Los críticos amarran el comité y el PSOE cruza el Rubicón con Díaz de estandarte

La votación del comité federal que acordó la abstención en la investidura de Rajoy refleja el reparto de fuerzas que se pronosticaba para un duelo entre Díaz y Sánchez: 60% frente a 40%

Foto: Los presidentes de Andalucía y Aragón, Susana Díaz y Javier Lambán, ayer, 23 de octubre, durante el comité federal del PSOE. (Reuters)
Los presidentes de Andalucía y Aragón, Susana Díaz y Javier Lambán, ayer, 23 de octubre, durante el comité federal del PSOE. (Reuters)

‘Alea jacta est’. Tras 10 meses de hipocresías políticas, juegos malabares y maniobras en la oscuridad, el PSOE decidió dar este domingo el paso que sin tantos desgarros ni ‘reality show’ pudo haber dado en diciembre del año pasado, cuando los españoles ya decidieron que su tarea era ejercer una oposición que, falta de Gobierno al que oponerse, ha estado de recreo durante casi un año. El resultado del comité federal que decantó la posición final a favor de la abstención en la segunda votación de la nueva investidura que esta semana pedirá Mariano Rajoy reproduce el pronóstico que, desde que se produjo su ruptura, se venía haciendo internamente para un escenario de enfrentamiento en primarias entre Susana Díaz y Pedro Sánchez: 60% frente a 40% —139 votos a favor de la abstención y 96 en contra—.

Ante los estropicios causados por esta travesía en círculo, durante la que se depuso al capitán entre amenazas e insultos cruzados de la tripulantes para estupefacción del pasaje, el sentido común aconsejaba que antes de calafatear la nave, hay que amarrarla bien para que no ande a la deriva en plena faena de taponamiento de las vías de agua. Esto es lo que, con el recuerdo vivo del bochorno —propio y ajeno— del 1 de octubre, hicieron este domingo los críticos que han tomado el puente de mando del PSOE. Y, ¿quién mejor para dirigir las maniobras de reparación que quienes tienen la ‘auctoritas’ de haber sido los dos últimos vicesecretarios generales del partido?

Varios manifestantes se acercaron al cuartel general de Ferraz. (Reuters)
Varios manifestantes se acercaron al cuartel general de Ferraz. (Reuters)

Con José Blanco controlando el debate desde la presidencia del comité federal y Elena Valenciano como promotora nominal de la resolución favorable a la abstención, los barones que protagonizaron el ‘golpe de los coroneles’ pudieron dar un paso a un lado para no tener que seguir soportando todo el desgaste del apartamiento de Sánchez, preservar el liderazgo orgánico en sus federaciones y tener algún parapeto tras el que protegerse frente al escrache político de Podemos a los gobiernos socialistas en Castilla-La Mancha, Aragón o Comunidad Valenciana (ni Page, ni Lambán ni Puig hablaron). Pero sus subalternos trillaron el terreno para que Susana Díaz pudiera demostrar que ella no se esconde cuando pintan bastos y tuviera la ocasión de recomponer su traje de candidata para liderar el nuevo PSOE que ha de surgir tras cruzar el Rubicón de la abstención.

Díaz, en contra de lo que suele hacer, pidió ser de los últimos en hablar, y suya fue la última intervención de peso [aquí en PDF] antes de la votación, aunque, para que no pareciera que la baronesa andaluza estaba usurpando el turno que tradicionalmente corresponde al secretario general, Blanco todavía concedió la palabra a una representante de Murcia (Begoña García Retegui, a favor del no) y otra de Madrid (Maru Menéndez, a favor de la abstención). Para quien aspira a liderar el PSOE, no era momento de nadar y guardar la ropa, sino de lanzar abiertamente unos cuantos ‘inputs’ de liderazgo.

La presidenta de Andalucía, convencida de que nadie mejor para hacer la paz que quien hizo la guerra, llama a recuperar "la moral de victoria" desde la unidad

Convencida de que nadie mejor para hacer la paz que quien ha participado en la guerra, la presidenta de Andalucía reconoció que “todos tenemos razones para mantener una posición u otra”, pidió autocrítica sobre “nuestros propios errores” y lamentó que el debate interno se hubiera deslizado hasta el insulto entre compañeros de partido. Pero, mirando deliberadamente hacia adelante, sobre todo habló de la necesidad de que el PSOE sea “útil para el país”, recordó que el PSOE de Andalucía “siempre lo da todo para que gane el PSOE” en cualquier territorio de España y apeló a la necesidad de recuperar “la unidad” y “la moral de victoria”. “Yo no quiero entregar el fusil, cambiarme de traje y entregarme a aquellos que nos están acosando [Podemos]. Yo quiero salir a combatir en un terreno hostil como este”, dijo como si se tratara de la arenga a un ejército derrotado, pero no desarmado. No le hizo falta recordar que ella se impuso a Podemos en Andalucía y que, aunque en minoría, gobierna con estabilidad.

La mayoría de los críticos, reconvertidos en oficialistas, se ha visto ampliada en unas pocas semanas. Si el 1 de octubre prosperaron sus tesis por 25 votos de diferencia, este domingo la ventaja se incrementó hasta 43, lo que no permite decir que se le ha dado la vuelta al calcetín, pero sí resulta indiciario de que, a medida que baje la riada, será más fácil cruzar de una orilla a otra, como ya ha hecho un puñado. Los partidarios de Díaz creen que el sanchismo se irá diluyendo como un azucarillo, pero vigilan de reojo al siempre imprevisible Josep Borrell como antes hicieron con Patxi López, que mantienen viva la bandera del “no es no” del depuesto Sánchez.

PSOE-PSC: matrimonio en crisis

Borrell se agarró a “la disciplina de voto del PSC” para justificar su voto en contra de la abstención, pero aunque en muchas intervenciones se subrayó que la decisión del comité federal es “vinculante para todos”, como también recordó el presidente de la gestora, hubo exquisito cuidado en evitar el rifirrafe con los socialistas catalanes y se orilló su crisis matrimonial.

El sanedrín socialista recuerda al PSC que la decisión compromete a todos, pero orilla el enfrentamiento con un Miquel Iceta debilitado

El primer secretario de los socialistas catalanes, Miquel Iceta, había dado a entender a otros dirigentes que modularía su posición tras las primarias en las que se impuso a Núria Parlon, y la posición de históricos como Josep María Sala, José Zaragoza o Celestino Corbacho, partidarios de fórmulas menos rupturistas como que el PSC no participara en la votación del comité federal, hizo concebir esperanzas de que así podía ser. Pero la alcaldesa de L'Hospitalet, Núria Marín, secundada por la exdiputada Teresa Cunillera, dinamitaron esta posibilidad en la reunión donde se planteó.

El primer secretario del PSC, Miquel Iceta, ayer domingo en Ferraz. (Reuters)
El primer secretario del PSC, Miquel Iceta, ayer domingo en Ferraz. (Reuters)

Iceta, reelegido para el cargo con solo el 54% de los votos, vino a reconocer que tiene las manos atadas: “Nada nos horroriza más que la perspectiva de dejar de compartir con todos los socialistas un proyecto federal para España. O quizá sí, algo nos horroriza más, y es que acabemos ofreciendo un argumento más a los independentistas” [aquí su intervención completa en PDF]. Pero entre los socialistas de otros territorios hay un cansancio creciente con que “el PSC siempre nos ponga a todos los demás continuamente en el precipicio a la vez que se hace más irrelevante en Cataluña”.

No es, ni mucho menos, la primera crisis entre PSOE y PSC. ¿Cuál será el desenlace de esta? Si se revisara el actual protocolo —competencia de congresos—, el PSC no gozaría de mayor margen de autonomía del que ya dispone, pero si el PSC dejara de tener voto en los congresos del PSOE, serían 18.000 votantes menos en las primarias para elegir al próximo secretario general del PSOE, y en Cataluña es donde más resistencias encuentra Susana Díaz. Por lo pronto, la huella que queda es que, si los buenos oficios de Javier Fernández no lo remedian, el PSC hará un Donald Trump.

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