La victoria de Sánchez conmociona al PSOE

El retorno del exsecretario general augura un periodo de fuerte inestabilidad e incertidumbre política, a pesar de lo contundente de su victoria

Foto: Acto de campaña de Pedro Sánchez en A Coruña. (EFE)
Acto de campaña de Pedro Sánchez en A Coruña. (EFE)

La mayoría de los militantes del PSOE decidió este domingo seguir los pasos de Pedro ‘Hamelín’ Sánchez adentrándose por la senda que conduce a su partido hacia los barrancos de la irrelevancia en el que ya están sepultados casi todos sus correligionarios europeos, entregados en manos de otros flautistas como Jeremy Corbyn o Benoît Hamon, o a la construcción de la excepción española —con permiso de Portugal—. Con él al frente, el PSOE vuelve al 'no es no' y todos los documentos presentados por la gestora para el congreso de junio serán sometidos a una profunda revisión.

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Con el regreso de Sánchez a la secretaría general, se abre un periodo de inestabilidad e incertidumbre porque, aunque no fuera ese el objeto de las primarias celebradas este domingo, el resultado deja colateralmente desautorizados ante sus bases a los líderes territoriales y presidentes autonómicos allá donde apostaron por Susana Díaz. Los militantes les han enmendado la plana y desnudado ante los electores a los que deben rendir cuentas dentro de dos años, si llegan a repetir como candidatos. Alguno, como el castellano-manchego Emiliano García Page, llegó a vincular expresamente su futuro político al resultado de las primarias. Sánchez se impuso en todos los territorios, salvo Andalucía, País Vasco —federaciones de origen de los otros dos candidatos— y Aragón. En Cataluña, arrasó.

El 'sudoku' del PSOE

El líder que gobierna el PSOE enfrentado a los socialistas que gobiernan es el ‘sudoku’ construido en las primarias de este domingo y que va a tener que resolver Sánchez, de quien está por verse si, más allá de las palabras contemporizadoras, tras su resurrección se reencarna en Pedro ‘el Vengativo’ o Pedro ‘el Sabio’. Por el rastro que dejó en su primer mandato, podemos aventurar que se parecerá más al primero.

Los sanchistas celebran en la puerta de Ferraz la victoria del exsecretario

La conmoción provocada en las estructuras del PSOE por el retorno de Sánchez es como un seísmo porque puede trastornarlo todo. Para empezar, sacude Andalucía, donde cunde la inquietud por el efecto negativo que la derrota de Susana Díaz puede tener para el mantenimiento del Gobierno autonómico. Conviene recordar, aunque sea de vez en cuando, que Andalucía es la única comunidad autónoma donde siempre ha gobernado el mismo partido y el PSOE ha levantado su Álamo en los peores momentos.

El voto de los militantes representa una censura a los barones y notables del partido, a los que enmienda la plana en una votación masiva

Pero si la primera elección de Sánchez tenía un déficit moral de representatividad democrática por cuanto estuvo fuertemente mediatizada por la influencia de los barones y el ‘establishment’ del partido, esta vez Sánchez regresa sin intermediarios al trono de Ferraz, a lomos del voto de una militancia polarizada por instintos cainitas. El plenario de la junta de accionistas ha censurado a todo el consejo de administración y elegido a un nuevo consejero-delegado, precisamente a aquel al que había revocado el consejo de administración. Una situación de máxima conflictividad, porque no se puede obviar que el apoyo mayoritario de la militancia a Sánchez es también una censura en toda regla a los barones y notables del partido, a su funcionamiento como lo que los sanchistas tachan de “mesa redonda de señores feudales”. Sánchez ha ganado por menos margen que en 2014, pero llega con más poder que entonces.

Saber administrar la victoria

La victoria de Pedro Sánchez es incuestionable (10 puntos de ventaja sobre Díaz con casi el 90% de los votos escrutados), y la legitimidad democrática de su elección tan impepinable, que toca a los perdedores asumir su derrota. Es lo malo que tienen las primarias, que acaban convirtiéndose en guerras fratricidas en las que para encumbrar a uno hay que descabalgar a otro. Pero toca también al ganador saber administrar su victoria con inteligencia y generosidad.

¿La tendrá Pedro Sánchez? José Luis Rodríguez Zapatero ganó en el año 2000 el 35º Congreso por tan solo nueve votos de diferencia, pero a partir de aquella magra victoria supo construir un liderazgo integrador que fue el primer peldaño para la recuperación del PSOE. Como le dijo entonces a José Andrés Torres Mora: “A mí los compañeros me han elegido secretario general, pero no me ha elegido Felipe González("La lealtad bien entendida". 'Diario Sur', 19/3/2017). Esto fue lo que precisamente olvidó Sánchez en su primer mandato. Y ahora tendrá que elegir si quiere liderar un pequeño partido de lealtades mal entendidas o gobernar, que significa integrar las diferencias, un partido grande que vuelva a ser alternativa de gobierno.

La derrota de Susana Díaz hace cundir la inquietud sobre la posible pérdida del Gobierno en Andalucía, principal bastión electoral de los socialistas

Los que le han apoyado para hacer realidad su épica resurrección le reclamarán ahora el pago de los servicios prestados en forma de ajustes de cuentas en sus respectivos territorios y lo que puede venir es una guerra en cascada que incendie lo que queda de partido. Y, por lo que ha trascendido a través de sus colaboradores, hace tiempo que Sánchez dio por definitivamente muerto el bipartidismo, que en su caso es dar por perdida la posibilidad de que el PSOE alguna vez vuelva a gobernar en solitario.

Pero, quizá, Pedro Sánchez nos sorprenda hoy y no sea el mismo de ayer.

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