Atrapados en el laberinto

La ciudadanía asiste resignada ante tanto despropósito de todo signo y condición, oscilando entre la desesperanza y la irritación

Foto: Laberinto de Villa Pisani (cerca de Venecia). (Flickr/Guido Andolfato)
Laberinto de Villa Pisani (cerca de Venecia). (Flickr/Guido Andolfato)

Se suceden los días en la política catalana con una regularidad y una monotonía dignas de mejor causa. Se consumen las jornadas con idas y venidas a Bruselas, comparecencias y debates, acuerdos y desacuerdos entre independentistas, sin que pueda apreciarse progreso alguno. La ciudadanía asiste resignada ante tanto despropósito de todo signo y condición, oscilando entre la desesperanza y la irritación. De hecho, la investidura se aplaza, el gobierno no se conforma, y la política es como una curiosa representación bufa sin logros concretos. Mucho debate político y escasa repercusión en la vida de los ciudadanos. Un auténtico laberinto. La puerta de entrada al mismo es la mera supervivencia personal e institucional de Puigdemont y sus colegas, envueltos con la bandera del legitimismo republicano. La salida del laberinto, un posible gobierno efectivo con variantes diversas, pero que fortaleciendo las instituciones catalanas se ponga a trabajar, y dedique sus mejores esfuerzos a gobernar Cataluña.

JxCAT, ERC, PDeCAT y la CUP asisten insomnes al galimatías en el que el 'procés' ha entrado. El resto de actores observa, aburrido e inoperante, el espectáculo desde fuera. Estos son incapaces de adoptar medida alguna que permita salir de la grave situación actual. Sin falsas polémicas, el reglamento del Parlament de Cataluña no les proporciona mayor margen de maniobra: no se trata de que Arrimadas quiera o no; sencillamente, no puede. El presidente del Parlament ha propuesto a Puigdemont para ser investido, y hasta despejar esta variable, no se podrá presentar otro candidato.

Puigdemont tiene un plan y asegura que lo pactará con ERC y la CUP. Una "restitución" presidencial a distancia que requiere una reforma de la Ley de la Presidencia. Un Consell de la República estructurado en torno a una asamblea constituyente de cargos electos y, finalmente, un presidente por delegación votado por el Parlament. Un plan arriesgado que es una exótica combinación de ingeniería política y despropósito legal. La CUP asiente, los republicanos discrepan. Chocan las estrategias de unos y otros. Pero las tres formaciones políticas tienen que resolver la cuestión de fondo, a saber, cómo se pasa página del insólito legitimismo republicano de todos los independentistas.

Dicen querer superar el 155 y recuperar las instituciones de autogobierno, pero si estas son las que emanan de la efímera república popular, no hay caso. A Puigdemont le conviene ignorar la realidad. Los anticapitalistas detestan verse limitados por las exigencias de la misma, y ERC se debate, presa de insalvables contradicciones entre su sueño de libertad nacional y la prosaica cotidianeidad del 155. Unos y otros tienen dirigentes encarcelados y exiliados —o huidos—.

Puigdemont tiene un plan y asegura que lo pactará con ERC y la CUP. Una "restitución" presidencial a distancia que requiere una reforma de la ley

Las organizaciones de base del separatismo catalán Òmniun y ANC, también con sus líderes en prisión, rechazan cualquier tentativa de reordenación de las prioridades nacionalistas, y ponen en el centro de su agitada actividad política la independencia, la república y la libertad de sus presos. La CUP es todo esto y, adicionalmente, disimula el secreto propósito de su revolución proletaria. Los CDR (Comités de Defensa de la República) son el instrumento artificiosamente diseñado para intentar la toma de la calle tantas veces cuanto sea necesario. No nos hagamos ilusiones. Este es el crudo escenario.

Un partidario de la independencia sujeta una estelada durante una manifestación en Barcelona. (Reuters)
Un partidario de la independencia sujeta una estelada durante una manifestación en Barcelona. (Reuters)

Combato con convicción la idea que algunos simples y felices propagan: el 'procés' ha tocado a su fin. Dense una vuelta por Cataluña y comprobarán que tal aseveración no pasa de un deseo piadoso. El independentismo esta fatigado, corroído por la incertidumbre, preso de dudas y con la moral un tanto decaída, pero sus votantes siguen en su gran mayoría firmes. Observo más determinación política entre las bases que en sus dirigentes. Lo he explicado más de una vez, esta es la cuestión esencial. Se libra en Cataluña una dura y larga batalla de fondo. No recordaré ni los objetivos, ni los métodos, ni los errores, ni señalaré una vez más quién tiene la razón y quién no. Saben ustedes cómo pienso. La voz de alarma ha se ser otra. El independentismo no se rendirá. Dará mil vueltas en el laberinto. Encontrará, o no, la salida. Emprenderá, o no, un nuevo viaje. Pero siempre caminará en la misma dirección. Cuando se ha soñado con Ítaca y se ha creído, falsamente, tocarla con la punta de los dedos, volver a la realidad es un ejercicio profundamente decepcionante.

Cuando se ha soñado con Ítaca y se ha creído, falsamente, tocarla con la punta de los dedos, volver a la realidad es un ejercicio decepcionante

Los medios públicos de comunicación en Cataluña recuerdan machaconamente que el viaje no ha hecho más que empezar, y que todas las posibilidades están abiertas, encima de la mesa. Parecerá increíble, pero así es, programa a programa, noticiario a noticiario, documental a documental. El Gobierno español cree que con la aplicación del 155 la situación tendrá finalmente un desenlace positivo. Lo dudo, pero, en cualquier caso, Rajoy tiene por delante una ingente tarea de inmensa complejidad y debe insistir ante el conjunto de ciudadanos, españoles y catalanes, que solo en el marco de la legalidad Cataluña progresará. Hay que insistir cien y mil veces. No hay atajo para sortear el laberinto. Las elecciones a corto plazo no son una alternativa. Tampoco un hipotético Gobierno de técnicos de bajo perfil, como algunos en voz baja proponen, ayudaría a mejorar las cosas. Y con prudencia, creo que puedo decir que en Euskadi se siguen los acontecimientos catalanes con muchísima atención. Un pequeño gesto de apoyo hoy y otro mañana. No es este un asunto menor.

Que no se me malinterprete, lo primero es la Constitución y la Ley, lo segundo es la política y lo tercero vuelve a ser la política. Si no somos capaces de poner en el centro de nuestra acción la política en el puesto de mando, las condiciones no solo habrán empeorado, se acabarán pudriendo. Toda la ciudadanía ha de advertir la gravedad de la hora presente. Cataluña no puede dar ni un solo paso más en el camino hacia su declive, ya muy pronunciado hoy, y debemos conjurarnos para que nuevas mayorías parlamentarias trabajen sin denuedo por un país próspero y pleno capaz de convivir en el marco del estado español con sus pueblos hermanos, y hacerlo para satisfacción de todos.

Libertad de elegir
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
5 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios