El voto negativo se impone en las primarias del PSOE

El rechazo al otro, marcado por los ajustes de cuentas con el pasado, pesa más que el apoyo por convicción a cualquiera de los pretendientes de la secretaría general

Foto: Urna para la elección del candidato a la secretaría general del PSOE, en las primarias de 2014. (EFE)
Urna para la elección del candidato a la secretaría general del PSOE, en las primarias de 2014. (EFE)

No será así en todos los casos, porque cada uno tiene su cohorte de fieles y también su corte de palmeros clientelistas, pero sí entre la mayoría de los cerca de 190.000 militantes del PSOE llamados a votar el 21 de mayo para elegir a su nuevo secretario general. Puesto que no convence ninguno de los tres aspirantes con opciones de conseguir los avales necesarios para participar en la contienda por el liderazgo, todo indica que va a prevalecer el voto “en contra de” en lugar del voto “a favor de”. Todos están, en mayor o menor medida, con la mirada puesta en el ajuste de cuentas con el pasado más que en el futuro.

Si Susana Díaz logró reunir el 26 de marzo, en su mitin de postulación, a casi todos los que han sido y/o son algo en el PSOE —a pesar de las viejas querellas y cuentas pendientes que todavía perviven, por ejemplo, entre felipistas y guerristas—, fue porque comparten el rechazo a Pedro Sánchez. A un buen número de los que estuvieron en aquel acto y tienen decidido votar su candidatura, no les entusiasma la presidenta de Andalucía, pero la ven como “el mal menor” frente a la opción de Sánchez, cuyo posible regreso al puesto de mando “asusta” tras su paso por la secretaría general (sabido es que el miedo nos hace cautos y conservadores). Es harto significativo en este sentido que entre la nueva mayoría oficialista que se creó en torno a la gestora se dedique más tiempo a hablar mal de Sánchez que bien de Díaz.

Los partidarios de los aspirantes dedican más tiempo a hablar mal de los adversarios que bien de su propio candidato

Lo mismo ocurre entre los seguidores del ex secretario general. Dedican más tiempo a hablar mal de Díaz que bien de su candidato. Un número significativo entre los partidarios de Sánchez reconoce que no es el mejor líder posible, pero lo apoyan por rechazo a la presidenta andaluza y porque, aunque duden de sus convicciones, defiende “el modelo de partido y las alianzas electorales que yo querría para el PSOE”.

Patxi López, como seguramente ocurrirá en la votación, se lleva los restos. Los susanistas le reprochan que todavía no haya explicado de forma convincente por qué se mantuvo hasta el último minuto al lado de Sánchez, incluso durante el bochornoso episodio de la urna escondida en el comité federal del 1 de octubre. Y los pedristas, obviamente, le censuran haberse “cambiado de bando con el único objetivo de encontrar su lugar al sol”. Para los que lo ven con más distancia, es probable que el exlendakari, cuando vio en televisión las imágenes del acto de postulación de Díaz, “pensara que su lugar estaba allí” porque también él es “100 por 100 PSOE”.

Las tarjetas de presentación

El tiempo que los tres llevan en campaña, en la que está imperando el intercambio de reproches y el retrato en negativo de los rivales, permite afirmar que, más allá de las estrategias que cada uno despliegue durante las próximas semanas, ya tienen muy perfilada su tarjeta de presentación.

A pesar de las múltiples evidencias del “doblepensar” orwelliano que caracteriza a Sánchez, su relato de posverdad ha conseguido granjearle el cartel de la credibilidad. Su sustento es que fuera coherente en la defensa del “no es no” hasta el extremo de renunciar a su escaño para no tener que participar en la votación de investidura de Mariano Rajoy. Y ese único acto de coherencia sepulta en el olvido sus múltiples contradicciones y cambios oportunistas. Pero ser coherente no es sinónimo de ser creíble y, sobre todo, de transmitir confianza. Si algo no transmite el ex secretario general es confianza. Le ocurre lo mismo que al podemista Pablo Iglesias.

Y si una cualidad adorna a Patxi López es precisamente la confiabilidad. Todo el mundo da por sentado que el diputado vasco no va a protagonizar una escisión ni a seguir librando la batalla por el poder si pierde las primarias, de la misma forma que se ha alineado con la gestora en la defensa de la limpieza del censo electoral. Pero, al contrario que Sánchez, no transmite credibilidad porque fue uno de sus lugartenientes, premiado por ello con la presidencia del Congreso de los Diputados, y ahora compite con él con planteamientos más moderados, que pretenden ser una tercera vía entre el pedrismo y el susanismo.

Susana Díaz ofrece seguridad frente a la credibilidad de Pedro Sánchez y la confiabilidad de Patxi López

A la credibilidad de Sánchez y la confiabilidad de López opone Susana Díaz la seguridad, que se deriva de haber recompuesto el PSOE andaluz tras la fractura entre los seguidores de Manuel Chaves y los de José Antonio Griñán, y de haber ganado en Andalucía todas las elecciones que se han celebrado desde que ella tomó las riendas —menos las últimas generales, las del 26-J, en las que el PP la aventajó—, parando los pies a Podemos. En un contexto de incertidumbre, con Díaz al frente se presume que el PSOE recuperará el buen funcionamiento como organización restaurando la unidad y cohesión internas, premisa indispensable para todo partido que aspire a conquistar la mayoría electoral. Todo en ella es muy “clásico”, incluso “conservador”, se trate del modelo de partido o de su idea de España, pero con ella hay más certidumbres que dudas sobre lo que ofrece, salvo en sus opciones como candidata electoral.

Los que mantienen una cierta independencia respecto de los tres candidatos pronostican que “Susana ganará las primarias y el PSOE quedará tercero en las próximas elecciones generales”. Pero este es un capítulo que no se escribirá en mayo ni tampoco en junio, cuando se celebre el congreso, porque más que nunca quedará abierta la posibilidad de que el candidato presidencial no sea la misma persona que el secretario general. Y, aunque para los votantes lo más importante sea que el PSOE vuelva a gobernar, para los militantes que apoyan a Díaz y a López la prioridad es “arreglar el partido” como premisa indispensable para volver a ser alternativa. Los pedristas, sin embargo, opinan que es un error establecer esta distinción entre votantes y militantes.

Esto es lo que cuentan los unos y los otros, aunque nadie sabe con certeza qué van a votar los afiliados porque no hay ninguna encuesta entre quienes componen el censo electoral para las primarias. Se sabe, por las quejas y recriminaciones que —a causa de la abstención que permitió la investidura de Rajoy— siguen recibiendo los dirigentes que acuden a asambleas locales, que la crispación perdura entre la militancia, pero nada se sabe sobre sus intenciones reales de voto ni sobre el número de indecisos que puede haber a un mes para el día de la votación.

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