El péndulo socialista señala a Susana Díaz

La emoción dominante entre los socialistas es el miedo y, cada vez que eso ha ocurrido, han apostado por seguridad frente a cambio

Foto: La secretaria general del PSOE andaluz y presidenta de la Junta, Susana Díaz, el pasado 16 de diciembre en su mitin con José Luis Rodríguez Zapatero en Jaén. (EFE)
La secretaria general del PSOE andaluz y presidenta de la Junta, Susana Díaz, el pasado 16 de diciembre en su mitin con José Luis Rodríguez Zapatero en Jaén. (EFE)

Un repaso al historial de liderazgos en el PSOE lleva a la conclusión silogística de que Susana Díaz ocupará este año el trono vacante de la calle de Ferraz. La emoción dominante entre los socialistas es el miedo y, cuando ocurre esto, la naturaleza humana tiende a apostar a seguro. Es un comportamiento ciclotímico (seguridad-cambio-seguridad) que se ha reproducido sistemáticamente en el PSOE cada vez que ha tenido que decidir un cambio de líder.

En 1974, Felipe González encarnó el cambio frente a la anquilosada dirección en el exilio de Rodolfo Llopis. Tras su derrota en las elecciones generales de 1996 y posterior renuncia a continuar al frente del partido en 1997, los socialistas optaron por Joaquín Almunia, un “valor seguro”, de larga trayectoria política —fue el ministro más joven de González— y acreditada solvencia.

Cuando Almunia perdió las elecciones generales de 2000 y dimitió, los socialistas apostaron de nuevo por el cambio con José Luis Rodríguez Zapatero, que competía con otro “valor seguro” como era José Bono. Y, cuando Zapatero se retiró, la apuesta fue de nuevo a seguro, inclinándose la balanza a favor de Alfredo Pérez Rubalcaba frente a la opción más novedosa de Carme Chacón. Tras el ciclo de seguridad de Rubalcaba, los socialistas volvieron a apostar por el cambio, con Pedro Sánchez. Ergo: ahora tocaría de nuevo seguridad y huir de “experimentos”; es decir, el péndulo socialista señala a Susana Díaz, que no solo dispone del poder orgánico de Andalucía y el apoyo de los demás barones por exclusión, sino que además goza a su favor del efecto arrastre de llevar el cartel de ganadora.

Patxi López parece decidido a disputar el liderazgo del PSOE a la presidenta andaluza capitalizando la brecha entre susanistas y sanchistas

Pero, si se profundiza algo más en los ciclos de liderazgo en el PSOE, se advierte otra secuencia que desaconsejaría la elección de la presidenta de la Junta de Andalucía. Cada vez que la elección se ha guiado por el criterio de la seguridad, los socialistas se han alejado de la mayoría social peregrinando por el desierto: Almunia cosechó los —hasta entonces— peores resultados electorales y Rubalcaba empeoró la marca de Almunia.

Almunia representaba la seguridad. A él se le podía comprar un coche de segunda mano, como se quiso enfatizar con una encuesta cocinada en Ferraz durante las primarias que lo enfrentaron a Josep Borrell. Pero no generaba ilusión y ganó el catalán, aunque luego se hundiría bajo su techo de cristal. Rubalcaba era, como antaño se decía de Manuel Fraga, el hombre que tenía el Estado en la cabeza, pero tampoco generaba ilusión. Era el representante del 'establishment' por excelencia cuando más tronaban las voces de “no nos representan”.

Pedro Sánchez y Patxi López, el pasado octubre en el Congreso. (EFE)
Pedro Sánchez y Patxi López, el pasado octubre en el Congreso. (EFE)

Y la ilusión que Susana Díaz despierta es mayor, según varias encuestas publicadas, entre los votantes del PP que entre los del PSOE, a los que Pedro Sánchez metió de contrabando en la dialéctica de las élites contra el pueblo (los dirigentes contra las bases) y las dinámicas plebiscitarias. No hay que desdeñar la vena libertaria que anida en el PSOE: las bases, aunque son plurales, están cabreadas con los aparatos como no se recuerda y necesitan recuperar la ilusión como razón existencial para seguir militando.

La secuencia seguridad-derrota-cambio-éxito en la elección de los sucesivos líderes del PSOE se rompió con Sánchez, que encarnaba el cambio y, sin embargo, perforó todos los suelos de apoyo electoral. Esta excepcionalidad es muy importante porque confirma que en todas las repeticiones cíclicas hay excepciones. Tampoco ningún candidato había logrado ganar las elecciones generales a la primera hasta que lo consiguió Zapatero en 2004. Lo bueno que tiene la historia es que se escribe a hechos consumados.

El temor entre los dirigentes del PSOE a perder su 'statu quo' estrangula la posibilidad de que aflore una oferta de cambio en el partido

La cuenta atrás que arranca con 2017 comienza con la perspectiva de que Susana Díaz tendrá como competidor por la secretaría general del PSOE a Patxi López, que parece decidido a postularse como tercera vía entre el susanismo y el sanchismo. Pero el exlehendakari, en quien ya pensó Rubalcaba como sucesor de sí mismo, tampoco representa el cambio y son muchos los que siguen creyendo que solo busca posicionarse para ganarse “un espacio al sol” en el futuro inmediato del PSOE. En una disputa entre Díaz y López pocos dudan de que se impondría la lideresa andaluza, a la que tampoco vendría mal tener un oponente a su medida para mayor legitimación.

Mientras, la posibilidad de que aflore una oferta de cambio generacional que rompa con las dinámicas de poder territorial y haga olvidar el personalismo banal de Sánchez, articulándose en equipos solventes y formulando un proyecto renacentista para la España de la primera mitad del siglo XXI, está siendo estrangulada por quienes no quieren ver en peligro su 'statu quo'. La mayor dificultad del cambio siempre estriba en encontrar aliados suficientes y, hoy por hoy, no parece que existan dentro del PSOE.

Pero, como advierte el historiador Yuval Noah Harari (‘Sapiens’), “una regla básica de la Historia es que lo que en retrospectiva parece inevitable no lo era en absoluto en la época”.

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