Los tres desafíos para un PSOE 3.0 (II): las propuestas políticas

El borrador de la ponencia para el congreso de junio peca de falta de ambición al centrarse en el diseño de "la España que imaginamos para 2020", horizonte más propio del partido que gobierna

Foto: Eduardo Madina y José Carlos Díez, durante su rueda de prensa en Ferraz del pasado 27 de enero. (EFE)
Eduardo Madina y José Carlos Díez, durante su rueda de prensa en Ferraz del pasado 27 de enero. (EFE)

De los tres grandes desafíos para el PSOE que enunciamos la semana pasada —modelo de partido, propuestas políticas y liderazgo— nos ocupamos hoy del proyecto cuyo diseño ha sido encomendado a Eduardo Madina (política) y José Carlos Díez (economía).

Lo primero que llama la atención es que, en las dos comparecencias conjuntas que hasta la fecha han celebrado en Ferraz con los medios de comunicación —una rueda de prensa y un 'briefing'—, el coordinador político ha situado el horizonte temporal de sus trabajos en "la España que imaginamos para 2020", una visión a corto plazo más propia del partido que gobierna que de aquellos que están en la oposición. No resulta muy difícil de imaginar cómo será España dentro de tres años: como quiera el Gobierno del PP, en función de las alianzas parlamentarias que logre establecer a lo largo de la legislatura.

Los socialistas Antonio Hernando e Isabel Rodríguez durante la sesión de control al Gobierno del PP. (EFE)
Los socialistas Antonio Hernando e Isabel Rodríguez durante la sesión de control al Gobierno del PP. (EFE)


De un partido en la oposición que arrastra desde hace años la peor crisis de su historia contemporánea, en un contexto general de decadencia electoral de la socialdemocracia en un mundo globalizado y con una inédita competencia política por su izquierda, se espera algo más ambicioso: una respuesta a ¿qué España imagina el PSOE en el horizonte de una o dos décadas?, que son los periodos en los que habitualmente se consolidan los efectos de las grandes reformas.

Para esto lo que hace falta es identificar con nitidez y dar respuesta a los cinco o seis grandes desafíos que afronta España como parte de una Unión Europea que está tan en la encrucijada como la socialdemocracia y el europeísmo que le es consustancial. Un país en el que, además, la política de austeridad contra la crisis ha cavado dos grandes fosos sociales en forma de desigualdad y brecha generacional. De microdebates el PSOE está saturado.

Eduardo Madina alega la determinación de "no dar la legislatura por muerta" y la voluntad de "no invadir las competencias del siguiente congreso"

Madina justifica la elección de ese horizonte en la determinación de "no dar esta legislatura por muerta", con el argumento de que casi todo lo que se decida depende de los socialistas por su posición central en el Parlamento; y en la voluntad de "no invadir las competencias del próximo congreso" que, si se cumplieran los plazos establecidos, tocaría celebrar ya después de los próximos comicios generales. Y añade que, no obstante, en la ponencia —cuyos trabajos se han intensificado durante esta semana— también "se describirán horizontes de largo plazo".

Solapamiento con las primarias

El segundo argumento de Madina no es baladí porque con los aspirantes a la secretaría general lanzados ya desde hace varias semanas a la carrera de las primarias, la campaña de los pretendientes se está solapando con el debate de las ideas que debiera preceder a la competición entre las personas. Y así, convencidos de que se está escribiendo un guion a la medida de Susana Díaz, Pedro Sánchez y Patxi López ya han lanzado acusaciones más o menos directas de que la gestora está traspasando los límites de sus competencias. Limitando el horizonte de la ponencia marco se protege también a la gestora de las críticas.

Para los partidarios de Sánchezexcluidos del panel de redactores, aunque entre ellos figuran antiguos sanchistas— el congreso de junio tendría que ser extraordinario porque extraordinaria ha sido la forma en que se ha llegado a esta convocatoria, tras la inédita dimisión forzada del secretario general. Y de hecho es un congreso extraordinario porque ya se han superado ampliamente los plazos que fijan la celebración de los ordinarios en periodos máximos de tres-cuatro años (el último ordinario fue el que eligió a Alfredo Pérez Rubalcaba, en 2012). Pero al próximo congreso se le ha puesto la etiqueta de ordinario porque solo así, además de renovar la dirección, se puede debatir el proyecto político.

Los partidarios de Sánchez y López acusan a la gestora de querer embridar a la próxima ejecutiva con un traje hecho a la medida de Susana Díaz

Los seguidores de López, a su vez, también rechazan la argumentación de Madina. "Dicen que no quieren invadir las competencias del siguiente congreso, pero sí quieren ponerle a la próxima ejecutiva límites sobre la política de alianzas o la reforma del modelo territorial", señalan. En lo que sí coinciden con la gestora es en que el próximo congreso debiera ser "el punto de partida" para el debate ideológico, no el de cierre.

El auténtico punto de partida tendría que haber sido la reflexión y autocrítica sobre las causas de una crisis de partido que se remonta a 2011, cuando tras el viraje ideológico para evitar la bancarrota de España José Luis Rodríguez Zapatero anunció su retirada, abriendo las puertas a las guerras palaciegas por su sucesión. Para los que no se alinean con ninguno de los previsibles candidatos, "desde entonces en el PSOE todo se reduce a la lucha por ocupar la cuarta y quinta planta de Ferraz", donde tienen sus despachos el secretario general y el secretario de Organización.

José Luis Rodríguez Zapatero, durante su etapa como presidente del Gobierno. (EFE)
José Luis Rodríguez Zapatero, durante su etapa como presidente del Gobierno. (EFE)

Sea como fuere, cuando el diagnóstico es equivocado también lo son las recetas. Y es evidente que si el PSOE está como está, peor que nunca, es porque erró el diagnóstico.

Acertar el diagnóstico para definir el proyecto

De errores de diagnóstico sabe bastante José Carlos Díez, el nuevo gurú económico del PSOE, llamado a ser el ministro de Economía en la sombra si es elegida secretaria general Susana Díaz. Como recuerda Ignacio Sánchez-Cuenca en 'La desfachatez intelectual' (Catarata), en 2007 negaba la existencia de la burbuja inmobiliaria, cuyo impacto tuvo el devastador efecto de una bomba racimo sobre la economía y la sociedad. En un trabajo para un informe del servicio de estudios de Ibercaja, afirmaba entonces: "Podemos descartar con mucha fiabilidad que nos encontremos ante la existencia de una enorme burbuja inmobiliaria" ('El Pura Sangre español: la historia de los tres choques y de los tres mitos', 'Economía Aragonesa', 32, 2007).

El nuevo gurú económico, José Carlos Díez, descartó en 2007 "con mucha fiabilidad" la burbuja inmobiliaria que devastó la economía y la sociedad

En las dos citadas comparecencias en Ferraz, Díez ha hablado con profusión de "la revolución de la alimentación sana" y del "turismo de humedales", pero no ha dicho una sola palabra sobre fiscalidad, pensiones o financiación autonómica. Y a la pregunta sobre si el PSOE apostará definitivamente por el cambio de modelo productivo para no depender tanto del turismo y el ladrillo, responde que prefiere hablar de "pasar del yo te lo hago más barato al yo te lo hago mejor", que queda muy bien como enunciado o eslogan político, pero se queda en agua de borrajas si, como es el caso, no se acompaña de ningún apunte sobre cómo se consigue eso.

Como dice Madina: "No se puede hacer un proyecto de país sin conciencia histórica y un acertado diagnóstico de la realidad". Todavía queda tiempo. El próximo sábado se celebrará un foro económico con la participación anunciada de "500 personas procedentes de todas las federaciones" —los equilibrios territoriales de poder que han hinchado el listado de ponentes— y el 25 de marzo, el foro político.

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