Cifuentes preside la conmemoración más patriótica y menos concurrida

El 4 de diciembre de 2015 ha sido, sin duda alguna, la más patriótica de las celebraciones en pro de la Carta Magna y a la vez la menos concurrida. En poder constituido y en personal

Foto: La presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, durante el acto de aniversario de la Constitución Española. (EFE)
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, durante el acto de aniversario de la Constitución Española. (EFE)

El anticiclón sigue instalado sobre Madrid. Como otrora la pertinaz sequía, que en el fondo viene a ser lo mismo.

Por vez primera en la historia de la celebración del Día de la Constitución, se recibieron las invitaciones suscritas al alimón (todo un dato) entre la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, y la delegada del Gobierno, Concepción Dancausa, dos mujeres peperas, rubicundas y ambiciosas. Dos mujeres que se llevan bien, aunque, al parecer, Cifuentes prefiere que la fotografíen cogida del brazo de la progre Carmenaque le dio calabazas en día tan señalado.

La Real (por ahora) Casa de Correos siempre ofrece algo que llevarse a la boca. El 4 de diciembre de 2015 ha sido, sin duda alguna, la más patriótica de las celebraciones en pro de la Carta Magna y a la vez la menos concurrida. En poder constituido y en personal, aunque el hecho de que dos mujeres tuvieran que besar a todos los invitados provocó un atasco de acongoje.

El Estado

Por el Estado se dejó caer el ministro de Educación, Cultura y Deportes, el siempre políticamente correcto Íñigo Méndez de Vigo; el presidente del Tribunal Constitucional, Francisco Pérez de los Cobos. Confesaba a este cronista su “enorme alegría” porque la sentencia sobre la declaración rupturista catalana se hubiera alcanzado por “unanimidad” del alto tribunal; la Fiscal General del Estado, Consuelo Madrigal. Y punto. Ni uno más ni uno menos. Apareció con toda su parafernalia el director general de la Guardia Civil, Arsenio Fernández de Mesa, al que se cuadraron generales de la Benemérita, coroneles, capitanes y hasta cabos. Mucho Ejército de Tierra y escasa Marina.

La exalcaldesa de Madrid, Esperanza Aguirre, durante el acto. (EFE)
La exalcaldesa de Madrid, Esperanza Aguirre, durante el acto. (EFE)

Sin embargo, el Madrid político sí estuvo presente. Desde casi todos los alcaldes de la Comunidad a representes de las instituciones. De ancestro a ancestro, citar al arzobispo Carlos Osoro; los portavoces municipales, comenzando por Esperanza Aguirre, que siempre arrastra una legión de cámaras; Begoña Villacís, cada vez más subidita; la socialista Purificación Causapié, que evidentemente no es Antonio Miguel Carmona, ausente y se notó; ya he dicho que Carmena ni estuvo ni se le esperaba contando sus muchos denarios que, dicen, será piedra de escándalo. Sí estaba José Cepeda, senador por Madrid y entusiasta de Pedro Sánchez, al que no le borran la sonrisa y el optimismo ni el mismísimo CIS.

Ángel Gabilondo, caballero de ancestro vasco, en su porte de intelectual; Ignacio Aguado, que se cree que es de verdad; López el de Podemos, al que se intentó hacer una cuestación para pagarle una corbata. Los consejeros de Cifuentes estaban encabezados por Ángel Garrido, que es el hombre fuerte y dice saber lo que se juegan dentro y fuera el 20-D.

La bandera

Cifuentes quiso que la bandera fuera el 'leiv motiv' esencial. Lo consiguió. Por vez primera en 37 años todos los invitados (menos López de Podemos y algún otro 'friki' al uso) lucían en sus solapas un pequeño lazo con la enseña nacional. “Es nuestro orgullo y nuestro fundamento”, diría la presidenta. Ya digo que la cola para acceder a la Real Casa resultaba insoportable.

El padre Ángel es siempre un personaje en estos paisajes. Lo mismo que el productor Cornejo o el otro productor Enrique Cerezo, pero pocos cineastas o artistillas del cuplé. Sólo María Reyes, ex miss Mundo, cantó “Mi Querida España” con el salero soriano característico que emocionó a la concurrencia.

El restaurador Lucio, silla al canto, hizo su presencia y preguntaba tantas cosas que no sé por dónde empezar. Percival Manglano, el concejal liberal por antonomasia, se personó con su niña en carrito y su bella esposa. Paloma O'Shea, tan discreta como elegante, llegó y se fue, que dinero obliga.

Homenaje a Francia

El único aplauso de la soleada mañana fue para el embajador francés en España, Yves Saint-Geours, presente en el patio y flanqueado por monseñor Osoro y algún que otro representante del Cuerpo Diplomático acreditado en Madrid. Cifuentes llegó a emocionarse al recordar los sucesos de París. El otro tímido aplauso fue para Mari Mar Blanco y Ángeles Pedraza como representantes de la Víctimas del Terrorismo.

Enrique Sánchez fue la única representación del Real Madrid. Juró por sus muertos que el club blanco sigue siendo lo que fue, pero a Florentino Pérez ni estaba ni se le esperaba, cuando siempre acude. Manuel Gasset, nieto del filósofo, rodeado de Miguel Ángel Aguilar, reconviene al cronista sobre la necesaria moderación y recordamos al unísono a don José Ortega, Miguel de Unamuno y Gregorio Marañón.

La presidenta Cifuentes habló en su discurso de un “tiempo nuevo”. Realmente en su convocatoria se pudo describir que, en efecto, se trata de un tiempo nuevo.

Esperanza Aguirre y Nacho González tenían más poder de convocatoria. Patriotismo, todo.  

La Feria de las Vanidades
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