En el abismo

Si la ideología prende su fuego devastador entre los ciudadanos, al margen de las consecuencias que de las dinámicas extremas se derivan, el país no cae en el abismo. Está ya en el fondo

Foto: Una 'estelada' en un balcón de Barcelona. (Reuters)
Una 'estelada' en un balcón de Barcelona. (Reuters)

Meses advirtiendo que la política del independentismo catalán nos abocaba al abismo y que sería extraordinariamente difícil evitar caer en él. Se habían puesto las condiciones durante muchos meses para que retroceder ante el peligro definitivo fuera menos que imposible. Nos encontramos justo ahí. Con toda seguridad, el Consejo de Ministros se reunirá hoy sábado. Anunciará el 155 y ello conllevará la reacción de la mayoría parlamentaria soberanista, consistente en declarar de manera formal y solemne la independencia de Cataluña. Este es hoy el guion consensuado por el soberanismo catalán. Quiero apuntar aquí que nunca antes se proclamó. Ni en el 31, ni en el 34, ni hace dos semanas. Las consecuencias que de esta incontenible acción-reacción se derivarán son fáciles de prever. El clima asfixiante que vive la política catalana, la durísima tensión que ha fracturado nuestra convivencia, el empobrecimiento galopante de nuestra economía y los eventuales brotes de violencia conforman un panorama desolador.

No comento jamás las decisiones judiciales. No es tarea de políticos democráticos. La auténtica separación de poderes que preconizamos los liberales me obliga a ello. Puedo hacer, no obstante, una valoración de sus consecuencias. La prisión incondicional de Sánchez y Cuixart ha llevado las contradicciones entre unos y otros al paroxismo. Pero, adicionalmente, ha tenido otro efecto devastador.

La ANC y Òmnium, entidades independentistas que llevan a la vanguardia del 'procés' muchos años, han dictaminado que toda acción política que se aleje de la proclamación inmediata de la independencia y su incondicional defensa debe ser considerada como traición. La lógica interna de ambas organizaciones se impone, inmisericorde, a los partidos políticos catalanes. ¿Quiero decir con ello que ERC, PDeCAT y la CUP son partidarios de elecciones anticipadas? No exactamente. Pero sospecho que sin la presión de aquellos, Junts pel Sí hubiera podido apoyar al 'president' Puigdemont para que convocara los comicios. Es cierto que la CUP no quiere oír hablar de elecciones, es posible que incluso ni se presente. Les asisten razones políticas e intereses personales. Pero Junts pel Sí podría considerar la celebración de las mismas como una salida honorable para hacer frente a una situación caótica. Pienso que el argumento de fondo es impecable, ¿quieren ustedes conocer la opinión del pueblo de Cataluña? Pues escúchenle. Veamos qué dice.

Concentración en la plaza de Sant Jaume por la decisión judicial de mandar a prisión a los dirigentes de la ANC y de Òmnium Cultural. (EFE)
Concentración en la plaza de Sant Jaume por la decisión judicial de mandar a prisión a los dirigentes de la ANC y de Òmnium Cultural. (EFE)

A pesar de que tenemos la certeza de que el presidente Rajoy ha sugerido que con elecciones no hay 155, el temor, el pavor a la opinión pública y publicada de los independentistas más radicales han hecho hasta hoy imposible esta alternativa. Es verdad que ERC ganaría estas elecciones. Es cierto que es difícil reeditar la coalición Junts pel Sí y hay que admitir que el resultado electoral del PDeCAT será dramático. No obstante, la contienda electoral sería una vía para sacar al país de una grave situación caracterizada por la aporía que padece Cataluña. Como es habitual en los republicanos, su taxativa negativa a aceptar esta hipótesis es más una coartada ante sus votantes que una decisión fundamentada. ANC y Òmnium han decidido considerar como alta traición toda tentativa que conduzca a cualquier armisticio y los Consells Nacionals de ERC y del PDeCAT se pliegan, sumisos, una vez más, a las exigencias de la vanguardia radicalizada. El método de la CUP es hoy rescatado por las entidades soberanistas que aducen que ningún diálogo con el Gobierno español es posible con sus presidentes en la cárcel. He aquí el meollo de la cuestión.

¿No habíamos quedado que era la mayoría independentista en el Parlament la que dirigía el 'procés' en Cataluña? Hace tiempo que sostengo que en los partidos, los moderados son rehenes de los radicales y que Junts pel Sí está prisionera de la lógica suicida que los anticapitalistas y adláteres imponen. Para la CUP, la independencia es una mera táctica y la auténtica estrategia reside en acabar con el sistema. Entiendo que este puede ser su designio final pero seguro que entienden que se les debe combatir políticamente con denuedo.

Me parece hoy imposible que se produzcan cambios sustanciales. Parece estar escrito: 155 y proclamación de la República

¿Caben todas las ideas en nuestro ordenamiento jurídico? Sí, pero los demócratas, liberales, conservadores y socialistas tenemos la obligación de defender el sistema político que ha aportado a España y a Cataluña nuestro más largo periodo de prosperidad, convivencia y paz. Más aún, los catalanistas tenemos la obligación de defender las instituciones de autogobierno que tanto nos ha costado recuperar, preservar y engrandecer. Si la ideología prende su fuego devastador entre los ciudadanos catalanes, al margen de las consecuencias que de las dinámicas extremas se derivan, el país no cae en el abismo... está ya en el fondo del mismo.

¿Qué hacer? Los acontecimientos obedecerán a la lógica arriba descrita. Me parece hoy imposible que se produzcan cambios sustanciales en el decurso de los próximos días. Parece estar escrito: 155 y proclamación de la República –una República Popular, por cierto–. Hablaremos próximamente de como habrá que reconstruir las relaciones políticas, la capacidad de diálogo, la voluntad de entendimiento y el deseo de negociación. No hay otro camino. No hay atajos. Solo el diálogo y el acuerdo pagan.

Ahora bien, queda una única esperanza por la que los demócratas seguiremos peleando: sea cual sea el contexto de la próxima semana, pase lo que pase, Puigdemont conserva aún una prerrogativa exclusiva: convocar elecciones en Cataluña. Debería impedir que se le arrebate esta capacidad trascendente y al mismo tiempo ser capaz de vencer toda la inercia de enfrentamiento, negación, resentimiento y odio para cumplir con su obligación final de celebrar elecciones y conseguir así que la aplicación del 155 no sea un hecho irreversible que, en mayor o menor medida, todos los catalanes lamentaremos. Les aseguro que la mayoría de mis conciudadanos respirará aliviada. Esta vez, dejaremos en suspenso la sentencia del viejo Dante: 'Lasciate ogni speranza'.

Libertad de elegir
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