La ruptura entre sanchistas y críticos sume a los socialistas en el desconcierto

El paso de los días, después del convulso comité federal del PSOE del 1 de octubre, acredita que ni los críticos tenían un plan más allá de apartar a Sánchez, ni los sanchistas eran un bloque compacto

Foto: Un manifestante sostiene un cartel de Pedro Sánchez y otro uno de 'No al PP', el pasado 1 de octubre en Ferraz, mientras se celebraba el comité federal del PSOE. (Reuters)
Un manifestante sostiene un cartel de Pedro Sánchez y otro uno de 'No al PP', el pasado 1 de octubre en Ferraz, mientras se celebraba el comité federal del PSOE. (Reuters)

En estos tiempos en que a ciegas vamos tropezando, como diría José Saramago, el presidente de la gestora del PSOE, Javier Fernández, parece un trasunto del personaje que conserva la vista cuando todos se quedan ciegos en ‘Ensayo sobre la ceguera’, novela que todos los políticos españoles deberían llevar bajo un brazo, junto con el ‘Ensayo sobre la lucidez’, también del escritor portugués, bajo el otro brazo.

El presidente asturiano, que está de vuelta de todo sin haber perdido un ápice de sus convicciones, ni de su lucidez, ni de su compromiso con su partido y su país, ha asumido en el PSOE la responsabilidad que reclamaba Saramago, “la responsabilidad de tener ojos cuando los otros lo perdieron”, consciente de que “cuando la ola golpea en la roca, quien paga siempre es el mejillón” (‘Ensayo sobre la lucidez’).

Esto es lo que estaba ocurriendo con Pedro Sánchez y Mariano Rajoy, con Rajoy y con Sánchez, que durante los largos meses perdidos para España han actuado como dos luchadores de sumo, que no levantan el pie de donde lo tienen puesto, pero tampoco logran avanzar un milímetro confiándolo todo al agotamiento final del adversario. Sánchez se agotó no por el empuje del rival, sino porque su soberbia y ambición no le permitieron calibrar sus fuerzas reales, un error que todavía acecha al presidente en funciones, empujado por los ciegos de su partido que, como el portavoz parlamentario, Rafael Hernando, no se contentan con la derrota del oponente sino que pretenden su destrucción.

Las fugas en el sanchismo, que ya han comenzado, hacen cuestionar que el exsecretario general pueda volver a competir por el liderazgo

Lo primero que ha hecho Fernández, como todo buen director de juego, es bajar el balón al suelo. Pero en lugar de jugar en césped se ha encontrado con que tiene que manejarlo en un pedregal y, por si ya fuera poco inconveniente, ha de revertir la táctica de que antes pase el balón que el adversario, tarea de por sí ya suficientemente compleja porque, como bien ha entendido el presidente de la gestora, cuando un monte se ha quemado, antes de ni siquiera poder pensar en repoblarlo utilizando las cenizas como abono, hay que apagar el incendio.

Desconcierto general

El PSOE es, en estos momentos, un partido desconcertado. Y es así porque el desconcierto afecta, en igual medida aunque de distinta forma, a sanchistas y críticos.

Tras el ‘golpe de los coroneles’ que derrocó a Sánchez antes de que consumara una alianza con los secesionistas catalanes, se ha podido constatar que la única argamasa de los amotinados era el rechazo a su liderazgo y que lo planificado con antelación terminaba con su apartamiento del puente de mando. Aunque ya se sabía, porque así lo habían manifestado antes, se ha visualizado con nitidez que no todos los alineados en este bando son partidarios de la abstención, sino que hay un número importante que, con figuras destacadas como el manchego Emiliano García-Page o el aragonés Javier Lambán, ambos condicionados por sus alianzas territoriales con Podemos, comulga con el no a Rajoy es un “no es no”. Por esto respiró con alivio Fernández cuando en la reunión del grupo parlamentario se produjo una mayoría de intervenciones a favor de la abstención que facilite la formación de Gobierno como mal menor si antes no se obra el milagro de un entendimiento entre PP y PNV.

Javier Fernández, presidente de la gestora del PSOE, este viernes en Oviedo. (EFE)
Javier Fernández, presidente de la gestora del PSOE, este viernes en Oviedo. (EFE)

Pero si este es un escenario que se puede modificar a base de pedagogía entre la militancia, lo que también exige como condición previa que la olla deje de estar en ebullición porque las dos facciones esgrimen argumentos de peso y les acompaña parte de la razón, con el paso de los días se va poniendo de manifiesto que el sanchismo, además de ser minoritario en los centros de poder del partido, tampoco era un bloque compacto. Como siempre ocurre, cuando el centro de poder se desplaza también se mueven las orillas. Y las fugas en el sanchismo ya han comenzado, a la voz de ¡sálvese quien pueda! Algunos, y algunas, han visto cómo se evaporaba la promesa de Sánchez de hacerlos ministros y otros temen que, si se repiten las elecciones, los que no repetirán como candidatos serán ellos.

El anuncio de la diputada zaragozana Susana Sumelzo de que votará en contra de la investidura de Rajoy aunque para ello tenga que romper la disciplina de voto puede ser el canto del cisne de un sanchismo terminal, en el que al final solo quede César Luena y tres más interpretando el papel de “mártires de la izquierda auténtica” (hipócrita es vocablo que antaño se aplicaba a los actores). El llamamiento hecho a los militantes por el cesante secretario de Organización para que no abandonen el PSOE es un buen ejemplo de la doblez marrullera de este aprendiz de brujo, que ha dejado tras de sí un reguero de sangre, lágrimas y odios: aunque la militancia está tocada y alicaída, el último cotejo del censo de afiliados refleja que las bajas registradas desde el comité federal del día 1 “no superan la treintena”, según datos oficiales de Ferraz.

Con Susana Díaz retirada a sus cuarteles para recomponer su figura, Javier Fernández intenta poner orden y sentido común en la casa socialista

Si Luena todavía sigue, formalmente, al lado de Sánchez, la posición de sus otros dos escuderos mayores ya ha cambiado. Antonio Hernando, que como su maestro Alfredo Pérez Rubalcaba siempre está al lado del jefe (lo que ocurre es que el jefe no siempre es el mismo), las veía venir desde hacía tiempo y desde hacía tiempo tenía puesto un pie en el sanchismo y otro en el susanismo. Y Óscar López está sumido, según fuente próximas, en un proceso personal de reconsideración de sus planteamientos. En cuanto a Rodolfo Ares, que durante el comité federal se convirtió en el brazo armado de Sánchez, ha dilapidado el prestigio atesorado durante toda una vida de lucha en el País Vasco para pasar a ser uno de los personajes más denostados dentro del PSOE, de norte a sur y de este a oeste, aunque hay quien dice que “ya muestra síntomas de arrepentimiento”.

El liderazgo futuro

Es el desconcierto provocado por este flujo y reflujo de las procelosas aguas socialistas el que explica que ya haya quinielas sobre el posible candidato para la hipótesis de que, finalmente, hubiera repetición de elecciones. Con Susana Díaz replegada a sus cuarteles para intentar coser los jirones en su vestido de sucesora, la opción de Fernández es una obviedad; y la de Ángel Gabilondo, recogida el jueves por este diario, “una alternativa a la desesperada” porque sería la primera vez en la historia del PSOE que su candidato no es el secretario general y tampoco afiliado, aunque el exministro milite en la 'agrupación' de Prisa, revitalizada tras la incorporación al consejo editorial de ‘El País’ de Rubalcaba, implicado hasta las trancas en el ‘golpe de los coroneles’.

Susana Díaz conversa con su portavoz parlamentario, ahora portavoz de la gestora, Mario Jiménez. (EFE)
Susana Díaz conversa con su portavoz parlamentario, ahora portavoz de la gestora, Mario Jiménez. (EFE)

Si finalmente no se repiten las elecciones y el PSOE opta por celebrar su congreso pendiente en la primavera próxima, como aconseja la necesidad de serenar los ánimos y abrir un debate de ideas tan profundo como sea menester para encontrar una nueva hoja de ruta, el escenario favorece 'a priori' las ambiciones de Díaz de dar el salto a Madrid y ninguno de esos dos nombres estará en la competición.

La opción de una tercera vía, ajena a la última guerra, sigue ganando adeptos para el próximo congreso, aún sin fecha, pero que podría celebrarse en primavera

¿Estará Sánchez? El exsecretario general quiso que se supiera que esa es su intención inicial porque a día de hoy no hay político ni periodista que no sepa que no hay mejor vía para difundir una confidencia que confiársela al presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla. Hay una mayoría, incluyendo a sanchistas, que descarta que vaya a encabezar una escisión porque ni Alfonso Guerra, que sí disponía de mimbres y fuerza orgánica para hacerlo, se atrevió cuando rompió con Felipe González en los años noventa. Pero los críticos creen, además, que cuanto más tiempo se deje pasar más se descompondrá el sanchismo y puede que, llegado el momento, ni siquiera pudiera reunir los avales suficientes para ser candidato. En todo caso, ha perdido los dos principales valores que lo encumbraron a la secretaría general: el apoyo mayoritario de Andalucía y la virginidad política. Y ha ganado un currículum y una proyección pública que no tenía, suficientes como para no tener que volver a la actividad privada como falso autónomo.

Lo cierto es que, mientras, va creciendo por todas las federaciones el número de partidarios de una tercera vía liderada por gentes ajenas a la última guerra y cada vez son más los que miran al diputado turolense Ignacio Urquizu. En medio del vacío, su tribuna del lunes en 'El País' ('La travesía del PSOE'), en la que subraya que “el principal problema del PSOE no es tanto ideológico como de conexión con sectores representativos de los valores de progreso”, ha sido para muchos como una luz en medio de una noche de tormenta: el PSOE está tocado, pero no hundido, porque todavía tiene banquillo y gente con capacidad de pensar por sí misma sin necesidad de repetir consignas.

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