Muerte súbita

Si los Presupuestos no se aprobaran, el fin de la actual legislatura sería, prácticamente, inevitable. A partir de entonces debería debatirse quién fue responsable de este fracaso

Foto: Aplausos en el Parlament tras la aprobación del referéndum independentista. (EFE)
Aplausos en el Parlament tras la aprobación del referéndum independentista. (EFE)

El debate de los Presupuestos del 2017 en el Parlament catalán se encona cada día que pasa. Se hubiera dicho hace unos días, que Junts pel Sí y la CUP estaban interesados en aprobar las cuentas anuales para garantizar que el 'procés' y el referéndum no se estancaran. Parecía que ese era el designio principal.

Algunas semanas después, la situación parece más abierta e incierta que nunca. Las crecientes exigencias de la CUP y la negativa del PDeCAT, hasta el día de hoy, de acceder a sus planteamientos, han enturbiado, notablemente, la perspectiva. Como es habitual, ERC posibilita, con un rictus de impaciencia, que ambos socios aparenten pelearse a fondo y adopta una actitud más bien distante en la brega cotidiana.

La CUP defiende la modificación de tres impuestos: IRPF, patrimonio y sucesiones —con un retroceso en las condiciones de dicho impuesto a niveles del 2010—. Un aumento de un punto o dos en el IRPF de las rentas de más de 60.000 y 90.0000 euros anuales, respectivamente, y la creación de ocho nuevos impuestos ambientales.

Todas estas exigencias son de difícil aceptación para el presidente Puigdemont y los suyos. Aún más. La aprobación parcial de subidas significativas en el ámbito del IRPF y las modificaciones sustanciales en el impuesto de sucesiones y de patrimonio supondría para el PDeCAT un trágala inaceptable. Sostienen que perderían algo más que los principios y sus posiciones programáticas tradicionales. Se pondría en duda la dignidad política como independentistas catalanes. Tienen razón.

La dinámica revolucionaria prima por encima de todo para la CUP y los pactos parlamentarios son una forma incómoda de contemporización política

El día 28 de enero la CUP discutirá en su 'consell polític', si aprueba o no, los Presupuestos. El resultado es imprevisible pero conviene recordar, como he hecho a menudo, que la lógica de los dirigentes 'cupaires' no es exactamente la misma que la de sus oponentes. Para la CUP, la dinámica revolucionaria prima por encima de todo y los pactos parlamentarios no dejan de ser una forma incómoda de contemporización política. Naturalmente, esta manera de proceder está en las antípodas del PDeCAT y ERC. Pero es precisamente esa lógica rupturista y antisistema la que hace posible cualquier desenlace en el 'consell polític' de la CUP. Unos y otros, parten de premisas distintas y aspiran a objetivos no siempre conciliables.

Si los Presupuestos no se aprueban, la legislatura cae por muerte súbita. Parece aceptado que ni Junts pel Sí ni la CUP tendrían argumentos suficientes para proseguir mucho más allá los trabajos parlamentarios y, al tiempo, seguir impulsando el 'procés'. De modo que habría que elucidar, ante una hipotética convocatoria electoral, qué parte de la responsabilidad política en la liquidación de la presente legislatura le correspondería a cada uno. Se trataría, por supuesto, de endilgársela al socio de hoy, adversario de mañana. Esta no es una cuestión baladí ni para los actores ni para los ciudadanos fatigados tras un largo y sinuoso recorrido.

Los dirigentes de la CUP Josep Garganté (i) y Anna Gabriel (d). (EFE)
Los dirigentes de la CUP Josep Garganté (i) y Anna Gabriel (d). (EFE)

En este contexto, ¿qué hacer con el referéndum? Pienso que es muy difícil que Puigdemont renuncie, sin más, a la consulta por mor de convocar elecciones anticipadas. No respetaría su promesa y eso tiene poco que ver con el estilo personal del presidente y con sus reiteradas declaraciones a favor del referéndum, sí o sí, hasta hoy mismo.

Apunto una hipótesis de trabajo. Aun careciendo de las leyes de desconexión, al no poder ser aprobadas por el Parlament, las tres fuerzas políticas aliadas — PDeCAT, ERC y la CUP— decidirán jugarse el todo por el todo, y convocar la consulta. Sin duda, ni acordada ni legal. Lo harán, independientemente, de la posterior celebración de las elecciones y, quizás, estas serían el lenitivo aceptado por todos frente a un hipotético fracaso de la convocatoria del referéndum.

Ante unas hipotéticas elecciones, habría que dilucidar qué responsabilidad política en la liquidación de la legislatura tiene cada uno

Obviamente, vivimos en un escenario muy complejo. Los intereses de los actores, si bien coinciden en la aspiración nacional, divergen en cómo esta afecta a los cálculos de cada partido. Y aunque no lo parezca, el patriotismo más noble suele guardar relación con las expectativas electorales de cada uno.

En este sentido, si los Presupuestos no se aprobaran, la muerte súbita de la legislatura sería, prácticamente, inevitable. Se trataría de mantener viva la promesa del referéndum. ¿Cómo? Esa es la principal pregunta que, a mi juicio, se están planteando hoy los estrategas independentistas. Soy de la opinión de que debería ser la ciudadanía quien contestara —siendo convocada a las urnas— a esta cuestión tan relevante y aclarara, de una vez por todas, cuál es el rumbo por el que debe transitar Cataluña.

Libertad de elegir
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