la fuerza más votada en las elecciones municipales y autonómicas de mayo, el partido ganador. Y, sin embargo, lo que ha quedado, como efecto colateral de los pactos poselectorales, es que el PP fue el gran derrotado. Otro ejemplo: en 2012, el PP ganó las elecciones autonómicas en Andalucía, en votos y en escaños, pero nadie se atrevió a mover el sillón de José Antonio Griñán porque sumaba la mayoría parlamentaria con IU y eso permitía a los socialistas andaluces retener el poder.

Como ha advertido el presidente de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, “no se puede gobernar con menos del 25% de los votos”. Ese fue el listón que la federación andaluza le puso a Alfredo Pérez Rubalcaba. De ahí que arrecie la presión interna sobre Sánchez para que asuma el compromiso de no gobernar si no gana las elecciones. Sería su inmolación, o, como dicen sus colaboradores, ponerle puertas al campo. Pero eso solo les importa a él y a los que dependen directamente de él para conservar sus puestos. “Lo importante es el partido, los líderes pasan”, sentencia otro veterano, que no ve fórmula alternativa para movilizar el voto útil ni viable derrotar al PP sin pescar en ese caladero.

“Si lo que queda es que tenemos por delante otra legislatura de cuatro años del PP, entonces Pedro no podrá seguir“, pronostica un veterano

En el PSOE dicen que, aunque la marca no tira, ellos tienen el mejor candidato. De Podemos, opinan que la marca falla y que el líder, Pablo Iglesias, se ha quemado. Pero funciona la marca Ciudadanos, y Albert Rivera, que como Iglesias no aparece en los sondeos del CIS, dista mucho de estar quemado. Y Mariano Rajoy está demostrando que el partido en el Gobierno tiene margen para mejorar.

Los autores de 'Aragón es nuestro Ohio', obra del colectivo Piedras de Papel, integrado por 11 reconocidos sociólogos y politólogos de pensamiento progresista, sostienen que en España “el impacto de la 'simpatía' por el partido es sustancialmente mayor que el impacto que tienen las valoraciones positivas del candidato”. Pero “cuando valoramos a un líder, proyectamos en él, sin quererlo, nuestras preconcepciones sobre el partido que lidera”, de modo que “los candidatos son fundamentalmente relevantes no para motivar a las propias bases, sino para animar a votantes que de otro modo no se animarían a votar por su partido político”. Es decir, el candidato puede ser especialmente útil para movilizar a los indecisos, que son determinantes para generar mayorías.

Tres factores que favorecen a Rajoy

En vísperas de la convocatoria electoral, se presumía que “el manejo del asunto catalán influirá mucho”, pero ahora, tras la ofensiva del terrorismo yihadista en Europa, se le ha sumado otro factor de inestabilidad e incertidumbre. Por eso en el PP se han encomendado a la máxima de San Ignacio de Loyola: en tiempo de tribulación, mejor no hacer mudanza. Aunque los nuevos partidos estaban convencidos de que, tras siete años de Gran Recesión, la población iba a anteponer los deseos de cambio al miedo, la nueva 'agenda política' de estos tiempos gaseosos tiene como principales elementos dos asuntos ante los que el votante puede volverse conservador, es decir, votar por la continuidad del Gobierno.

La dirección socialista confía en la valoración de su candidato para atraer a los indecisos

Y, en contra de la ilusión que se hacen algunas izquierdas, los millones de parados no forman ninguna legión de votantes dispuestos a votar lo que sea con tal de cambiar el Gobierno. Más bien, al contrario. “Lejos de ser un acicate para la participación política, la experiencia de desempleo -especialmente cuando se sufre durante periodos prolongados de tiempo- tendría como consecuencia la desmovilización política de quien lo sufre” ('Aragón es nuestro Ohio'). De acuerdo con las encuestas poselectorales del CIS, en los últimos comicios generales (de 2000 a 2011), el nivel de participación de los desempleados fue de entre seis y ocho puntos más bajo que el de la población en su conjunto.

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