Pedro J. cabalga de nuevo

Lleno total de leales en el salón donde discursearon Azaña, Ortega o D’Ors, que ya advertía de que en Madrid, a las siete, o das una conferencia o te la dan

Foto: El exdirector del diario 'El Mundo', Pedro J. Ramírez (Efe)
El exdirector del diario 'El Mundo', Pedro J. Ramírez (Efe)

La casualidad, décima musa, hizo coincidir en la tarde del jueves la presentación del último libro de Pedro J. en el Ateneo de Madrid con la conferencia de un gran maestre de logia sobre el estado actual de la masonería. Pero la confusión resultaba imposible, pues si hay algo que no va con el carácter del exdirector de El Mundo es el secreto. Lo suyo siempre ha sido publicar, sean libros o periódicos. O una mezcla de ambas cosas en el caso que no ocupa, pues se trataba de presentar Contra unos y otros, segunda antología de aquellas homilías ensabanadas que entre 2006 y 2014 envolvieron nuestros domingos entre la hora del vermú y la del fútbol, como recordó David Gistau.

Además de Gistau, acompañaban al protagonista en la mesa Alfonso Ussía y Manuel Jabois: cada uno de un periódico distinto, los tres unidos en la teoría de un periodismo independiente y en la práctica del columnismo de fino encaste. El propio Pedro J., a la hora de la gratitud, anudó los nombres de los tres a la cola gloriosa de Ruano, Camba, Fernández Flórez o Umbral. Su viuda España asentía desde el patio de butacas.

Lleno total de leales pedrojotistas en el mítico salón donde discursearon Azaña, Ortega o Marañón. También Eugenio D’Ors, que ya advertía de que en Madrid, a las siete de la tarde, o das una conferencia o te la dan. De Pedro J. no esperábamos exactamente una conferencia sino la concreción de un anuncio que en las redes sociales hace tiempo superó la vaga condición de rumor, alentado por el propio interesado: su próximo periódico. La música de Enya no podía ser más pertinente para acompañar el camino al escenario del periodista riojano, que evitó bajar al detalle pero afirmó con rotundidad su New Age: “El año 2015 será el más importante de mi carrera periodística”. Qué mejor modo de celebrar el año de Santa Teresa que con una fundación, ha debido de pensar Pedro J., que no es de Ávila sino de Logroño. Aunque un periódico arma más jaleo que un convento, también en su interior pugnan novicios con priores y se reciben llamadas intempestivas de la Santa Inquisición.

El orador se dirigió al atril con paso firme, y cuando lo soltó había pedido la enmienda de la Constitución, la regeneración orteguiana de España, la reprobación del bipartidismo corrupto, un pacto entre Albert Rivera y Pablo Iglesias, un retorno a la edad dorada del ateneísmo y el fin de la censura política y empresarial

Agatha Ruiz de la Prada lucía orgullo conyugal con una diadema más o menos indescriptible y un vestido verde con lacito rosa bordado. Cayetana Álvarez de Toledo estaba en primera fila más como excolumnista de El Mundo que como diputada del PP, me temo; a su lado, la exministra Ana Palacio. A Rajoy y a Felipe González les había surgido a última hora un asunto ineludible, al parecer. En serio: el acto tuvo todo él un divertido tono de conspiración ilustrada, que es el que correspondía al espacio y el que corresponde a unos tiempos en que la tecnología, la crisis y la mayoría absoluta confluyen para desaguar la tormenta perfecta sobre el periodismo libre. Pero Pedro J. dijo de la tecnología lo mismo que Homer Simpson de la cerveza: que es la causa y la solución de todos nuestros problemas. Del poder dijo cosas mucho peores.

“Si hay algún informador de Rajoy en la sala, anuncio que no tengo nada que ver con este señor”, bromeó Gistau para romper el hielo y a la vez asentar la condición non grata en Moncloa del autor del libro, a quien sus detractores tildan de paranoico, ignorando que en la España de Jorge Fernández y Rafael Catalá ser un paranoico no significa que no te persigan. Gistau encomió con una punta de nostalgia el ambiente como de “redada inminente” que él percibía cuando trabajaba para El Mundo, aunque por si acaso tranquilizó a los especuladores del mercado de la columna, caso de que aún exista un gremio así: “El año que viene yo seguiré en ABC. Pero nos vemos en alta mar”, le prometió al arponero.

Igual de brillante estuvo Jabois. Claro que si te preparas las intervenciones, así cualquiera. Es como escribir una novela con argumento. Nuestro hombre en Sanxenxo comparó pertinentemente a Pedro J. con el Corleone tercera parte, cuando creía verse fuera y otra vez le vuelven a meter dentro. Liderar una guerra mafiosa y ejercer el periodismo crítico: pasatiempos igualmente peligrosos para la integridad del temerario. Con ironía marca de la casa, Jabois atribuyó a Cebrián el mejor retrato de Pedro J, cuando el jefazo prisaico ponderó la “dubitante seguridad” de la voz de Pedro J; y es cierto: certeza y duda, afán de verdad y prudencia escéptica componen el bagaje intelectual más apropiado al periodista de raza.

Lleno total de leales pedrojotistas en el mítico salón. Agatha Ruiz de la Prada lucía orgullo conyugal con una diadema más o menos indescriptible y un vestido verde con lacito rosa bordado. Cayetana Álvarez de Toledo estaba en primera fila más como excolumnista de El Mundo que como diputada del PP, me temo; a su lado, la exministra Ana Palacio

En cuanto a Ussía, de anecdotario envidiable, el hombre a quien Pedro J. se pasa la vida intentando fichar, coincidió con Gistau en la superioridad como encajador de Zapatero respecto de Rajoy. Yo sospecho que no es un problema de encaje: sencillamente don Mariano dispensa al cuarto poder la misma consideración que al cuarto de la plancha. Anglófilo reconocido, el columnista de La Razón aseveró que a Pedro J. nunca le habrían echado del Times, y contabilizó cinco Pedro Jotas distintos: el niño de Logroño, el columnista, el historiador, el creador de medios… y el que se está preparando ahora. Pocos me parecen.

Concluido el protocolo del cariño, no por previsto menos sincero, el orador se dirigió al atril con paso firme, y cuando lo soltó había pedido la enmienda de la Constitución, la regeneración orteguiana de España, la reprobación del bipartidismo corrupto, un pacto entre Albert Rivera y Pablo Iglesias, un retorno a la edad dorada del ateneísmo y el fin de la censura política y empresarial, ejercida por ese poder oscuro que emana del Consejo de la Competitividad.  

Los aplausos del respetable y algún “¡bravo!” espontáneo pautaron un discurso medido, pronunciado con el énfasis dramático que sabe poner el orador veterano sobre los puntos calientes –ETA, 11-M, separatismo catalán, “las comadrejas de la vieja política”­– para enardecer a su entregado auditorio. En esos momentos parece que no habla un periodista de 62 años sino un frontman de la escena rock. “Después de las doce campanadas tendréis noticias mías”, concluyó. Mano en el pecho, el público en pie y un rosario de selfies.

Cerrado el contencioso con Unidad Editorial, fijada la empresa y apurando los plazos, el eterno director de periódico ajusta al máximo grado de tensión sus totémicos tirantes y esboza una sonrisa malévola. Pedro J. cabalga de nuevo.

La Feria de las Vanidades
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
9 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios