Euskadi y Galicia resucitan en el PSOE el fantasma del 'sorpasso'

Los comicios autonómicos del 25-S pueden constatar que el PSOE es hoy incapaz de ser alternativa de gobierno, tanto al PP como a los nacionalistas

Foto: El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, en rueda de prensa en Ferraz el pasado 5 de septiembre. (Reuters)
El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, en rueda de prensa en Ferraz el pasado 5 de septiembre. (Reuters)

De no ser por las realidades políticas construidas y los marcos mentales creados con este propósito en un país bloqueado por la incapacidad de los partidos para traducir en un Gobierno la voluntad de los españoles expresada en dos elecciones consecutivas, los próximos comicios vascos y gallegos no serían más que eso: convocatorias de ámbito territorial para decidir los correspondientes gobiernos autonómicos. País Vasco y Galicia solo eligen a 41 de los 350 diputados que conforman el Congreso, pero, de la misma forma en que los secesionistas catalanes promueven elecciones plebiscitarias para suplantar el imposible referéndum de autodeterminación, los tres grandes partidos –la penetración de Ciudadanos en estas comunidades es muy escasa, casi testimonial– han querido convertir esos comicios en una suerte de referéndum parcial sobre las estrategias que han venido desplegando desde el 26-J.

Para los socialistas pintan bastos. El fantasma del ‘sorpasso’ de Unidos Podemos, que parecía neutralizado desde el 26-J, resucita con fuerza en País Vasco y Galicia. Y, además, si se cumplen los pronósticos demoscópicos, el 25-S será la constatación de que el PSOE es hoy por hoy incapaz de ser una alternativa sólida de gobierno, ni al PP ni a los nacionalistas, aunque formalmente, como en Galicia, puedan retener la segunda posición. Durante muchos años se dijo que el PP no lograba ganar las elecciones en España porque había renunciado a tener una presencia fuerte en Cataluña y País Vasco, fortaleciendo a cambio su “voto español”, pero hoy el PSOE no es menos irrelevante que el PP en estas comunidades y sin contrapartida de “voto español”.

El expresidente del Congreso y exlendakari Patxi López, el pasado 2 de septiembre en el Congreso. (EFE)
El expresidente del Congreso y exlendakari Patxi López, el pasado 2 de septiembre en el Congreso. (EFE)

El PSE, después de haber conquistado la Lehendakaritza en 2009, gracias a la ilegalización de las candidaturas proetarras y el apoyo parlamentario del PP a la investidura de Patxi López, cuyo mandato fue determinante para la extinción de ETA, se ha sumido en un papel secundario y a lo más que puede aspirar es a seguir siendo la muleta del PNV. Puede que ni a eso. Según las encuestas hasta ahora publicadas, el lendakari Iñigo Urkullu podría obtener la investidura apoyándose tanto en PSE como en PP, y también en EH Bildu y/o Podemos, para gobernar después aplicando la geometría variable de pactos. Pero el PSE cae a la cuarta posición, con pérdida de la mitad de sus escaños y en un pañuelo con el PP, y el ‘sorpasso’ en esta comunidad autónoma parece un hecho consumado. Paradójicamente, el mejor escenario para los socialistas sería que el PP obtuviera un resultado suficiente para que el PNV no tuviera que buscar más apoyos y, en contrapartida, los peneuvistas apoyaran la investidura de Mariano Rajoy.

Los críticos pasarán factura a Sánchez en el comité federal, pero parecen resignados a que habrá terceras elecciones y reservan a Susana Díaz

En Galicia, el PSdG –roto en mil pedazos y con el sector encabezado por el alcalde de Vigo, Abel Caballero, enfrentado a Ferraz– lucha por mantener la segunda posición frente al empuje de la alianza establecida entre En Marea y Unidos Podemos. Las encuestas apuntan a que Alberto Núñez Feijóo está defendiendo bien su mayoría absoluta, pero si la perdiera frente a las izquierdas, los socialistas tendrían que enfrentarse al rompecabezas de intentar formar un Gobierno multicolor y aún arrastran la mala imagen dejada por el bipartito que presidió Emilio Pérez Touriño con los nacionalistas del BNG.

Candidatos afines a Sánchez

Los candidatos socialistas en Galicia y País Vasco, Xoaquín Fernández Leiceaga e Idoia Mendia, debutan como cartel y los dos están alineados con Pedro Sánchez en las guerras intestinas del PSOE, con la diferencia de que el primero solo es candidato de un partido gobernado por una gestora y la segunda es también secretaria general de una organización cada vez más pequeña, pero unida. Esta cercanía personal, y la vuelta de calcetín dada en Ferraz a las listas gallegas, será otro elemento que los críticos tendrán en cuenta para endosar los previsibles malos resultados a Sánchez, aunque dan por sentado que el secretario general en funciones “ya encontrará la forma de digerirlo como si no hubiera pasado nada, nadie como él para vender como un éxito el fracaso más rotundo”.

Pedro Sánchez y el candidato del PSdeG a la presidencia de la Xunta, Xoaquín Fernández Leiceaga. (EFE)
Pedro Sánchez y el candidato del PSdeG a la presidencia de la Xunta, Xoaquín Fernández Leiceaga. (EFE)

En el flujo y reflujo de las procelosas aguas socialistas, en las que cualquier remolino puede desatar un huracán, si a comienzos de mes los críticos planeaban, en un encuentro con participación de barones, notables y miembros de la vieja guardia, un golpe de mano para promover una gestora, previa dimisión al día siguiente de la mitad más uno de los miembros de la ejecutiva, ahora la mayoría parece resignada a que habrá terceras elecciones generales y decidida posponer una vez más la batalla por el control del partido, hasta un posterior congreso.

El encanallamiento de la vida interna y la radicalidad de las bases llevan a los más viejos del lugar a decir: "No conozco este partido. Pedro lo ha podemizado"

Nadie se atreve en estos momentos a intentar destronar a Sánchez. El mejor momento, el comité federal del 28 de diciembre, se dejó pasar. Entonces nadie secundó a Javier Fernández en la solución de un congreso extraordinario para resolver el problema de liderazgo. Y ahora: “La militancia está muy radicalizada y no solo en las redes. Hay críticas muy agrias en las asambleas, especialmente hacia Guillermo (Fernández Vara)”, el que más abiertamente se ha pronunciado a favor de la abstención que facilite la investidura de Rajoy, argumentan para justificar su nuevo repliegue, sin ocultar su temor a que la escisión que ya existe de facto en el PSOE se consume formalmente habida cuenta del encanallamiento de la vida interior.

Pedro nos ha ganado la posición. Ha construido su capital político con el “no podemos votar a un presidente corrupto”, que es muy emocional y penetra muy bien entre nuestra gente. Una gestora sería un golpe de mano, una solución de emergencia. Pero, ¿para qué? Tendría que ser para facilitar el gobierno del PP y, con la militancia tan radicalizada en contra, Susana tendría pocas posibilidades en una elección del secretario general por el voto directo de los afiliados”, explica un barón. Y los barones no quieren quemar a la presidenta de la Junta de Andalucía porque no vislumbran otra alternativa.

Pedro Sánchez junto a la candidata socialista a lendakari, Idoia Mendia. (EFE)
Pedro Sánchez junto a la candidata socialista a lendakari, Idoia Mendia. (EFE)

Para no tener que pagar ellos el precio que conlleva destronar a Sánchez, han sondeado la posibilidad de que el incendio se declarase en el grupo parlamentario, pero no han encontrado eco. No por falta de parlamentarios discrepantes, sino porque, como ya se ha contado en este blog, los que no temen a Sánchez temen a Díaz o a su correspondiente jefe de filas territorial, o a todos a la vez. Saben que lo que viene es “un congreso a cara de perro”. El resultado es el silencio de los corderos, salvo cuando a alguien le pisan un callo, en un partido internamente carcomido por las querellas personales, del que los más viejos del lugar dicen con hondo pesar: “No conozco este partido. Pedro Sánchez lo ha podemizado”.

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