Los tres desafíos para el PSOE 3.0

Los dirigentes más veteranos advierten: "Si no resolvemos bien esta crisis, a lo mejor siguen existiendo las siglas PSOE, pero será otra cosa"

Foto: Los candidatos del Partido Socialista a las primarias, Patxi López y Pedro Sánchez, abrazados en el Congreso el pasado 28 de abril. (EFE)
Los candidatos del Partido Socialista a las primarias, Patxi López y Pedro Sánchez, abrazados en el Congreso el pasado 28 de abril. (EFE)

Tres son los grandes asuntos a dilucidar por el PSOE hasta su congreso de junio: ¿cuál es su modelo de partido?, ¿cuáles son sus propuestas políticas? y ¿quién asume el liderazgo? Sin embargo, los debates de fondo que encierran las dos primeras preguntas se están viendo relegados ante la opinión pública por el ‘nombreo’ de los pretendientes –ciertos o presuntos– a ocupar el demediado trono de la calle de Ferraz, lo que equivale a poner los bueyes antes de tener el carro y lleva a algunos veteranos a afirmar con rotundidad: “No se están haciendo bien las cosas. Primero tendría que ser el proyecto y después la persona”.

El reproche no se dirige tanto a la gestora, aunque también le toca una parte, como a los aspirantes a liderar el partido, porque ellos son los que más están en el foco de atención. Patxi López y Pedro Sánchez, los dos primeros en lanzarse al ruedo, han discrepado públicamente con varias decisiones de la dirección provisional y en sus planteamientos anticipan enmiendas a una ponencia que todavía no se ha redactado —los sanchistas han sido excluidos del panel inicial de redactores y los patxistas escasean—. Tampoco se salva Susana Díaz, quien insiste en que ahora toca primar el debate de las ideas, pero alimenta el ‘nombreo’ al mantener formalmente la incógnita sobre si finalmente optará a la secretaría general.

En todo caso, entre los más veteranos hay una reflexión genérica que sirve para encuadrar la trascendencia del triple interrogante señalado al comienzo: “La realidad y la experiencia dicen que estamos en un momento distinto a cualquier otro anterior. Si no resolvemos bien esta crisis, a lo mejor siguen existiendo las siglas del PSOE, pero será otra cosa, no el PSOE que hemos conocido”. Y de este temor participa también gran parte de las nuevas generaciones socialistas.

La decadencia de la representación

La advertencia, aunque tiene una dimensión más amplia, conecta directamente con el modelo de partido que quiere el PSOE, en el que nos centraremos hoy dejando para otros días los otros dos interrogantes habida cuenta de la complejidad de los desafíos. En otros momentos y circunstancias este asunto no pasaría de ser algo orgánico (doméstico), pero ha cobrado especial relevancia desde que la democracia representativa está en cuestión, y no solo en España ni solo a causa del empuje de las fuerzas populistas.

Como señala el ensayista coreano Byung-Chul Han, la era digital ha puesto “en apuros” a la democracia representativa, ya que los representantes políticos no se muestran como transmisores, sino como barreras”, puesto que “hoy cada uno quiere estar presente él mismo, y presentar su opinión sin ningún intermediario”. Contra esta tendencia, el filósofo advierte: “Si todo se hace sin mediación alguna, la política ineludiblemente pierde aliento, actúa a corto plazo y se diluye en pura charlatanería. La transparencia total impone a la comunicación política una temporalidad que hace imposible una planificación lenta, a largo plazo. Ya no es posible dejar que las cosas maduren” (‘El enjambre’. Herder, Barcelona, 2014).

Los debates de fondo se están viendo relegados ante la opinión pública por el 'nombreo' de los aspirantes al liderazgo

El documento de bases para la ponencia política, elaborado esencialmente por Ignacio Urquizu y José Andrés Torres Mora, acierta en el diagnóstico del reto que esta nueva realidad plantea al modelo organizativo del PSOE, en el que conviven tres fórmulas de democracia: “En primer lugar, desde el año 2014 elegimos de forma directa a nuestro secretario general. Este mecanismo de selección es muy propio de sistemas presidenciales, reforzando claramente la legitimidad de nuestro máximo dirigente. En segundo lugar, nuestras estructuras intermedias son más propias de sistemas parlamentarios, donde los comités federal, regionales y provinciales representan la voluntad de la militancia en los periodos entre congresos. En tercer lugar, nuestras agrupaciones locales responden más bien a modelos asamblearios, donde la militancia toma de forma directa muchas de las decisiones. El reto que tenemos como partido político es que estas tres ideas de democracia puedan convivir sin producirse choques de legitimidades”. Y hay que recordar que el choque de legitimidades es uno de los aspectos inéditos de la crisis del PSOE.

Como diría Montesquieu, el éxito del modelo representativo radica en su capacidad de “conciliar el orden con la libertad, la estabilidad con el movimiento, y lograr que la generalidad de los ciudadanos intervengan en la vida política a la par que se suprimen la agitaciones en las plazas públicas. Es el país [el partido, en este caso] el que se gobierna a sí mismo, por el alternativo desplazamiento de las mayorías” (‘Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu’, de Maurice Joly. Seix Barral, Barcelona, 1974).

El modelo de los candidatos

Si se retoma el hilo argumental de Byung-Chul Han, Pedro Sánchez es el que mejor conecta con la tendencia actual del político que tiene como brújula “andar en conformidad con sus electores” —aunque en su caso sería más correcto decir con los militantes—, en contraste con el político clásico que se anticipa al movimiento social y trata de guiarlo. Sánchez como persona es un accidente, pero el sanchismo se explica, entre otras causas, porque la militancia está harta de que se la tenga en cuenta solo para pegar carteles —ya ni eso— y llenar mítines a modo de atrezo televisivo. Su estrategia de saltarse a los cuadros representativos para establecer una vía directa de comunicación —mediante mensajes emocionales— y acuerdo con las bases (el pueblo) —a través de consultas plebiscitarias— es coherente con el proceso general de desmediatización que caracteriza la sociedad en red, pero también con los orígenes de lo que los antiguos llamaron cesarismo.

La presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, este 11 de febrero en Madrid. (EFE)
La presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, este 11 de febrero en Madrid. (EFE)

Susana Díaz y Patxi López tienen, por el contrario, una cultura más tradicional de partido, aunque compatible con los incentivos a la participación. Por eso no es de extrañar que se opongan a generalizar las consultas plebiscitarias y, más aún, a que las pueda convocar directamente el secretario general. “Los militantes no pueden votar todo y para todo. El PSOE no es un partido asambleario, es otra cosa”, declaró el exlendakari a este diario (El Confidencial, 8/2/2017). Y en tesis similares está la presidenta de la Junta de Andalucía.

Díaz y López defienden el modelo representativo con incentivos a la participación, mientras que Sánchez aboga por la comunicación y el acuerdo directo con los militantes

Son muchas las críticas que hoy recibe la democracia representativa, pero en el modelo que rige en el PSOE, a diferencia de lo que ocurre con Podemos, donde Pablo Iglesias tomó la decisión de sustituir a Sergio Pascual por Pablo Echenique, el secretario general no puede destituir a su secretario de Organización ni a ningún otro miembro de la ejecutiva ya que, habiendo sido elegidos por un congreso, solo puede revocarlos otro congreso o el comité federal, el órgano máximo entre congresos.

Reformas de organización

El debate sobre el modelo organizativo será el último que se aborde, en las cercanías del comité federal que aprobará la ponencia marco, según ha dicho Mario Jiménez, que lo pilotará. A diferencia del resto de asuntos, no se abrirá a la participación de independientes, sino que se circunscribirá a los secretarios de Organización en los diferentes niveles, desde el federal hasta los locales.

No obstante, van trascendiendo algunas de las reformas o precisiones que defiende la mayoría que sostiene a la gestora. Así, nadie se atreverá —no porque sean de su agrado, sino por temor a ser colgado de la soga en la plaza pública— a proponer la supresión de las primarias para la elección del secretario general, pero una parte importante de esa mayoría sí cuestiona las primarias abiertas para la elección del candidato presidencial que en 2014 introdujo Alfredo Pérez Rubalcaba.

La mayoría que sostiene a la gestora quiere regular las consultas a la militancia y una parte importante cuestiona las primarias abiertas para elegir al candidato presidencial

"El candidato tiene que ser el secretario general, como ha sido siempre", defienden sectores próximos a la gestora, desde los que se subraya que, como se ha visto en Inglaterra con Jeremy Corbyn y en Francia con Benoît Hamon, ganan las primarias candidatos con una pobre intención de voto ciudadano —la sospecha es que ganan los más izquierdistas porque al poder votar cualquiera que pague dos euros se apuntan muchos radicales que quieren dinamitar a las fuerzas socialdemócratas—. “Ningún candidato salido de primarias, ni Josep Borrell ni Pedro Sánchez, ha funcionado”, recuerdan. No obstante, también hay quien, como José María Barreda, expresidente de Castilla-La Mancha, aboga por incorporar al PSOE el modelo de bicefalia que ha regido históricamente en el PNV.

En cuanto a las consultas a la militancia, que Sánchez reivindica para aprobar las alianzas de gobierno y asuntos de especial trascendencia, los sectores próximos a la gestora responden: "Según y cómo"; es decir, no para todo y convocadas, en todo caso, por el comité federal a propuesta del secretario general, pero no como una potestad de este.

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